Juego de espejos

Se acaba el tiempo

De alguna forma, a todos se les acaba el tiempo. El ultimátum del secretario Osorio Chong aplica a todos, no solo al magisterio disidente y acompañantes; el llamado es válido y pertinente para todo el país, más allá de Chiapas, Oaxaca y los territorios afectados por el activismo magisterial. El tiempo se acaba para la sociedad y también para el gobierno. Para esta legislatura, para los partidos, para los pretensos candidatos y para las autoridades que ven declinar el ciclo formal y no formal.

Era necesario que el secretario de Gobernación demandara a sus interlocutores la suspensión de toda acción ilegal que afecte a la población. Los acontecimientos trágicos de Asunción Nochixtlán cambiaron las coordenadas en el manejo del conflicto magisterial. La apertura del diálogo era lo más sensato dadas las circunstancias; también, dadas las circunstancias, el mensaje del secretario era imprescindible, los líderes magisteriales y sus asociados aprovecharon la situación con acciones ilegales bajo la tesis de que las autoridades no podrán hacer uso de la fuerza pública. La CNTE y sus voceros oficiosos dicen que el aviso es el anuncio de la represión y en cierto sentido así deberá ser, las autoridades deberán garantizar el libre tránsito, es su obligación, es su responsabilidad. Hay duda que quienes exigen orden se mantengan en su postura. La opinión pública es veleidosa en extremo y la fuerza pública no siempre está a la altura del reto.

Se acaba el tiempo para el presidente Peña Nieto. Próximo será el cuarto Informe, momento de inflexión, inicio del descenso de la gestión gubernamental. Por la magnitud del reto deberán hacerse ajustes mayores y se especula que será el Informe presidencial su momento. Nadie podrá regatearle a Peña Nieto y equipo la destreza que llevó al país a hacer realidad grandes reformas. Pero el desencuentro con la sociedad está presente. El entorno político, económico, social e internacional lo vuelve sumamente complicado. No hay precedente de la circunstancia que ahora se vive. No debe excluirse el arribo de Donald Trump a la presidencia de EU, más ahora cuando la señora Clinton enfrenta un caso judicial.

El PRI debe verse en el centro de la crisis y ahora sí, por supervivencia obligado a cambiar. Está en su peor momento; ni siquiera la debacle a la que lo llevó Roberto Madrazo es comparable. Ahora no solo está presente el abrumador rechazo público, sino algo más concreto y letal: la pérdida de territorio. El PRI no fue un partido de doctrina, ni mediático, su base fue su estructura corporativa y territorial, su capacidad para gobernar y ajustarse al cambio. La disciplina y el orden verticales fueron virtud, por ello nunca prendió la democracia interna, a la que ahora deberá recurrir para legitimar candidaturas y ganar credibilidad, pero que genera horror porque en el imaginario de los priistas es causa dederrota, mejor que decida el jefe. Difícil contradicción: democracia para sobrevivir y una tradición que la repudia.

Al PRD y al PAN también se les acaba el tiempo. La diferencia es que la crisis del primero es extrema; el PAN deberá someter a sus muchos gobernadores a un sentido de moderación y de contraste con sus antecesores para que en el 2018 no se vuelvan motivo y causa de rechazo. El PAN requiere de mayor cuidado; ejemplo, Ricardo Anaya no debió participar de la aventura provocadora de Miguel Ángel Yunes de días pasados. Tiene tareas sumamente importantes hacia delante para abonar a la causa de un político cuestionado por su origen, fortuna y trayectoria.

El Congreso deberá concluir la agenda legislativa pendiente. Fue un error de forma y fondo la 3de3. Es bueno someter a la transparencia a los proveedores del gobierno, pero no se hizo bien y, sobre todo, se excluyó a los funcionarios públicos de la exigencia de transparentar su patrimonio, situación fiscal y relaciones comerciales, profesionales o económicas. Lo más importante está en las reformas que den base al nuevo modelo policial. Los tropiezos mayores de las dos últimas décadas en materia de legalidad y seguridad se asocian a la incapacidad institucional de hacer frente a los criminales.

Los ajustes en el gobierno no solo serán indicativos del sentido que tiene el Presidente de las dificultades presentes y de su respuesta, también abrirán paso al proceso sucesorio dentro y fuera del PRI. Queda claro que López Obrador estará en la boleta. El PAN deberá resolver si es Ricardo Anaya o Margarita Zavala la opción. El PRD se puede ir con AMLO, quien lo desprecia; con Miguel Ángel Mancera, para construir una alternativa de izquierda con perspectiva más allá de las elecciones de 2018, o con el PAN, con la pretensión de acceder, de alguna forma, al gobierno nacional y ver derrotado a su enemigo jurado. A todos se les acaba el tiempo.

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