Juego de espejos

Muerte en Temixco, el gobernador y el futbolista

LOS LECTORES DE CUERNAVACA no se dieron cuenta de a quién eligieron para alcalde, tampoco Cuauhtémoc Blanco se dio cuenta de la grave responsabilidad que asumió. El fastidio y la indignación con PAN, PRI y PRD abrió la puerta a una opción inédita

Es deseable por todas las razones que cuanto antes se dé con los responsables del homicidio de la ex diputada federal y alcaldesa de Temixco Gisela Mota, quien había asumido el cargo hace unas cuantas horas. El gobernador Graco Ramírez informó que ya estaban detenidos dos presuntos autores del asesinato, un amago de la delincuencia organizada; afirmó que hay indicios sólidos para resolver el asesinato. Comprometió que no habrá impunidad.

El homicidio ocurre en el marco del desencuentro del gobernador con el alcalde de Morelos. El político y el futbolista comparten la tarea de ofrecer lo que desde hace tiempo se ha perdido en Cuernavaca: tranquilidad y seguridad. El desencuentro entre ellos es digno de comedia si no estuviera de por medio la tragedia de la inseguridad, como lo muestra el asesinato de la presidenta de Temixco, localidad contigua a la capital.

La tragedia de Morelos por la inseguridad viene de tiempo atrás; santuario de narcotraficantes, corredor del tráfico de drogas y vecino del territorio más violento y sanguinario de siempre. El gobernador llamó a hacer frente a la inseguridad a uno de los policías más reconocidos, Alberto Capella, a quien se le acredita el quiebre que hubo en Tijuana en materia de seguridad. Los números muestran buenas cuentas en Morelos. Cuauhtémoc Blanco nombró como responsable de seguridad a Carlos de la Rosa, abogado que fue diputado local por el PRD y presidente de la Comisión de Seguridad Pública y Protección Civil. Designó como tesorero a Alejandro Villarreal, empresario de futbol local y ex candidato a presidente municipal por Movimiento Ciudadano.

No se requiere de mucho para entender que uno de los objetivos del crimen organizado es impedir que el Mando Único cobre realidad. Los hechos trágicos de Iguala y Cocula, no muy lejos de Cuernavaca, muestran que la policía municipal puede ser el brazo armado del crimen organizado. No es problema particular de Morelos y Guerrero, sino prácticamente de todo el país. Desde hace tiempo ha quedado claro que el Mando Único es una de las líneas estratégicas para ganar la batalla al crimen, a pesar de la mora ya de casi seis años del Congreso de la Unión y del Constituyente de aprobar un nuevo modelo policiaco.

A contrapelo está la necesidad de contar con una policía de contacto ciudadano confiable. Esto difícilmente puede asegurarse con un modelo centralizado; asimismo, la cuestión no solo es de mando, también involucra una cuantiosa inversión no considerada en las cuentas locales y federales. Solucionar el problema de la seguridad demanda de la participación de los ayuntamientos y de quienes los dirigen. Lo inaudito del caso de Cuernavaca es que ocurre a unas horas de un homicidio que revela la vulnerabilidad de las autoridades municipales. Cabe señalar que la información de inteligencia revela que otros alcaldes con sospecha de vínculos con el crimen organizado han asumido postura semejante.

Los electores de Cuernavaca no se dieron cuenta a quién eligieron para alcalde, tampoco Cuauhtémoc Blanco se dio cuenta de la grave responsabilidad que asumió. El fastidio y la indignación con PAN, PRI y PRD abrió la puerta a una opción inédita. Su condición de celebridad facilitó las cosas. El gobernador y el alcalde recientemente tuvieron un encuentro para resolver la diferencia. Es deseable el entendimiento, en especial por la secuela que deja el homicidio de la alcaldesa Gisela Mota.

Cuernavaca no está a la deriva, voceros oficiales locales afirman que a partir del 1º de enero inició operativo de autoridades estatales y federales para reforzar la vigilancia de la capital del estado y zonas aledañas. Es posible que la detención de los responsables del homicidio se deba a este operativo. A los 700 policías municipales de Cuernavaca se les ha retirado armamento, radios de comunicación y el acceso al C5. Éstos recurren al teléfono móvil y al WhatsApp. Las fuerzas municipales no son prescindibles, su tarea en labores de proximidad ciudadana es insustituible. De alguna manera se requerirá un esquema de coordinación con el sistema estatal y nacional de seguridad.

Los hechos revelan los riesgos de la improvisación. Es impensable que el nuevo alcalde esté coludido con el crimen organizado, pero sus precipitadas decisiones lo llevan a donde quieren los grupos criminales. El asesinato de la alcaldesa del municipio aledaño es un macabro mensaje a Cuauhtémoc Blanco. Cierto es que el nuevo alcalde tiene mandato para mejorar de lo que existe, pero esto no cobra realidad con una decisión claramente funcional a los delincuentes. Cuernavaca y su zona conurbada son narrativa de dolorosa tragedia por la excesiva violencia y criminalidad. No es aceptable que el experimento de llevar al poder a una celebridad agrave la situación. Ante la situación, la coordinación y el entendimiento son obligados.


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