Juego de espejos

El futuro del PRD

La elección de 2015 será diferente. Lo más significativo será la nueva institucionalidad en la materia, incluyendo sus reglas y la concurrencia de comicios locales, nueve de gobernador. El partido referido promovió reglas sin perspectiva estratégica o si la tuvieron fue contraproducente.

El PRD requerirá mucho más que mayores cuotas de pragmatismo para transitar con éxito al futuro. En la elección de 2015 encarará una aduana importante; el desafío no solo son los votos, sino prevalecer con claridad respecto a Morena y mantener una posición política e ideológica creíble y diferenciada. No será fácil, de siempre, con la excepción de 1997, cuando AMLO era dirigente nacional, la elección intermedia ha sido un profundo fracaso. La votación alcanzada en la presidencial se desploma en la intermedia.

La elección de 2015 será diferente. Lo más significativo será la nueva institucionalidad en la materia, incluyendo sus reglas y la concurrencia de comicios locales, nueve de gobernador. El PRD promovió reglas sin perspectiva estratégica o si la tuvieron fue contraproducente. Uno de los errores más graves fue prestarse a la embestida del PAN contra los partidos pequeños. El PAN o el PRI pueden ganar la Presidencia por sí mismos, no la izquierda. Minar a los partidos pequeños es complicar el camino para ganar el poder nacional.

La reforma de 2007 acertó en establecer reglas que acotaran el abuso de los partidos para darle la vuelta a los votos como fundamento para mantener registro; en las reglas anteriores lo fundamental era el convenio, no los sufragios emitidos, mediante aquél los partidos asociados aseguraban registro. El problema mayor fue elevar a 3% el umbral para mantener registro. Movimiento Ciudadano, el PT y Morena enfrentan, por sí mismos, la necesidad de obtener un buen pedazo del pastel de los votantes potenciales de izquierdas, poco menos de un tercio de los votantes. Es decir, en el mejor de los casos el PRD solo obtendría 20% de los votos y si Morena alcanza 6% u 8% estos sufragios serán a costa del PRD, el que podría terminar con 15%, su votación histórica más baja y sin un líder o prospecto de candidato presidencial que no sea López Obrador.

La dirigencia actual del PRD embonó bien con el perfil negociador del gobierno de Enrique Peña Nieto. Las reformas se han liberado a partir de concesiones significativas a la oposición. El gobierno tuvo que ceder en una reforma fiscal de gran calado por exigencia del PRD. Sin embargo, el PAN de Madero es el que más ha ganado y por mucho. Las reglas electorales y la integración del INE son a la medida del PAN y la reforma energética también. Los alcances y limitaciones de la recién aprobada reforma en telecomunicaciones reproducen la actitud condescendiente del PAN con las grandes empresas televisivas y distancia con el grupo de Carlos Slim.

En las negociaciones PRD y PRI han perdido, el PAN ha ganado, y mucho. La cuestión es que el PRI tiene margen de recuperación y fortaleza por el amplio territorio que gobierna y fuerza desconcentrada, aun cuando la reforma político electoral buscó minarlo en estados y municipios, así como obstruir la presencia de los partidos pequeños en la vida política local, asunto claramente funcional al PRI y sus gobiernos locales.

Las dificultades del PRD para 2015 no necesariamente significan fracaso. Es muy probable que gane Guerrero, pero deberá amarrarle las manos a Ángel Aguirre, quien en realidad nadie sabe para quién trabaja que no sea para él mismo y sus intereses. El senador Armando Ríos Piter se anticipa como la mejor opción. En Michoacán pretende que el PAN haga alianza para llevar al poder a Silvano Aureoles, Madero simpatiza con la idea, pero es imposible que se la dejen pasar, sobre todo, porque en cuestión de partidos el PAN es el más competitivo, resultado del ingrato saldo de PRD y PRI en el gobierno local. En materia de gobiernos estatales es todo lo que hay; lo demás será una disputa entre PRI y PAN.

El PRD quiere, necesita y puede hacer alianza con el PAN. Pero política y programáticamente es comprometedor servir a la derecha para que ésta gane o mantenga el poder y gobierne a modo. El PAN en el centro es más liberal y progresista que el de los estados. La agenda social claramente lo demuestra. Allí está el ejemplo de Baja California. El PAN buscará con agrado que el PRD le sirva en Nuevo León, San Luis Potosí, Querétaro, Campeche, Colima y Sonora. La cuestión, invariable, será Andrés Manuel López Obrador y su autoridad política frente a la membresía formal e informal del PRD. El acuerdo con el poder y la alianza con el PAN abre fuerza y camino a Andrés Manuel en su bien calculada pretensión de ganar la Presidencia en 2018.

El mapa de guerra al interior de la izquierda explica la actitud de la dirigencia del PRD frente a las reformas. Por ejemplo, en telecomunicaciones logró significativas concesiones en la negociación de la iniciativa presidencial, pero por supervivencia la dirigencia obligó a los senadores a votar unitariamente contra el proyecto, como antes llevaron al sacrificio a la diputada Carpinteyro. Algo semejante ocurre con el rechazo a la reforma en materia de energía. Lo único auténtico que le queda al PRD es Cuauhtémoc Cárdenas, de allí que muchos lo vean como la opción en la renovación de dirigencia. Miguel Ángel Mancera no prendió; su distancia formal del partido se le volvió en contra. Gobierna con vacilación y medianía y, por lo mismo, ni a propios o extraños entusiasma. A Marcelo Ebrard lo hundió su desmedida ambición y el fracaso de la Línea 12 del Metro. De antemano se advierte que el futuro del PRD será AMLO.

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