Estado de Derecho

La democracia poblana que muerde la mano

Hace unos días un amigo decía: “Eso es la democracia”, cuando le exponía mi sorpresa sobre el avance que ha tenido Donald Trump no sólo entre los republicanos sino frente a Hillary Clinton, su rival. Y escuchando sus argumentos pero sobre todo apelando al sentido común, tuvo desde el inicio la razón. En la democracia todos, absolutamente todos, tienen el derecho a llegar a un puesto de elección popular.

Sin embargo en el juego de la democracia se establecen reglas y es allí en donde la dichosa democracia puede incluso darle la espalda al ciudadano, por absurdo que esto parezca.

En este momento, los legisladores poblanos están impulsando una reforma que modifica las reglas del juego. Reglas que, de avalarse, limitan al ciudadano a conseguir por la vía independiente un puesto de elección popular (Quizá cuando lea esto habrá sido aprobada).

Lo entiendo, en la democracia todos tienen derecho a llegar, sí. Pero cuando en un país como México esa democracia se ejerce con base en las reglas que ponen los jueces y partes dueños del poder, el modelo democrático queda sometido, otra vez.

¿Quiénes son los que impulsan esta reforma que hace inviable el que usted, yo o cualquier otro ciudadano que paga impuestos sea candidato independiente? Así es, le atinó: Son los legisladores del PRI y del PAN que no hace mucho tocaron a su puerta, lo visitaron en su negocio y le interrumpieron un café para asegurarle que, si votaba por ellos le defenderían a capa y espada, buscarían su bienestar y sobre todo, lo representarían ante el Estado. Así es, esos mismos a los que usted y yo les damos de comer, se voltean una vez más para modernos la mano.

¿Cómo pretenden hacer inviables a las candidaturas independientes en Puebla? Con dos reglas letales para cualquier aspirante: La primera, conseguir ya no el dos por ciento sino el tres por ciento en firmas del padrón electoral (Más de tres mil firmas para una diputación y 131 mil firmas para buscar la gubernatura). La segunda, que estas miles de firmas lleguen por propio pie a las oficinas de los órganos electorales: ¿Cómo se atreven estos diputados a votar una reforma cuando muchos de ellos llegaron como candidatos a través del dedo de un amigo, de un compadre o de un hermano?

Sí. Cualquiera puede llegar en el juego de la democracia no sin antes hacer caso a las reglas. Reglas que una vez más se inclinan a favor de los que ya están allí y se hacen dueños del tablero y de las fichas. ¿Les entramos al juego?

 

Twitter: @FApulido