Trayectos

MéXico: X de cruz y calvario o de tache y vergüenza

Vi la información del sábado 11 de octubre sobre la marcha de un grupo, al parecer de familiares de miembros del Ejército MeXicano, que inició en el Zócalo de la Ciudad de MéXico y terminó en la residencia oficial de Los Pinos, para abogar a favor de sus seres queridos, es decir, de los militares que PRESUNTAMENTE ejecutaron a un grupo de PRESUNTOS delincuentes, en Tlatlaya, Estado de MéXico, en junio.

Representantes de esta caravana entregaron un documento en la casa presidencial. Me pareció una equivocación: los entiendo al cien por ciento, no podría ser de otra manera, si soy hija de un militar, hermana y amiga de ellos. Pero pongamos las cosas en perspectiva. Mi padre decía que el Ejército mexicano emana del pueblo y al pueblo de MéXico servía. Todos dirán que es un ejército de paz, falso en parte.

Los Ejércitos en todo el mundo, por naturaleza, se crearon para hacer la guerra o, en el mejor de los casos, "Si quieres paz prepárate para la guerra". Ya lo decía Flavius Renatus en el caído Imperio Romano, debimos haber aprendido hace mucho, a hacer el amor y no la guerra, pero esa sigue siendo una utopía.

Así las cosas, lo que mi padre decía era que el que manda, manda dos veces y si se equivoca vuelve a mandar. Claro él ya no fue de esta generación que vieron firmar tratados internacionales de derechos humanos que hay que cumplir.

Bien, sé de cierto que, si la investigación en curso en la PGR y los Tribunales Militares arrojaran que uno solo de los militares presentes en esa madrugada de junio en la Bodega de Tlatlaya fuera culpable del ajusticiamiento de uno solo de los presuntos delincuentes, todos los miembros del Ejército, desde su comandante supremo, Enrique Peña Nieto, su secretario, el general Salvador Cienfuegos Zepeda, cualquier soldado raso, de cualquier arma, de cualquier antigüedad en activo o retirado, sentirán un enorme dolor y vergüenza, eso es seguramente lo que hubieran escrito los periodistas Juan y Javier Ibarrola por todo lo que aprendieron de mi padre y ambos de su experiencia en el Ejército mexicano, así como mi hermano José Antonio con el que cuento aún en ésta tierra.

Si queremos todos justicia, esperemos que las instituciones civiles y militares las ejecuten, de otra forma vamos a caer en una pendiente muy peligrosa llamada anarquía o, peor aún, guerras fratricidas.

El presidente Enrique Peña Nieto consideró que es "inaceptable que en un Estado democrático y de derecho como México pueda haber localidades con vacíos de autoridad y, peor aún, con vínculos de complicidad entre autoridades y delincuentes".

El mensaje del Ejecutivo es muy claro. La justicia, en sentido literal, es un valor determinado como bien común por la sociedad, que nació de la necesidad de mantener la armonía entre sus integrantes. Es ese conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de individuos e instituciones.

Vivamos dentro del marco de legalidad y justicia, que nadie tome justicia por su propia mano. Juzgar parece fácil, pero se deben tener pruebas contundentes. Lo que me parece "justo" es llegar al esclarecimiento de los casos que arrastramos desde hace algunos meses en el país. No se puede pintar de "verde" ni de "rojo" nuestro MéXico.