Galería popular

Popularizar la Cultura

A veces los espacios en los medios impresos de comunicación destinados a la cultura se diseñan y se escriben de forma tal que en lugar de ser una ventana para determinada expresión artística, fungen como un espantajo: avisan que existe la cultura, pero invitan a no acercarse a ella.

Esta columna de letras no pretende ser un espacio que defienda las puertas entre la cultura y la población; el cadenero que discrimine y determine quién sí tiene acceso y quién no; sino por el contrario, colocar en esta galería diversas expresiones artísticas, a ras de piso y no en un nivel elevado difícil de ver y más aún de entender.

Que una obra de teatro, una pintura, un libro, se vuelva tan popular como varias colonias de Pachuca; tan popular como una canción de Los Ángeles Azules o los tacos de Don Güero, en Tulipanes.

Ha faltado quitarle el velo docto, intelectual a la cultura. En Radio UNAM por ejemplo, la música clásica es presentada por una voz erudita, a veces hasta somnolienta. Hay veces que ya se acabó la música y el locutor tarda varios segundos en hablar, parece que se quedó dormido y lo acaban de despertar.

Otro ejemplo: las lecturas infumables que dejan leer por tarea a los pobres e indefensos estudiantes de primaria o secundaria que ni siquiera han leído nunca El principito, de Antoine de Saint-Exupéry. Es como si a alguien que apenas, con trabajos sabe restar y sumar, se le pone a resolver un problema de cálculo integral.

La lectura debe fomentarse primero con cosas digeribles, atractivas, que inviten a adentrarse al mundo de la lectura y ya después, conforme el lector determina qué tanto y en qué ritmo elevar el nivel de complejidad de su lectura. Un amigo me dijo hace poco "es que la plebe no invertimos en comprar libros", pero sería una falacia decir que sólo quienes tienen mayores recursos pueden acceder a un libro, a la cultura. Está la Biblioteca Central del Estado, está el internet, no hay pretextos.

Pasa lamentablemente que la cultura cuando cuesta, cuando implica cierto esfuerzo económico, es más valorada que aquella a la que se accede gratis. En Pachuca pareciera que los conciertos de Jazz son para la élite que tiene el poder adquisitivo para pagar su boleto de arriba de 200 pesos en algún restaurante, ¿por qué no poner esos mismos conciertos en las plazas públicas? a la vista y al alcance de todos. Mejor salió de la iniciativa privada organizar el Festival Internacional de Jazz en Pachuca, pero este es solamente una vez al año, ¿y los demás días?

Alguien puede comentar aquí que un concierto del "potrillo" Alejandro Fernández en el palenque de la Feria de Pachuca cuesta más de 600 pesos y la gente los paga con gusto y lo prefiere mil veces a escuchar a la Banda Sinfónica del Estado, por ejemplo.

¿No será que se necesita acercar más a "la plebe", otras propuestas, otros contenidos, otra calidad? En la calle se escuchan cumbias, música norteña y reggaetón, ¿eso es lo que realmente quiere escuchar la gente, o será que sólo es lo que tiene al alcance?

El año pasado el ayuntamiento de Pachuca trajo a una de las agrupaciones más emblemáticas de la música tradicional y de protesta: Los Folkloristas. Estuvieron en la Plaza Constitución y puedo decirles que su presentación fue tan exitosa como un concierto de cualquier banda grupera, con la diferencia de que no hubo alcohol ni baile pero sí una gran calidad en música y letras, además de que lejos de presentar música para atarantar a la concurrencia, es música con un mensaje de conciencia social, el cual no sobra en este país.

En una época en que las canciones que suenan en la radio no son las de mejor calidad sino las que pudieron pagar para salir al aire, en un tiempo en el que pareciera que el gusto por la buena música se ha extraviado, y que la cultura se encuentra enclaustrada, reservada para unos cuantos iniciados, esta columna pudiera no ser en balde, parafraseando un poco a Víctor Hugo.

fania.cadena@milenio.com