Juego de espejos

Recomponer Michoacán

La elección de 2011 fue menos que satisfactoria. El problema no fue la diferencia estrecha entre Fausto y Luisa María Calderón, sino la elevada votación inusual por el candidato ganador en los territorios bajo el dominio del grupo criminal Los caballeros templarios.

Recomponer Michoacán a todos convoca. La salida del gobernador Fausto Vallejo y la designación del ex rector Salvador Jara Guerrero es un buen paso. Es significativo el voto de 38 legisladores a favor y ninguno en contra; es un buen mensaje. Indica el apoyo de todos los partidos al nuevo mandatario y de esta forma Michoacán ingresa a la reconciliación.

La elección de 2011 fue menos que satisfactoria. El problema no fue la diferencia estrecha entre Fausto Vallejo y Luisa María Calderón, sino la elevada votación inusual por el candidato ganador en los territorios bajo el dominio del grupo criminal Los caballeros templarios. Tampoco el problema fue la salud del gobernador, sino la penetración en su gobierno por parte del mismo grupo criminal. Fausto Vallejo por elemental responsabilidad debió renunciar al momento en que su segundo de abordo fue sometido a proceso penal por vínculos con el crimen organizado. Recientemente en medios se ha conocido lo que en su momento había señalado la senadora Luisa María Calderón sobre la relación del hijo del gobernador con el crimen organizado.

La situación en Michoacán ha sido grave en extremo. El ex presidente Felipe Calderón no tuvo la facilidad que sí tiene el gobierno actual porque tuvo que lidiar con gobernadores de partido distinto. La situación en el estado se volvió inmanejable. El actual gobierno federal tuvo que proceder con medidas extraordinarias para hacer frente a la crisis y la ausencia de autoridad. El surgimiento de las autodefensas fue una de las expresiones de dicha crisis y de las condiciones de indefensión de la población civil por la ausencia de autoridad o, más bien, por la colusión de los gobernantes con los criminales.

La designación de un comisionado especial para el estado fue necesario para llenar el vacío de gobierno. Alfredo Castillo ha sido el personaje central en el empeño de recuperar la normalidad. Las tareas han sido diversas y los resultados favorables, incluso en temas sumamente difíciles y complejos como ha sido la inserción de las autodefensas a las policías institucionales. También se han dado pasos importantes en la detención de los principales jefes del grupo criminal que dominaba la entidad. Sin embargo, era necesario recomponer al gobierno estatal. Precisamente por la penetración del crimen organizado y el pecado de origen, la salida de Fausto Vallejo era un paso necesario.

Tiene razón el dirigente del PRI, César Camacho, al señalar que la renuncia del gobernador Vallejo no lo exime de responsabilidades legales por su desempeño. El principal problema de Michoacán es la impunidad y la salida del mandatario no puede verse como un intento para contener la acción de la justicia en las investigaciones que se realizan a miembros de su gobierno y la que se presenta contra su propio hijo. La legalidad no es negociable y cada cual debe responder por su conducta sin distinción ni excepciones.

En condiciones normales correspondería a un miembro del PRI el relevo en el gobierno. Sin embargo, lasituación es singular. Lo más importante es que quien llegara a la responsabilidad de gobernador tuviera no solo el aval de las tres principales fuerzas políticas, sino que en sí mismo, por origen y trayectoria, tuviera un perfil de conciliador, experiencia y reconocimiento social. El nombramiento de Salvador Jara atiende a estas exigencias. Por lo mismo, el gobierno federal, el Congreso local y los partidos deben actuar en consecuencia ante el nuevo mandatario.

Las palabras del gobernador sustituto han sido sensatas y razonables. Invoca la reconciliación, convocatoria fundamental no solo a los políticos, sino a la sociedad michoacana. Con acierto ha señalado que la recuperación de la normalidad transita por el desarrollo de elecciones libres y transparentes, al margen de la coacción y que dé lugar a un gobierno legítimo, palabras que aluden a lo que precisamente no ocurrió en los comicios de 2011.

La lucha por recomponer Michoacán ha sido uno de los compromisos del presidente Enrique Peña Nieto, encomienda a cargo del secretario Miguel Ángel Osorio Chong. Hace meses el escepticismo sobre las acciones del gobierno federal eran lugar común en Michoacán y en el país. En pocos meses se ha logrado lo que no había sucedido en años. Se ha logrado mucho, pero no es suficiente. Además, una normalidad efectiva y duradera solo puede cobrar fuerza y ser duradera en la medida en que las acciones de autoridad provengan de los gobiernos estatal y municipales. La designación de un nuevo gobernador del perfil de Salvador Jara es un paso en la dirección correcta.

Es de sentido común entender que las elecciones de 2015 para elegir gobernador, alcaldes y munícipes será la consolidación del proceso de normalización. La disputa por el poder divide, pero las dificultades pasadas y presentes obligan a una civilidad política que acredite la unidad y el compromiso por Michoacán.

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