Juego de espejos

Números de la democracia

Las elecciones intermedias son distintas por muchas razones: un nuevo órgano, normas rigurosas en materia de fiscalización, candidatos independientes e integración igualitaria por género, hipótesis de anulación de comicios, concurrencia de elecciones locales en casi dos terceras partes, leyes diferentes sobre las campañas, etcétera.

Poco más de 83 millones de ciudadanos están convocados a votar el primer domingo de junio. Si los partidos realmente tuvieran interés en la participación ciudadana bastaría hacer de la credencial de elector más que instrumento de identidad, uno para corroborar si efectivamente se asistió a las urnas. Si los electores votaran como lo hacen en los países de Europa o de Sudamérica y no como en Estados Unidos, el juego sería diferente: las maquinarias partidarias perderían peso y los ciudadanos lo ganarían.

Las elecciones intermedias son distintas por muchas razones: un nuevo órgano electoral, normas rigurosas en materia de fiscalización, candidatos independientes e integración igualitaria por género, hipótesis de anulación de los comicios, concurrencia de elecciones locales en casi dos terceras partes, leyes diferentes en materia de campañas, etcétera. Reglas nuevas con los mismos jugadores. Así, por ejemplo, el INE, a pesar de una confiable integración, ha sido objeto de asedio y descalificación por los partidos. Las campañas apenas empiezan y los jugadores han decidido desacreditar al árbitro con el calculado propósito de curarse en salud y de paso disminuir al adversario que mejor ha aplicado los recursos públicos.

Las encuestas nacionales de intención de voto divierten y entretienen, no informan. Engañan porque hacen creer que los resultados que se perfilan resultan de la preferencia por partido, cuando el peso de los candidatos es definitorio del voto. Así por ejemplo, para el PAN no es lo mismo Xótchil Gálvez para Miguel Hidalgo que Demetrio Sodi; igual para Movimiento Ciudadano en Guadalajara lo que le representa Enrique Alfaro o Ana Rosa Payán en Mérida; un caso más es el de Morena con Ricardo Monreal en la Cuauhtémoc disputando el cargo a un burócrata menor en lugar de María Rojo. El voto diferenciado es escaso y, por lo mismo, será la competencia en cargos ejecutivos la que determine las intenciones de voto en la elección de diputados.

El resultado de junio será la suma de muchas batallas. El PVEM apostó a los medios, pero su situación es frágil si no postula por sí mismo candidatos competitivos. Los votos hipotéticos que trae le dan poder de negociación con el PRI, como ha sucedido desde que mudó de socio (acompañó a Vicente Fox a la Presidencia). Su aportación es abrir espacios a candidaturas y competir asociado con el tricolor en zonas inciertas como es el DF. El PVEM ha sido buen negocio y, por lo mismo, ha sido más hábil que sus contrapartes. Por eso concita rechazo. Es cierto lo que los verdes dicen: sus críticos malgastan las prerrogativas y no saben cómo usar los medios y los tiempos. Al PVEM le pueden multar con 34 o 68 millones de pesos, pero lo que ha logrado vale mucho más que eso. Por cierto, ningún partido tiene para darse baños de pureza. Además, es una disputa feroz por los votos, no por beneplácito.

Morena reproduce lo más negativo de AMLO. Parece que no leen bien a la sociedad mexicana. La confunden con los manifestantes recurrentes en la Ciudad de México y han perdido contacto con la mayoría silenciosa. La inconformidad la captan los independientes no los proyectos partidistas. Además, el miedo crece y esto abre la puerta a los conservadores, por ello el PAN y PRI, con candidatos consecuentes y una buena estrategia de comunicación se apuntan a la cabeza. El PRD es un desastre, la ambición de Los Chuchos es destructiva hasta para ellos mismos. Guerrero y Michoacán los puede absolver de culpa, aún así, representan lo peor que existe.

En la pasada elección intermedia participó 45% de los ciudadanos. La concurrencia de elecciones locales y los efectos de la depuración virtual de la lista nominal por  la actualización de la credencial de elector hace pensable que votará más de la mitad de los habilitados, esto es, casi 42 millones. Para que un partido mantenga su registro requerirá más de un millón 200 mil votos. Cuando menos dos o tres habrán de perderlo; lo aseguran los tres grandes, el PVEM y Morena.

La interrogante es Movimiento Ciudadano. El pragmatismo de Dante Delgado no tiene límites y él, al igual que el Verde, entiende que para los votos todo se vale, lo mismo postular a Fernando Elizondo en Nuevo León, Enrique Alfaro en Guadalajara o a Marcelo Ebrard en el confort de la plurinominal. Nada está escrito y su futuro no es mayor a siete diputados.

En el PRI las plurinominales son anhelo. Además, los dirigentes sobrevenden las posibilidades de arribar a la Cámara. Sin embargo, corre el espectro de que la combinación de un porcentaje bajo de votación con triunfos distritales por arriba de 160, harían disminuir a los diputados de lista. Quizás los primeros siete u ocho lugares y no los 14 que ahora se esperan.

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