Trayectos

Semana Santa de horror

Por más que quiero entender lo que pasa en el mundo no lo comprendo, con mucho dolor veo una sociedad desubicada, principalmente cuando hablamos del fanatismo que asumen algunas personas para propagar terror, dolor y muerte.

La semana pasada fue sangrienta, el golpe de los atentados terroristas dejó en el aeropuerto y metro de Bruselas 35 personas muertas; más de 40 en el brutal atentado en un estadio de Irak y, por si esto fuera poco, más de 72 personas muertas y 359 heridas en el atentado contra cristianos en un parque de Pakistán.

Es lamentable que las personas con creencias, supuestamente religiosas, tengan que privar de la vida a niños, niñas, mujeres y hombres inocentes. Reflexionemos un poco sobre la explosión causada por el suicida en el parque infantil de Gulshan en Iqbal: cualquier muerte es dolorosa y también es respetable que cualquiera decida quitarse la vida, pero es reprobable cuando no lo hacen solos, tenemos el caso del kamikaze que además de morir por su fanatismo arruinó la vida de cientos de familias al no compartir su religión.

Aun no entiendo por qué si para algunas personas la religión es un motor espiritual que contiene a las personas de caer el error o en los problemas mundanos, para otras es crueldad, tortura, egoísmo y terror. No solo eso, no importa la creencia que tenga una persona, ¿por qué tengo que agredirla si no cree en lo que creo?

Justo es la causa del atentado en el parque de diversiones, el objetivo eran 10 cristianos. Debemos reflexionar sobre el daño que puede provocar el fanatismo, que desde mi punto de vista no es igual a religión.

¿Qué decir sobre los fanáticos musulmanes, de cualquier nacionalidad, que cegados por la ignorancia toman el Corán para generar las más terribles matanzas? ¿Por qué tomar un solo libro como fuente de jurisprudencia, política, cultural, economía y social?

Desafortunadamente no solo pasa con el Corán. No nos vayamos tan lejos, hemos visto casos de personas que toman a la Biblia como un respaldo para matar en nombre de Dios, discriminar a las personas por su religión, preferencia sexual o forma de vida. Debemos de entender que no es el dogma ni las religiones, sino las personas que toman de ellas para hacer sus fechorías.

La semana pasada no tuvo nada de santa, el dolor y la violencia bañó de rojo las calles de muchas ciudades, México no podría quedarse atrás, lo que hace décadas era un lugar de paz para vacacionar y disfrutar con la familia, amigos o la pareja, se ha convertido en un lugar sangriento. En tres meses suman más 204 personas muertas en Acapulco, Guerrero, de las cuales 38 de ellas fueron víctimas de los enfrentamientos entre bandas criminales por el narcotráfico y el crimen organizado. Insisto no son las religiones sino que estamos enfrentando el exceso de la violencia mundialmente, la humanidad está cegada por el fanatismo, la ignorancia, el hambre y la riqueza mal distribuida. ¡Urge la paz y la conciencia social!