Juego de espejos

Gobernadores y poder nacional

En el pasado reciente, el PAN ha buscado debilitar a los mandatarios estatales y, de paso, alterar las bases del pacto federal. Aunque se presenta como un argumento de partido la crítica a esos gobernantes, la realidad es que ninguna sigla tiene el monopolio de la incompetencia.

De siempre uno de los prejuicios del centro ha sido la reserva a los gobernadores. En la gestión del presidente Calderón se agravó por convicción y conveniencia; las dificultades en muchos de los frentes no se remitieron a la incapacidad propia o a la torpeza para obtener el apoyo de la oposición para las reformas, las culpas se trasladaron a los gobiernos locales, como fue evidente en la inseguridad. La cuestión es que la política cada vez es más local y la solución a los problemas necesariamente requiere de la participación de las autoridades estatales, municipales y del DF.

En el pasado reciente, el PAN ha buscado por todos los medios debilitar a los mandatarios estatales y, de paso, alterar las bases del pacto federal. Aunque se presenta como un argumento de partido la crítica a los mandatarios estatales, la realidad es que ninguna sigla tiene el monopolio de la incompetencia. Allí están los casos de Gabino Cué con la CNTE en Oaxaca o Ángel Aguirre con las autodefensas en Guerrero; antes, las malas cuentas de Amalia García en Zacatecas o Emilio González en Jalisco. Es evidente que hay casos de abuso, pero son más los ejemplos positivos, aunque esos no hacen la nota.

Las dos alternancias en la Presidencia se han construido desde la periferia. Fox y Peña Nieto ganaron con ventaja clara. López Obrador pudo haber triunfado en 2006 con un poco de apoyo más amplio en el norte y occidente del país. México padece un fuerte centralismo, pero la política se define en el territorio. Esa es una de las principales fortalezas del PRI respecto a sus adversarios. Francisco Labastida y Roberto Madrazo perdieron la elección presidencial precisamente por su distancia voluntaria e involuntaria de la política local.

Los gobernadores no solo son factor para ganar elecciones. Las reformas constitucionales recientes muestran que su intervención fue crucial para procesar los cambios que requieren aprobación de las legislaturas locales. Más que por razones partidarias, el Presidente, del partido que sea, tiene en los gobernadores sus mejores aliados. Fox los desdeñó, Calderón los confrontó. La reforma fiscal de 2009 se concretó porque el secretario Agustín Carstens supo negociar con los gobernadores, especialmente, el del Estado de México. Mucho de lo que el gobierno de Calderón pretendió pudo haberse alcanzado de haber entendido el poder político de los mandatarios del PRI.

La Conago ha sido una de las iniciativas más exitosas de asociación y encuentro de los mandatarios estatales. Esto ha sido una realidad a pesar de la reserva constitucional y de un inicio accidentado por la desconfianza de Vicente Fox, a quien se le hizo creer que la agrupación era una amenaza a su gobierno, lo que inhibió que los mandatarios del PAN participaran como miembros activos. Después de varios encuentros, en agosto de 2003, en la reunión en Cuatro Ciénegas, Coahuila, con asistencia del presidente Fox, los gobernadores del PAN se incorporaron activamente.

Al igual que Fox, López Obrador y Marcelo Ebrard también fueron marginales en los trabajos de la Conago. Peña Nieto como gobernador fue muy activo, y ya como Presidente, en uno de los ya varios encuentros con la Conago, sin ambages dijo que su sucesor bien podría ser un gobernador. Las palabras presidenciales eran un reconocimiento a lo que significa el poder político local. Para lo que vendrá hay una historia por conocer, ya que son muy pocos los casos de mandatarios estatales que pueden lograr el asenso a los primeros planos de la política. Esto adquiere relieve ya que la abrumadora mayoría concluirá mandato entre 2015 y 2016.

El gobernador de Chiapas, Manuel Velasco ha sido el primero en salir al ruedo. Lo ha hecho con exceso e imprudencia no tanto por lostiempos, sino por la magnitud de sus dificultades en casa. Enrique Peña no solo fue un gobernador con aceptación en su entidad, también acreditó capacidad para negociar con la oposición en el Congreso y municipios, lograr acuerdos con los entidades vecinas y, especialmente, ganar la elección intermedia. Publicidad sin sustancia hace desvanecer cualquier proyecto.

En el caso del PRI son varios los gobernadores que podrían transitar a la política nacional. Los mejor evaluados son los que más se ocupan de su trabajo y para transitar al futuro político el único reconocimiento que requieren es el de sus gobernados. En el PAN Moreno Valle de Puebla se ha apuntado y se mantiene activo; el de Guanajuato también puede ser opción. En el PRD está Miguel Ángel Mancera, con la competencia de Marcelo Ebrard y con la determinación de López Obrador de repetir en la candidatura. En el PRI también está el gabinete y en el PAN y PRD hay una cantera de jóvenes en el Congreso con tamaño para pensar en la Presidencia sin transitar obligadamente por el gobierno local.

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