Juego de espejos

Claves para lidiar a Trump

Dos cosas básicas para entender y lidiar con Trump: él no solo es un problema para México, lo es para todo el mundo. Lo segundo, no tiene remedio, su personalidad es la de un bully, esto es la de un abusivo que hace de la intimidación método. Que sea un problema para todos quiere decir que México debe tener la paciencia para que sea el conjunto el que lo ponga en sitio. Aunque pareciera, Trump no es tonto, sino lo contrario; eso sí, su desenfreno lo hace una amenaza a sí mismo y a la causa que representa. Y, como en la buena lidia, hay que conocer al toro, sus terrenos y tiempos para lograr una buena faena.

Trump llega al poder como resaca por todo lo bueno que significó Obama. Un regreso muy severo del péndulo del poder y de la historia. El significado simbólico y político de Barack en la presidencia tiene su equivalente opuesto en Trump. La marea regresiva lo llevó a la presidencia. Convergen el estilo del magnate con el agravio de muchos con el estado de cosas. Trump no es tonto y sí tiene una destreza ratificada por el éxito que le acompaña.

Los problemas de México no solo son con Trump, sino con el mundo. La imagen de país corrupto, violento e injusto no son percepción, sino realidad. La marca México es un desastre de mucho tiempo atrás. The mexican moment fue auténtico por la capacidad de procesar reformas de gran calado, pero el día a día del conjunto político, no solo del gobierno, se encargó de que prevaleciera lo muy malo sobre lo muy bueno.

En México no hubo desencanto porque las reformas no cobraron fuerza en la población, ya que fueron diseñadas y procesadas en los estrechos límites de la burocracia y élites políticas. Pero en el exterior sí hubo expectación primero y después decepción; luego de los cambios, un sector calificado de la opinión pública internacional puso a México en el canasto de los países mal gobernados. Los escándalos de corrupción contribuyeron, pero también las estadísticas de la criminalidad y la torpeza de sus élites para atender los problemas coyunturales o estructurales. Las élites no supieron conducir el coche de la historia.

Para mejorar las condiciones de negociación de México hacia Trump y su imagen en el mundo, el país debe volver la vista a sí mismo. Hay que florecer, pero también la unidad es obligada. ¿Qué tipo de unidad?
La cupular de los acuerdos ni vale ni sirve. La unidad en un sentido defensivo es claramente insuficiente. La unidad que se requiere es la que atienda los problemas que generan debilidad en el cuerpo social y político; por esta razón, la unidad debe construirse con el rechazo a la impunidad en todas sus manifestaciones, además de que la unidad debe ser incluyente y horizontal.

A Trump la realidad lo irá poniendo en su propio lugar. Por su personalidad ha abierto frentes hacia todos lados. México no debe esperar mucho de la negociación, pero sí entender que sus fortalezas no son pocas. El muro lastima, pero es irrelevante. Las deportaciones perjudicarían, pero también es el regreso de un muy preciado capital humano, si es que son masivas, supuesto poco probable por el valor de los trabajadores indocumentados, los que, por cierto, en su conjunto los mexicanos representan solo la mitad.

La manera de enfrentar a un bully no es caer en la provocación, pero tampoco en la confianza que hablando se va a lograr mucho: se requiere temple y dejar correr la muleta. México tendrá que negociar desde una postura de fuerza y entender la embestida de la bestia, plena de extraños. La seguridad global es el terreno de mayor fortaleza. Sin frivolidad, pero con claridad, México debe mandar la señal inequívoca no a Trump, sino a quienes le apoyan de que el país está decidido para replantear la relación en la que el país ha jugado una condición de subordinado. Si EU quiere un muro con una frontera insegura y un vecino alienado, será decisión de ellos. No será chantaje, sino la consecuencia de que el bully y sus halcones hayan resuelto cambiar el trato con un vecino generoso, leal y comprometido.

Esto debe plantearse con firmeza y sentido de los tiempos y el terreno. Finalmente, el muro agravia, pero es su decisión. Afectar las bases del libre comercio afectan al mundo y también a las empresas y al consumidor norteamericano. Para enfrentar al bully se requerirá que la dignidad y los principios sean parte de la estrategia y que el miedo a lo incierto no confunda ni genere confianza a quien está decidido a aniquilar.

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