Juego de espejos

Mancera y Monreal

No es sencillo ni fácil gobernar la Ciudad de México. A pesar de eso es una oportunidad para quien encabeza la autoridad. Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador de allí pasaron a la candidatura presidencial. No ocurrió con Marcelo Ebrard, a pesar de su intención; Andrés Manuel se impuso. Ebrard cayó en desgracia y ahora es una figura disminuida y cuestionada, a pesar de logros importantes en su gestión. El fiasco de la Línea 12 del Metro y lo endeble de sus alianzas le llevaron a la circunstancia que padece.

Ebrard culpa de su situación a su sucesor. La realidad es que Mancera ha privilegiado responsabilidad sobre popularidad; así se ha visto en muchos temas de controversia. No tiene el reconocimiento popular de sus antecesores, en parte, por cumplir su tarea y por declinar al protagonismo mediático. El problema de la contaminación del aire y la respuesta gubernamental para restringir la circulación vehicular le ha impactado negativamente ante los afectados, no solo quienes circulan en automotores, también los usuarios del transporte público, por la saturación.

Los números de Miguel Ángel Mancera no son buenos en la Ciudad de México. Sin embargo, en el resto del país tiene reconocimiento y es la mejor opción del PRD para la candidatura presidencial. Los hechos muestran que es un político singularmente eficaz en el logro de sus objetivos. No solo pudo hacer realidad la reforma política para la entidad, un viejo anhelo de la izquierda, también alcanzó imponer un cambio en el salario mínimo y, como hecho concreto, reformar la Constitución para que deje de ser referencia y con ello impulsar la recuperación del poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores. Ningún líder de la izquierda ha tenido logros de tal magnitud. También ha impulsado innovadores programas de salud y de defensa financiera de la entidad como es el fondo de capitalidad.

El futuro le plantea a Mancera un difícil dilema: ser candidato del PRD en coalición con otros partidos o ser candidato independiente. El primer camino le asegura un acompañamiento político y las prerrogativas de los partidos, especialmente el acceso a la radio y tv; el segundo le permite presentarse sin asumir el costo de la mala imagen que tienen los partidos.

El PRD ganaría mucho con la candidatura de Mancera, pero también puede concertar alianza con el PAN y con ello intentar acceder indirectamente al gobierno nacional ante un eventual triunfo de Acción Nacional. Por otra parte para Mancera ser candidato independiente es una opción atractiva en la medida de que solo haya un candidato bajo tal modalidad. Esto significa que tendría que haber una negociación con Jaime Rodríguez y Jorge Castañeda, los dos con mejor respaldo para cumplir con los requisitos de registro y lograr la postulación.

Por su parte, el delegado de la Cuauhtémoc avanza en su propósito de lograr la candidatura de Morena al Gobierno de la Ciudad de México. La gestión de Ricardo Monreal ha sido exitosa y sus posturas le hacen ganar visibilidad y credibilidad. Sin embargo, es Andrés Manuel quien definirá las candidaturas. En estricto sentido, por su habilidad política y capacidad para el debate Monreal sería la mejor opción para ganar. Martí Batres y Claudia Sheinbaum también son nombrados como posibles candidatos del partido que tiene la mayor preferencia en la Ciudad de México.

Si AMLO se cierra, Monreal podría ser candidato independiente o, eventualmente, que una alianza de partidos de izquierda le hiciera su candidato. La realidad es que si la elección en la Ciudad de México se hiciera en estos momentos, Morena ganaría con una gran ventaja, más si López Obrador fuera el candidato presidencial.

Miguel Ángel Mancera podría promover y asumirse en un proyecto político más allá de la elección de 2018. El PRD después de la elección presidencial deberá emprender un cambio importante. El jefe de Gobierno de la Ciudad puede ser el líder de ese nuevo proyecto de partido, que trascienda la fragmentación y especialmente que recupere credibilidad a través del programa político socialdemócrata. Mancera es flexible y moderado, pero firme y, como se ha dicho, ha mostrado eficacia, además de saber sumar para hacer equipo. El arribo de Alejandra Barrales a la dirección nacional le es funcional, pero no significa, necesariamente, que será candidato de partido.

La amenaza mayor del PRD es Morena y si es el caso de que López Obrador no ganara la elección en 2018, el PRD tendría mejores condiciones para recuperar el espacio político que le ha ido quitando Morena. El tema para el PRD es cómo encarar tal desafío, postular a Mancera o suscribir coalición con el PAN. El guiño de López Obrador es importante, pero no es garantía. Algo habrá de perfilarse en la manera como se resuelva la candidatura para la elección próxima del Estado de México.

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