Galería popular

El arte a la plaza pública

En esos paseos de recreación o "viajes de trabajo" o "business trip" que realizan nuestros gobernantes muy de vez en cuando, seguro habrán notado el desplegado cultural que se puede apreciar en varias ciudades capitales del país, en donde buscan explotar al máximo sus atractivos, retacando sus plazas públicas de expresiones artísticas que van desde lo regional hasta lo cosmopolita. ¿Por qué no crear algo similar en Pachuca?

Hace unos días tuve oportunidad de entrevistarme con Laura Lubozac, representante de la productora Revolver Azul y encargada de organizar el segundo Encuentro Nacional de Performance (ENAPE) 2016 que se realiza en Pachuca y el cual busca enriquecer la oferta cultural en esta ciudad.

Ella al igual que yo percibe cierta marginación cultural en donde los primeros vapuleados son los artistas, además de que en Pachuca la economía cultural es prácticamente inexistente. Más allá de que no hay mucha apertura hacia otras corrientes artísticas como es el performance, y se prefieren las que exaltan el mexicanismo, hay cierta deuda con los artistas y con la cultura.

Es triste ver cómo los artesanos tienen que andar como nómadas de un lado a otro del Centro Histórico de la ciudad, casi limosneando un espacio para exponer su trabajo. A los que les va bien tienen una mesa y una sombra en la Plaza Constitución pero a veces deben moverse porque el espacio será ocupado para otros fines. A los que les va mal pues el piso es el único mostrador para sus artesanías.

Esta semana también me tocó ver cómo los más de 30 comerciantes que se instalaron en la citada plaza para la venta de la Candelaria, vieron con malos ojos a un joven de esos que recrea paisajes oníricos y del universo mediante el spray y su imaginación.

En otra ocasión fui testigo de cómo un trabajador del ayuntamiento llegó y quitó a uno de estos muchachos de la banqueta de la calle de Guerrero, donde con sólo el suelo como área de trabajo, deleitaba al público, hasta que fue interrumpido y ni siquiera se le permitió terminar el cuadro que pintaba sagazmente. No hay espacio para que este joven muestre su trabajo y se gane la vida honradamente. No hay espacio para nuestros artistas.

Desde luego, la indignación de la gente que presenció la escena fue total: Llovieron comentarios en alusión a la poca productividad de los burócratas, a la rapacidad de los funcionarios y otras lindezas por el estilo. El joven casi en calidad de delincuente se levantó y huyó por el delito de exponer su arte en el suelo.

Por otra parte, desde la academia, en las universidades, la cultura se ha vestido de un carácter obligatorio y serio. En la UAEH desde hace pocos años, los alumnos tienen que acudir por obligación a al menos nueve eventos culturales cada semestre, y llevar evidencias como fotografías y videos al tutor de su grupo.

La obligatoriedad ha creado un efecto contrario al que se persigue, que es supuestamente fomentar la cultura entre los jóvenes. Lejos de sembrar algún gusto por ir a actividades artísticas se cosechan animadversiones y resentimientos, pues tienen que ir como acarreados a presenciar algún evento artístico o cultural.

Es penoso pero no faltan los chavos que vayan al concierto de la Orquesta Sinfónica de la UAEH con audífonos, los cuales les proporcionan música "más chida" y de su muy particular gusto; y sin rubor presentan como evidencia de que acudieron a una actividad cultural, la fotografía en donde posan con sus auriculares bien puestos. Uno se pregunta: ¿pues de qué se trata? ¿De hacerle al tonto que somos cultos? ¿De llenar el requisito?

Es por ello que existe una urgente necesidad de abrir espacios para nuestros artistas y acercar su creatividad y su trabajo con la población; colocar las expresiones artísticas en aparadores populares como son las plazas públicas y esto mucho depende de las decisiones que toman los privilegiados que están colocados en esos puestos que resultan determinantes en las políticas públicas que llevan a cabo los gobiernos.

fannia.cadena@milenio.com