Juego de espejos

Sentencias sumarias

LA AUTOCRÍTICA ES inexistente en el diccionario mexicano. En el mejor de los casos se da en la intimidad. La concesión pública de error es vista como un acto vergonzoso y se asocia a la debilidad y así lo es por la incapacidad compartida de entender lo que es obvio: unos y otros, empoderados o críticos, somos falibles

La fortaleza de una nación se asocia a la capacidad social de escrutinio del poder. Los medios de comunicación son factor esencial en toda sociedad libre y abierta. La cuestión es que también están insertos en la estructura de poder, incluso los que tienen una postura sistemáticamente crítica. Es igual que los partidos, el sistema lo representan todos, en gobierno o en la oposición. Los medios son negocio, la generación de utilidades o al menos de supervivencia es una condición inescapable de existencia. Quienes allí colaboramos, particularmente con amplios márgenes de libertad, inevitablemente reproducimos visiones, implícita o explícitamente intereses y una visión subjetiva de la realidad, más allá de las pretensiones de objetividad o de honestidad editorial.

La autocrítica es inexistente en el diccionario mexicano. En el mejor de los casos se da en la intimidad. La concesión pública de error es vista como un acto vergonzoso y se asocia a la debilidad y así lo es por la incapacidad compartida de entender lo que es obvio: unos y otros, empoderados o críticos, somos falibles.

Todo esto es relevante por los acontecimientos recientes en el centro de la opinión pública: por igual casos como los de Kate del Castillo, la diputada local Lucero Guadalupe Sánchez o el ex dirigente del PRI, Humberto Moreira. La manera como los medios tratan el tema impacta la percepción colectiva de la realidad, los asuntos de justicia y la responsabilidad legal de personas públicas.

Los medios en la vasta diversidad que integran están expuestos al fuego cruzado de los intereses y de la función de cubrir noticiosa o editorialmente los temas de mayor interés. Así, por ejemplo, está la influencia del poder gubernamental con la información privilegiada y discrecionalmente secreta de indagatorias y expedientes. También la del poder político partidario que busca en cada evento avanzar en sus intereses o cuidar lo que es propio.

Por ejemplo, prominentes panistas, desde Margarita Zavala o sus senadores tuvieron un posicionamiento público buscando capitalizar la detención del ex dirigente del PRI a su arribo a España. No solo anticiparon sentencia condenatoria al personaje, sino se avergonzaron del país y sus instituciones de justicia porque es España quien se hace cargo de que funcionarios corruptos sean sometidos a proceso penal. Al menos del PRI hubo prudencia y pidió no anticipar juicios.

Es natural, predecible y explicable que los partidos busquen ganar espacio frente a los eventos de impacto y que se extremen posturas al margen de la prudencia obligada. Aquí y en cualquier otro lugar con facilidad se disparan adjetivos y sentencias como parte de un juego, por cierto aplaudido por una sociedad hastiada por el desencanto y fascinada con la práctica de la ejecución sumaria mediática. Vienen 12 elecciones de gobernador, el próximo año las habrá en Coahuila y en el que sigue, elección presidencial. Así es el juego y así será, pero el tema que importa es el de los medios, no la conducta mediática de los actores políticos.

Así, con decididos y activos opositores del PRI, los medios en su labor informativa y editorial de manera generalizada sentencian a Humberto Moreira. Singulares y muy encomiables excepciones tuvieron razonada prudencia; un ejemplo, Ciro Gómez Leyva y su espléndido equipo en Radio Fórmula. A cinco días el sentenciado en los medios como culpable, sin fianza se le permite desahogar en libertad la investigación en su contra. Ese mismo día algún medio nacional muy importante, en primera plana llegó al exceso de señalar que las autoridades hispanas le investigaban por sus vínculos con Los Zetas, sin aportar fuente o mayores elementos. ¿Qué sucedería si la justicia española lo libera en definitiva? Habría una indigestión colectiva por el tragadero de palabras, aunque, ciertamente, no habría disculpa alguna.

Algo semejante ocurre con Kate del Castillo. La información ilegalmente liberada en los medios sobre los diálogos escritos de la actriz con Joaquín Guzmán o su abogado son un bocado noticioso que ha dado vuelta al mundo. El tribunal mediático se ha engolosinado con una historia de morbo y legítimo interés. No se ha conocido siquiera la versión de la señalada. Las autoridades están en lo suyo, realizar las indagatorias, pero muchos ya han disparado sentencia condenatoria.

Un caso más crítico es el de la diputada local de Sinaloa. La información que aportan las autoridades también llevan a la condena sumaria sin que el juicio formal inicie. ¿en todo caso qué relevancia tiene su pertenencia partidaria? Sí y mucha su carácter de legisladora, pero lo primero desplaza a lo segundo, como si su conducta fuera acción de partido.

Los medios y quienes tenemos el privilegio de participar a través de ellos en la opinión publicada no podemos ser usufructuarios de la impunidad que de muchas formas se padece. Un mejor país demanda un mejor y más eficaz escrutinio al poder.


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