Juego de espejos

El PAN y las encuestas

El resultado sería favorable a Gustavo Madero en un escenario de baja participación en la elección para presidente de Acción Nacional; conforme más panistas concurran a las urnas, mayores serán las posibilidades de Ernesto Cordero.

Desde hace tiempo las encuestas se han vuelto recursos incómodos en la contienda por el poder. Quienes más las pagan son quienes más las desdeñan. Ocurre así, porque se utilizan como medio de propaganda para disuadir adversarios o para seducir financiadores. Las casas encuestadoras que publicaron resultados, con singulares excepciones, se dejaron llevar por la discutible y falsa tesis de que quienes no respondían eran abstencionistas. Con la prudencia obligada, pero sin lugar a equívocos, Liébano Sáenz llamó la atención sobre el error en una réplica a una colaboración interesada publicada en la revista Nexos a meses de la elección. El IFE incumplió su responsabilidad y debió haber obligado a los encuestadores a que no publicaran resultados recalculados con exclusión de la no respuesta. La realidad es que el descrédito es generalizado en la industria y alcanza hasta quienes acertaron, incluso a quienes no publicaron.

El equipo de Cordero ha sido muy activo en la publicación de estudios de intención de voto. Los resultados preliminares de GCE daban una ventaja considerable a Josefina Vázquez Mota y ponían a Cordero muy debajo, pero en claro segundo lugar. GCE desistió de publicar resultados, porque es muy incierta una encuesta de pronóstico de voto, ya que no hay manera de identificar a quienes sí van a votar. Cualquier elección con padrón restringido y baja participación es de pronóstico incierto y favorece a quien tiene mayor capacidad de movilización. Se asume que por esta consideración el resultado sería favorable a Madero en un escenario de baja participación. Conforme más panistas concurran a las urnas, mayores serán las posibilidades de Cordero.

Más allá de lo opinable del recurso y de las reservas de los encuestadores profesionales, es común emplear las encuestas para abonar la causa propia. No es aceptable manipular o alterar resultados, pero eso no está prohibido y queda en la firma que suscribe el estudio dejarse utilizar con tales prácticas. Las encuestas indignan, pero divierten; cuestan, pero generan beneficios; informan, pero engañan. Los estándares para su ejecución científica son fantasía y llama la atención que los políticos, y uno que otro funcionario electoral, crean que la normatividad electoral puede resolver la falibilidad propia de la disciplina. Optan por más policías electorales.

La violación de ley en materia de encuestas es una de las pocas faltas que están sancionadas con pena corporal. No lo estaba el robo de votos, urnas embarazadas, el ratón loco, la manipulación del padrón y el financiamiento ilegal, sí que en el DF se publicara el resultado de una elección distrital a las 6:01 pm, cuando ya habían cerrado las urnas, bajo el pretexto de que en BC la votación proseguía hasta las 8 pm del centro. GCE litigó todos los casos por la vía penal y electoral. En todos ganó y hoy día los fallos logrados por GCE permiten la divulgación de resultados en el marco de certeza una vez que cierran las urnas y que la información demoscópica tenga el valor de aporte a la democracia.

El PAN debe reconciliarse con las encuestas. Las publicadas le trataron mal en la elección presidencial de 2012 y, sin duda, contribuyeron al desaliento. Más que todo, las encuestas son instrumentos de información muy valiosos cuando hay inteligencia, poco útiles cuando sus lectores pretenden ver reafirmada su intuición o prejuicio. La campaña presidencial de Peña Nieto contó con información interna confiable, lo que le permitió corregir en tiempo. No sucedió así con el PAN, se creyó el espejismo de la ventaja abrumadora de Peña Nieto y centró su estrategia en disminuirlo, lo que abonó en el camino a López Obrador, quien estuvo a punto de igualar a cinco semanas de la elección. Si AMLO hubiera leído bien las encuestas a finales de mayo, no hubiera modificado la estrategia regresando al discurso pendenciero y de la descalificación de todo y todos; AMLO pudo haber ganado como lo ha señalado su estratega Costa Bobino. La diferencia entre Peña y AMLO la hizo un buen lector de los estudios internos de intención de voto.

Las encuestas de opinión dicen sobre el PAN cosas más importantes que la urgencia de conocer por quién votarían sus miembros activos en la elección de dirigencia. Por ejemplo, la imagen del ex presidente Calderón y su gobierno es favorable, como también la de Josefina Vázquez Mota. Es el partido con menor rechazo. Efectivamente, lo ha desgastado el poder, pero en casi todo el país persiste como la principal opción al gobierno del PRI. En general, los ciudadanos se han alejado de los partidos y el PAN es el que ha visto disminuir más sus votantes duros; sin embargo, en los volátiles continúa con una significativa presencia, lo que implica un posible resurgimiento a partir de tres factores: el desgaste del PRI en el gobierno, candidatos del PAN competitivos y un partido cohesionado.

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