Juego de espejos

Causas de la derrota

Los resultados adversos del PRI en seis estados que gobernaba no compensan los tres que mantuvo y los otros dos que ganó a otro partido. Fue peor que una mala noche; con la excepción de Quintana Roo, los votos de 2016 del PRI y aliados son menores a los de la elección presidencial de 2012; en el conjunto 25% menos, esto significaría que si se repitiera la misma historia en 2018, el PRI en coalición obtendría menos de 28%, insuficiente para ganar.

En el PRI con razón hay alerta. El PAN le ganó los seis estados que gobernaba y en el nivel municipal en los 13 estados el PAN gobernará más población que el PRI. Los electores castigaron con severidad al partido gobernante, como le ocurrió al PAN en 2012 en Morelos y Jalisco y en 2015 en Sonora. El PAN vive un buen momento y López Obrador continúa creciendo al apuntalar a su partido.

Los partidos no tienen reflejos rápidos para procesar la adversidad. No ocurrió con el PRI después de las elecciones de 2000 y la particularmente desastrosa de 2006. Tampoco con el PAN después de 2012. El PRD ve desmoronar su posición y nada hace para revertir la situación. En el PRI saben que las cosas están mal, que el problema tiene que ver con la insatisfacción con sus gobiernos, el nacional y los locales. La dirigencia nacional del PRI hizo más de lo que se podía ante a una situación que la superaba.

El PRI no puede construir una coartada exculpatoria como lo hace Francisco Labastida al invocar la iniciativa presidencial que legaliza el matrimonio de parejas del mismo sexo. A la base electoral del PRI no la mueven la postura ni dogmas de la Iglesia católica. Cierto es que en Aguascalientes la diferencia fue muy estrecha y que allí hubo debate y posicionamiento sobre el tema. Pero las encuestas de GCE muestran que la ventaja del PAN venía de antes de la iniciativa, incluso su candidata cerró bien los días previos a la elección.

El deterioro de la imagen del PRI viene de tiempo atrás y su causa principal ha sido la venalidad y despotismo de sus gobiernos locales. En 2012, el PRI tuvo los mismos votos que 18 años antes, a pesar de que los votantes aumentaron de 45.7 millones a 79.5. En 2015 obtuvo 4 millones de votos menos que en 2012. Es una clara tendencia a la baja ratificada el pasado domingo. El PRI es el partido con más rechazo y disminuye en votos. Dos procesos explican el mal del PRI: uno de largo plazo y otro de factura más reciente, ambos tienen que ver con la percepción de corrupción e impunidad.

El gobierno del PAN no fue objeto de escrutinio cuando ganó el PRI por la negociación del Pacto por México. A pocos meses de iniciado el gobierno, el ex presidente Calderón tenía mejor aceptación que el presidente Peña Nieto, a pesar de que el PAN fue duramente castigado en 2012. Las razones que motivaron la baja votación del PAN se fueron diluyendo, aunque en 2015 los votos fueron menos que los del mal año de 2012.

El PRI debe atender con urgencia las razones de su deterioro. Lo primero, como ayer señalaba Liébano Sáenz, será necesaria una reforma fundacional, sustantiva y adjetiva. No hay mucho tiempo y el remedio deberá ser del tamaño del problema. Por lo pronto es evidente que el PRI debe impedir la pretensión de los gobernadores de reproducirse en el poder apuntalando a un incondicional, tema nuevo en el PRI y que ha sido una de las causas de la venalidad. Muchos de
los gobernadores promovidos por sus antecesores eran jóvenes, pero carentes de oficio y muchos de ellos de un piso básico de ética.

Los gobiernos del PRI deben darse por aludidos. No todo es desastre, hay mandatarios muy bien calificados como los de Campeche, Yucatán, Sonora y Nayarit. Todos deben emprender acciones ejemplares, especialmente en materia de rendición de cuentas, transparencia e impunidad frente a la corrupción. El informe 3 de 3 debe ser estándar, igualmente la legislación de control y responsabilidad hacendaria.

Las palabras del Presidente deben ser acompañadas por hechos. Se requiere una embestida contra la corrupción a todos los niveles y órdenes de gobierno que muestren determinación por combatir al mal más pernicioso y que afecta al conjunto del sistema político y de gobierno. La percepción es que hay más corrupción que siempre, mientras que no se advierten acciones de autoridad para revertirla. Casos como el de Campeche deben estar presente, uno de los gobernadores mejor evaluados sometió a proceso penal a funcionarios de la administración que le antecedió.

Las causas de la derrota del PRI están a la vista. No hay tiempo, tampoco espacio a la complacencia.

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