Trayectos

Un 20 de noviembre distinto

Con los acontecimientos recientes en nuestro país da la impresión, al leerlos en la prensa escrita o al escuchar o ver en radio y televisión sobre ellos, que estamos tocando el terreno de lo "abstracto".

Me explico. 43 jóvenes que con toda razón desean sus padres que aparezcan vivos, hasta el Papa Francisco les dio el pésame porque "están muertos"; la explicación del procurador general de la República, sobre las declaraciones de esos "monstruos" que los torturaron y mataron, parecen ser contundentes respecto de su muerte, pero no, este movimiento degeneró en peticiones tan absurdas, como ingenuas.

Hay un dicho que dice "solo conservamos lo que amamos y solo amamos lo que comprendemos". México ha pasado, a través de la historia, por muchos movimientos que la han transformado, afortunadamente no todos con sangre. Para tocar con pie firme el suelo y comprender lo que se debe comprender hay que remitirnos a la "Condecoración por la Patria" que el presidente Enrique Peña Nieto le otorgó al general Salvador Cienfuegos Zepeda, secretario de la Defensa Nacional, por sus 50 años de servicio.

Ello en la ceremonia en el Campo Marte para conmemorar el 104 Aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Muchos generales mexicanos a quien he tenido el privilegio de conocer aman a nuestro país, uno de ellos me ha escrito en varias ocasiones y comparto con ustedes sus valiosos conceptos:

"El Ejército, nuestra Institución, sigue siendo la fortaleza del Estado Mexicano, por su lealtad institucional, vocación de servicio y resistencia moral, ética y a la crítica de líderes de opinión. Las Fuerzas Armadas siempre van a estar pasando lista de presente mientras la nación así lo requiera y nuestro Comandante Supremo lo ordene. Mi General Secretario hoy está encontrando las puertas para que la Institución continúe sumando la simpatía popular, que como tú sabes es una de nuestras metas institucionales y morales...".

En otro comentario dijo: "Hoy ante el dolor nacional debemos firmar un pacto de honor y desagravio entre todos y con las familias que perdieron a sus hijos, ante la irracional determinación de criminales esquizofrénicos que han dañado la moral social, que levantemos ante tal barbarie la bandera de la solidaridad y unidad nacional, que la justicia se aplique en la intensidad que las leyes determinan para homicidas materiales e intelectuales, cómplices y encubridores y que la nación cierre filas ante el Presidente de la República en aras de seguir adelante con las Reformas Constitucionales y en la transformación de México...".

Es así como piensan y sienten algunos destacados miembros del Ejército Mexicano. Ellos aman y comprenden la historia de nuestro país, nosotros, los civiles, toda la sociedad en conjunto necesitamos hacer lo mismo, analizar las cosas, comprenderlas, trabajar cada uno desde nuestra trinchera por el bien común, por el bien de México, porque aunque conmemoremos nuestra Revolución, propiciar otra es derramar mucha sangre que es el líquidos más difícil de secar, ya que las heridas de la Revolución de 1910 todavía duelen en el recuerdo de muchas familias mexicanas, y han pasado 104 años.

Este 20 de noviembre fue distinto a otros, pero la nueva revolución debe darse en las aulas, en la cultura contemporánea, en la clase política, en la sociedad toda, todos los días.