Juego de espejos

Elecciones en Guerrero

Las autoridades, incluso el INE y particularmente el gobierno local, se han visto rebasados por el radicalismo magisterial, una forma de gansterismo que utiliza a la masa de seguidores y beneficiarios como escudo e instrumento de lucha.

Contrario a la exigencia de los padres de los normalistas desaparecidos y de la Ceteg, López Obrador en gira por Guerrero se pronunció por la realización de las elecciones. De los primeros se entiende por el dolor y agravio. De los segundos es un vil chantaje, un obsceno intento de sacar provecho de la tragedia. Al igual que sus pares de Oaxaca, el radicalismo es cobertura para proteger y reproducir la privilegiada situación de los dirigentes magisteriales. La realidad es que en las dos entidades con los más pobres de los pobres, los falsos redentores morales hacen todo para que continúen en el atraso y la marginación.

Las autoridades, incluso el INE y particularmente el gobierno local, se han visto rebasados por el radicalismo magisterial, una forma de gansterismo que utiliza a la masa de seguidores y beneficiarios como escudo e instrumento de lucha. El objetivo es por la vía de la amenaza impedir la realización de las elecciones, bajo la consideración de que la instalación de casillas con frecuencias tiene lugar en recintos escolares. Las escuelas no son del sindicato, pero éstos se asumen dueños con la complacencia de las autoridades.

En fechas recientes los consejeros del INE se reunieron con una comisión de padres de los estudiantes desaparecidos. Los gestos de simpatía y solidaridad poco pueden. En realidad los padres, por razones propias o inducidas, han resuelto exigir la suspensión de las elecciones a manera de presionar a las autoridades para obtener de éstas la presentación con vida de quienes seguramente de manera atroz y salvaje perecieron.

A los padres de los desaparecidos, a los de la Ceteg y cualquiera le asiste el derecho de creer y opinar que las elecciones son una patraña o incluso llamar a los ciudadanos a no votar o que anulen su voto. Las libertades sí dan para eso. Lo que no es aceptable o permisible es que impongan su postura a los demás, que por la vía de la amenaza y el chantaje, como lo hace la representación magisterial, impida la realización de los comicios. En este caso no se tarta de ejercer un derecho, sino impedir que los demás lo hagan, para el caso concreto, el ejercicio del sufragio.

Son ilustrativas las expresiones de López Obrador a manera de dejar en claro que el ejercicio del voto es la forma más razonable y eficaz para disputar el poder. Además, el resultado es decisión de la mayoría dispuesta a expresarse en las urnas. El radicalismo magisterial es claramente autoritario, sus medios son la calle y la presión, recurre a medios ilegales y busca no convencer, sino imponerse a los demás.

Los problemas para el INE, autoridades, candidatos y partidos está en propiciar las condiciones para que los ciudadanos participen y concurran a votar, vencer la indiferencia o la intimidación del gremio magisterial. Los signos de ahora no son alentadores, especialmente por las dificultades reportadas por el INE en el reclutamiento de funcionarios de casilla, muy probablemente por miedo e incertidumbre.

El escenario indeseable es que las elecciones no puedan realizarse por las dificultades en la instalación de las casillas o por la obstrucción maquinada por los radicales. Pero no menos preocupante es el abstencionismo en el marco de una elección muy fragmentada por la división de la izquierda. Este escenario plantea igualar la participación de la elección pasada, en la que concurrieron la mitad de los electores, ya que la pluralidad de candidatos competitivos significa que el triunfador pudiera ganar con menos de la tercera parte de los votos, esto es, 17 por ciento del total de los ciudadanos.

En la circunstancia de Guerrero, la democracia de la mayoría relativa es insuficiente para construir un piso sólido de legitimidad para la autoridad electa. Al menos es alentador que ninguna de las fuerzas políticas, por oportunismo o insuficiencia, haya optado por hacer el juego a quienes desean la suspensión de las elecciones. Esto mismo sugiere la idea sobre la necesidad de que quien resultara ganador convocara a una fórmula inédita y excepcional de gobierno de coalición que no diluya a la autoridad pero que sí genere condiciones de gobernabilidad.

Problemas excepcionales demandan visión y sentido de elevada responsabilidad. Las elecciones de Guerrero representan uno de los mayores desafíos de la democracia mexicana, ocurre en medio de un entorno difícil, de deteriorada confianza en autoridades e instituciones, así como de expresiones políticas radicales, ilegales y autoritarias. El paso inicial debe centrarse en asegurar que las elecciones puedan tener lugar con normalidad. Lograrlo es prioridad para Guerrero y para todo el país y no solo de la política, sino del conjunto nacional.

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