Estado de Derecho

Al fin y al cabo, muerte

Periodistas de luto por la muerte de Javier Valdez Cárdenas, fundador del semanario "Ríodoce", autor de libros y persecutor de la información relacionada con la seguridad y el narcotráfico. De la fuente que en este país te mata a tiros, incluso en plena luz del día.

Quizá por esto es que su muerte ha resonado más. Porque lo mataron allí, frente a todos y de cara al edificio donde imprimía aquello que incomoda a los asesinos.

O quizá tuvo eco porque se convirtió en el sexto este año y en el número último que hoy suma 105 periodistas asesinados o desaparecidos en los últimos tres sexenios.

Puede ser que su muerte indigna más debido a un Estado no sólo rebasado, sino en algunos casos señalado de cómplice o peor aún, de autor intelectual.

"Hace años que no se veía una cosa así. Recuerdo lo espeluznante que fue el asesinato artero, por la espalda, del periodista Manuel Buendía", me comenta don Enrique Montero Ponce en un corte comercial que más adelante retomamos al aire.

Y bien que sí. Manuel Buendía Tellezgirón muere con cinco balazos en la espalda que más adelante paga con cárcel, como el autor intelectual, el entonces director de la Dirección Federal de Seguridad en el sexenio de Miguel de la Madrid en los años 80, José Antonio Zorrilla Pérez, a quien algunos periodistas libres y serios consideran sólo el "chivo expiatorio". Al final, se trata de un crimen de Estado.

Como Buendía, Valdez dedicaba su tiempo y su tinta a los asuntos del crimen pero también, del crimen en amoríos con los políticos y los servidores públicos.

Aquí el tema se torna complejo, ¿el periodista es asesinado porque trabaja para destapar al criminal, o es asesinado porque trabaja para destapar al político que hace negocios con el criminal? ¿Quién jala el gatillo? ¿Lo jalan los dos? Es quizá eso lo que indigna.

Matan al periodista, pero matan al "huachicolero", pero matan al militar, pero matan al "halconcito".

Matan a la maestra que cae por el arma de uno de sus alumnos y matan al empleado del contador que saca dinero del banco.

Matan al paciente del IMSS que no tiene tiempo para esperar un quirófano y matan al niño indígena de hambre, porque el secretario o secretaria de Desarrollo Social tiene órdenes de desviar los recursos para la siguiente puta campaña.

Periodista, "huachicolero", militar, "halconcito", maestra de un colegio, paciente del IMSS, indígena sin comida y sin respeto; al fin y al cabo es vida. Al fin y al cabo es muerte. ¿Qué pasa México?

 Twitter: @FApulido