Trayectos

¿Defeños, chilangos o ciudadanos?

El martes pasado los habitantes de la Ciudad de México despertamos con una noticia histórica, el Senado de la República aprobó la propuesta de reforma política para el Distrito Federal, la cual propone un cambio al estatus jurídico que consideraría a la ciudad una más de las entidades federativas.

Al parecer, con una serie de modificaciones se pretende centralizar más al poder político y administrativo de la capital, y por otra parte las 16 delegaciones se convertirían en alcaldías o demarcaciones territoriales, la cuales podrían acceder a los recursos de los fondos y ramos federales, y al mismo tiempo tendrían autonomía de gestión presupuestal.

De aprobarse esta reforma en ambas cámaras y por los congresos estatales, el nombre oficial del Distrito Federal sería Ciudad de México, sin perder su condición de capital y sede de los poderes de la Unión. ¿Cuál sería el gentilicio de sus habitantes?

Me surgen otras interrogantes, al ser entidad federativa la Ciudad de México tendría que tener un Congreso local que por derecho debería crear leyes y decretos al Congreso de la Unión.

Además, al tener un nuevo carácter libre y soberano podría participar en las reformas de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, pero ¿cuáles serían esos derechos y obligaciones adicionales a los reconocidos por la Carta Magna y qué pasaría con la actual Asamblea Legislativa del Distrito Federal?

Pero lo más importante ¿en qué nos beneficiaría o perjudicaría no sólo a los habitantes de la Ciudad de México sino a los del resto de la República Mexicana?

La asamblea constituyente de la Ciudad de México se integraría por 100 miembros, 60 de ellos electos en comicios organizados por el Instituto Nacional Electoral (INE), para el primer domingo de junio del 2016, y los 40 restantes serían designados de la siguiente manera: 14 por el senado, 14 por la Cámara de Diputados, 6 por el jefe de gobierno y 6 por el presidente de la República.

Esto parece una buena noticia para unos cuantos, el presidente Enrique Peña Nieto y el jefe de gobierno de la Ciudad de México Miguel Ángel Mancera felicitaron al Congreso de la Unión por esta reforma. Tendríamos que preguntarnos ¿por qué se felicita a un posible cambio, que en lugar de próspero parece ser un retroceso que se combina de la imposición, centralización y exclusión ciudadana. ¿Dónde queda la voz de los ciudadanos?

Todo indica que no todos están a favor. El pasado jueves 30 de abril la Cámara de Diputados frenó está política del Distrito Federal y aplazó su discusión para un periodo extraordinario de sesiones, o incluso hasta la próxima legislatura del Congreso de la Unión. Aunque diputados federales del PRI y PRD estaban más que listos para discutir y votar, los diputados del PAN frenaron la propuesta, pues piensan que no merece que salga una reforma forzada y sin el consenso de todos los actores políticos. ¿Por qué tanta prisa en hacer estos cambios?

Mi ciudad es chinampa en un lago escondido...