Trayectos

Corte de caja

Apenas ayer se cumplieron dos años de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto. Muchas cosas han pasado en tan poco tiempo, el balance general: dividido, ante la población y a través de encuestas publicadas por diversos medios de comunicación. Seis de cada 10 ciudadanos califican como "buena" su administración. Es un hecho que el país, todo, no pasa por buen momento; de hecho perfilo que estamos en un trecho muy grave en varios sentidos; la inseguridad y la economía siguen siendo los grandes retos para el gobierno federal. En los diez puntos que anunciara el Presidente, en Palacio Nacional hace unos días, para palear la inseguridad, uno llamó mi atención: el que ante la presunción de que el crimen organizado haya coptado a las autoridades municipales será titánico el esfuerzo, ya que por desgracia para nuestro país, y no tengo el dato preciso, de los más de 2,500 municipios de nuestro territorio, ya sea por plomo o por plata han caído en manos de "los hijos de puta", como dijera Héctor Aguilar Camín. ¿Qué hacer? En el programa de la televisión norteamericana, "The Voice", en el marco del Día del Veterano, entrevistaron a un Coronel retirado del Ejército, quien se sentía orgulloso de trabajar, como miles de ellos más, en un Starbucks. Yo quisiera ver, y respetando a mis fuerzas armadas, si en un acto de magia, se lograra que todos los que han vivido de la violencia, como los sicarios, secuestradores, se incorporarían a un trabajo honesto, vivir de manera honesta y con la moral en alto. ¿Dónde está la solución? En las redes de la delincuencia, por desgracia, se está por gusto, porque les obligan o por hambre. Haciendo un comparativo en el sexenio de Felipe Calderón, y justo en sus dos primeros años se trabajó para posicionar a nuestro país como una gran nación "declarando la guerra al narcotráfico y la delincuencia organizada", cientos de miles de muertos costó esta estrategia. Enrique Peña heredó un país convulsionado y dolido. Las heridas siguen abiertas y parecen no sanar. La gente esta inconforme, y tiene todo su derecho. Pero estoy harta de las marchas y paros todos los días. Comprobado está que no funciona; paraliza la economía y el libre transito. No todo se puede politizar, pero en México parece una costumbre. Un centenar de manifestantes han sido llevados a la cárcel y han salido libres. Justicia a medias, revanchismo, egoísmo, transas todos los días, en chiquito y en grandote. ¿Dónde está quedando nuestra moral ciudadana y el civismo? ¿Dónde la ética y la vergüenza? El corte de caja no es bueno para muchos. Debemos reinventarnos y encontrar a través de la fuerza ciudadana y el hogar mismo el cauce de la legalidad y la honestidad. Hoy la desaparición y muerte de 43 normalistas han movido las conciencias para bien y para mal, pero la memoria es flaca. El pasado sexenio dejó miles de muertes. Dónde están las voces que reclamen justicia. La hipocresía impera en nuestra sociedad, en todos los extractos sociales y los niveles de gobierno, urge erradicarla para beneficio de las futuras generaciones. A Enrique Peña Nieto le faltan cuatro años, y son suficientes, no sólo para mover a México, sino para transformarlo de fondo, pero un solo hombre, un solo partido político, la clase política entera no podrán hacerlo; será posible dando lo mejor de usted, querido lector y de millones de mexicanos que día a día nos levantamos a trabajar y dar lo mejor de nosotros. Los últimos sexenios, nos deben una real política demográfica, ni un niño más no deseado. Ese es el principio de todos nuestros problemas.