Trayectos

Yo espío, tú espías, él espía

¡Todos espiamos! El espionaje político en el mundo tiene una larga historia, incluso algunos se atreven a decir que forma parte fundamental de las estrategias entre países y personajes políticos. Las nuevas tecnologías facilitan estas prácticas “desleales”.

Hoy sabemos que el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa fue espiado por el gobierno de Estados Unidos, y según fuentes del periódico Excélsior él mismo dio su aval para ello y lo hicieron con sus correos electrónicos, e incluso con su propio teléfono celular, hoy también y ya es público que lo realizaron con el presidente Enrique Peña Nieto siendo candidato.

El hecho de espiar es una especie de vouyerismo de natura en el ser humano, meter la nariz en los asuntos del otro, espiar a la vecina, observar lo que hace el de enfrente, una madre o un padre indagando el cuarto de sus hijos, hijos que se meten al cuarto y pertenencias de los padres, empresas que llegan a instalar cámaras ocultas de sus empleados, el multimencionado espionaje científico, industrial y cientos de ejemplos más, pero ¿porqué espiar?

En el caso específico de Calderón y Peña, las oficinas de la CIA deben tener información de ellos y sus colaboradores más cercanos, ¿para qué?, ¿qué contienen esas cartas, esos informes, esas llamadas telefónicas, ese intercambio de información? ¿Realmente obtendrán datos de seguridad nacional, cambiarán en algo nuestras relaciones políticas o comerciales?

La usurpación y uso de “información confidencial” debiera per se, tener un fin, una razón “lógica” desde el momento mismo de hacerlo, un motivo sólido para tomar una decisión política, anticiparse a un hecho, obtener información de primera mano que afecte intereses políticos, económicos, armamentistas e incluso de guerra. ¿Qué habrá detrás de este espionaje?.

Nadie lo sabe, seguro nadie lo sabrá.

Lo cierto es que la Secretaría de Relaciones Exteriores, en voz de su titular José Antonio Meade, ya interpuso una queja y reiteró su “categórica condena por la violación de la privacidad de las comunicaciones de instituciones y ciudadanos mexicanos. Esta práctica es inaceptable, ilegítima y contraria al derecho mexicano y al derecho internacional”.

Pero insisto, para qué… La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA, por su siglas en inglés) espió desde el 2010 el correo electrónico del entonces presidente Felipe Calderón y lo hizo también con las llamadas de Enrique Peña Nieto cuando fue candidato a la Presidencia en 2012, de acuerdo con la revista alemana Der Spiegel, que citó documentos filtrados por Edward Snowden.

Además, se reveló que el espionaje del que fue víctima Enrique Peña Nieto en dos semanas de junio de 2012, esto permitió interceptar 85 mil 489 mensajes de texto enviados por el entonces candidato presidencial a sus colaboradores.

Hoy sabemos que no solo Calderón y Peña Nieto fueron espiados, también lo fue la presidenta de Brasil Dilma Rousseff, quien por cierto increpó y denunció este hecho con mayor contundencia ante el mundo. Ahora sabemos que Barack Obama dio su aval para ello. En una parte de la Oficina Oval o del Pentágono deben estar las fichas, los documentos, los cd´s, los dvd´s, ¿y luego?

A estas alturas nuestros gobiernos tienen mayores y más graves problemas. Sabemos que nos espían, lo que no sabemos son los “para qué”.

Y bueno, ya que nos espiaron que nos digan “qué saben”, así como sucedió en el caso de “Rápido y Furioso”, donde por cierto ellos se llevaron la peor parte.

El oprobio no es para nosotros, salvo que lo espiado revele “algo grave”, en dado caso el oprobio y el enemigo está dentro de Estados Unidos.