Juego de espejos

Derecho a decidir

Los comicios en puerta convocan a más de 83 millones de ciudadanos. Quien no asiste a las urnas es porque así lo decide. Si hubiera sanción por no sufragar o se determinaran medidas administrativas que presionaran a la gente a ejercer el voto, el juego electoral sería distinto en detrimento de las maquinarias partidistas.

La democracia electoral tiene sus dificultades y limitaciones, lo que han llevado al escepticismo. La realidad es que los ciudadanos concurren en libertad y los partidos y candidatos participan sin limitación para realizar su proselitismo por el voto. La democracia es imperfecta, pero es real y eficaz para elegir autoridades y representantes.

Los comicios en puerta convocan a más de 83 millones de ciudadanos. Quien no asiste a votar es porque así lo decide. Si hubiera sanción por no votar o se determinaran medidas administrativas que presionaran a los ciudadanos a ejercer el sufragio, el juego electoral sería distinto en detrimento de las maquinarias partidistas. Es previsible que la mitad de los ciudadanos concurran a las urnas este domingo.

La realidad es que la democracia electoral se ha vuelto parte del paisaje y la sociedad se muestra indiferente en los comicios legislativos, aunque mucho más involucrada en las elecciones de cargos ejecutivos: gobernador, presidentes municipales y delegados en el DF. Por eso la participación electoral será mayor, quizá hasta 15 puntos, en los estados con elecciones concurrentes, respecto a donde solo habrán de elegirse diputados federales.

Debe preocupar la distancia entre los partidos y la sociedad, lo que también explica el bajo aprecio por los representantes populares. El problema es el rechazo y repudio creciente a dos pilares de la democracia: partidos y parlamento. Las candidaturas independientes no lo resuelven y por lo que se advierte, las más exitosas son una invasión a ese estrecho espacio ciudadano, ya que quienes las encabezan son políticos convencionales, de larga trayectoria partidista, artificiosa y falsamente arropados como ciudadanos independientes.

La democracia no tiene una relación feliz y constructiva con los medios de comunicación, especialmente con los electrónicos por el uso excesivo de ese espacio público a través de prerrogativas partidarias. El abuso y la indebida interferencia de los medios han sido en buena parte superados, pero se creó nuevo modelo comunicacional que restringe libertades, afecta a concesionarios y no aporta mucho a un voto informado.

La fiscalización del origen y gasto también ha sido una apuesta importante. Apuesta justificada pero ineficaz. Justificada porque sí hay riesgo de financiamiento por el crimen organizado y de quienes pretenden comprar el favor gubernamental en un calculado interés de negocio. Ineficaz porque los bajos topes de campaña se contraponen al objetivo de transparencia, ya que propician finanzas al margen de la formalidad.

La amenaza mayor a la democracia electoral es el poder del dinero y especialmente el que viene del crimen organizado. Sin embargo, las previsiones en materia de fiscalización no lo resuelven, tampoco el escrutinio que realizan los partidos para ser más cuidadosos en la selección de sus candidatos. Los candidatos independientes abren un riesgo monumental de financiamiento del narco con el criterio establecido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que permite que los recursos privados prevalezcan sin un régimen de control y con un tope de campaña igual al de los candidatos de los partidos mayores. El financiamiento público tiene como propósito evitar el sometimiento de la política al poder del dinero privado; para los candidatos independientes el tribunal resolvió en sentido contrario.

En el contexto actual los grupos radicales arropados por el magisterio disidente son el mayor enemigo de la democracia. Ellos han pretendido provocar la represión por las fuerzas federales y del Ejército mexicano con el deseo de desestabilizar al país por la vía de la polarización. El gobierno federal ha enfrentado el dilema: a un elevado costo de imagen decidió posponer la evaluación de mentores. También ha impuesto autoridad con el envío de fuerzas federales a Oaxaca, las que ayer sábado tomaron control de las 11 juntas distritales del INE.

Los ciudadanos siempre serán los beneficiarios de la democracia al decidir quién debe gobernarles o representarles, pero también lo son los partidos y candidatos ganadores. En el desenlace próximo casi todos los partidos tendrán motivo de beneplácito. El PAN podrá señalar que incrementó su votación y aumentó presencia en la Cámara de Diputados, buenas cuentas que aumentarían si ganara en más de dos estados. El mayor logro podría venir por el PRI, al alcanzar con el PVEM la mayoría absoluta en la Cámara, hipótesis probable porque el Partido Verde podría ganar más de 35 distritos, más 10 diputados de representación proporcional. El PRI solo requeriría obtener 33% de los votos para lograr mayoría absoluta.

El objetivo del PRD más bien sería modesto: superar con claridad a Morena a escala nacional y en el Distrito Federal, además de prevalecer en las elecciones de gobernador en Michoacán. Para Morena sería suficiente constituirse como la cuarta fuerza política, además de algunos triunfos en el DF; su objetivo es preparar la candidatura presidencial de López Obrador y eso se logra con el registro partidario y se ratifica con un porcentaje superior a 6%. El PVEM podría ser el partido bisagra en la Cámara de Diputados, con todo lo que eso significa; como tal, su competencia sería Nueva Alianza.

El pragmatismo de Movimiento Ciudadano sufrió un serio revés en Nuevo León; su candidato Fernando Elizondo le traicionó bajo la idea de que el beneficiario de la traición, el candidato independiente promovería el voto a favor de los candidatos de dicho partido. Nueva Alianza cuenta con la fuerza de la estructura magisterial para superar 3% de los votos; para los demás eso sería hazaña.

En las elecciones de hoy la cuestión no son los votos, la participación o los ganadores, sino si los comicios tuvieron lugar con normalidad en todo el país. Oaxaca y Guerrero plantean un escenario crítico. Como ya se ha dicho, finalmente los enemigos de la democracia no solo son el crimen y los escépticos, sino un activismo social que ha apostado por el colapso de las instituciones por la vía del boicot electoral impidiendo por la fuerza y la intimidación que los ciudadanos ejerzan el derecho a decidir.

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