Juego de espejos

Tacos de Cordero

El PAN está inmerso en una crisis profunda, la que ha extendido al proceso legislativo. La enfermedad es más grave en el Senado de Ernesto, pero la descomposición también está en los diputados de Gustavo.

Gustavo Madero convalece. No es por indigestión de tacos de cordero que ladra, sino por una intervención quirúrgica en medio de una campaña crucial para él. El otro Cordero también ladra, y fuerte. Hizo del posdebate causa y lo ganó con claridad y contundencia. Pero no se sabe quiénes y cuántos van a votar, por eso los debates, las encuestas y las entrevistas públicas son irrelevantes. El PAN está inmerso en una crisis profunda, la que ha extendido al proceso legislativo. La enfermedad es más grave en el Senado de Cordero, pero la descomposición también está en los diputados de Madero.

Impericia o malicia, no importa. La organización del debate fue portento de incompetencia. Cordero día a día gana lo que López Obrador hubiera querido: asegurar la ilegitimidad o al menos el cuestionamiento del resultado, si es el caso de serle adverso. Madero le hizo caso a Javier Corral y trasladó la decisión sobre la elección de dirigencia a la base militante. Aunque se arropa en el argumento democrático es un error. Además, el sistema de elección previo, sin estar ayuno de problemas era consecuente con el objetivo fundamental: que la dirigencia sea expresión de los factores de poder al interior del partido. Lo que debe ser democrático es la elección de candidatos y para eso están las nuevas facultades del INE. El PAN debiera ser el primer partido en transitar esa ruta, pero el PRD de Zambrano se les adelantó.

A los partidos se les dificulta verse como lo que son, un problema para la democracia mexicana. Tienen virtual monopolio para acceder a la representación, aún con las candidaturas independientes, cuentan con recursos cuantiosos y privilegios sin proporción. Aún así, su democracia interna es un desastre. Los partidos cada vez se alejan más de los ciudadanos; se quieren servir de sus votos, pero no de sus razones ni de su fuerza. Por eso la democracia interna no existe en los partidos. El PAN era, de todos, el que más posibilidades tenía de vinculación con la sociedad civil. Su tránsito al poder lo corrompió y en su actuar lo volvió más próximo a lo que siempre criticó: el PRI.

Espectáculo, el que protagonizan el convaleciente y el maldiciente. Dos calvos en riña por un peine, diría JL Borges. En su afán de ganar poder no advierten el daño a su propia causa y a la de sus afines correligionarios. El López Obrador del PAN vs. el Madrazo del PAN. Odio e intransigencia de Cordero se encuentran con el cinismo y socarronería de Madero. Se convalida la visión de Josefina Vázquez Mota de no participar en un concurso que solo exhibe miserias. Dos Javieres, legisladores panistas de particular inteligencia y malicia, pero de dudosa factura, vocación y destino partidario protagonizan la lucha: Corral y Lozano.

Aún así, los tiempos por venir no son del todo desastrosos para el PAN. No será lo que resulte de la dirigencia nacional la vía del éxito, sino lo que de origen ha dado fuerza y sentido al partido: la lucha en los municipios y estados. Los adversarios del PAN, incluso el que está en el poder, no están para presumirle. El PRD requiere del PAN en muchas plazas para contener la amenaza que le representa Morena. El PRI fuerte en algunos sitios y muy débil, desprestigiado y desgastado en otros como Michoacán. La lucha de 2015 será de territorio, pero en comicios locales también será de principios y destino. Lo determinante no serán los partidos, sino la biografía y trayectoria de los contendientes para cargos ejecutivos. Para el PAN el reto es revertir aquello de que los mejores se han distanciado y los peores se han posicionado, como sucede en Nuevo León con Fernando Elizondo y Margarita Arellanes.

El buen destino del PAN ha sido el bien administrar pragmatismo con convicción. Proyecto y visión con eficacia en la coyuntura, táctica y estrategia. Por ello la disputa futura por los votos será distinta, su cúpula tuvo a bien adelantar una reforma electoral a modo, frente a las necesidades casi obsesivas de su contraparte de hacer realidad cambios y reformas en otros menesteres. De paso también ganó impunidad en su pasado en el poder y logros difíciles de entender como es que el dueño de Oceanografía y responsable del mayor fraude conocido esté detenido en su palacio del Acapulco de los privilegios.

El fiasco del debate abrió el juego para obligar a nuevos encuentros entre los contendientes en la arena de los medios. Terreno resbaladizo que bien puede llevar al desprestigio del partido y de los propios contendientes frente al público expectante y, en buena parte, irrelevante para los votantes en una lucha del poder como fin en sí mismo, disputa complaciente a un pasado en el apremio de revisión.

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