Estado de Derecho

Cuídate de un político, más si es candidato

Sonrisas por aquí, sonrisas por allá. Bueno, hasta el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas ha llegado a sonreír cuando de campañas políticas se tratan.

Así sucede en Puebla en estos días. En corredores de universidades, en restaurantes, en ceremonias oficiales, en eventos sociales y en cabinas de radio, la sonrisa y la camaradería de los candidatos o mejor dicho, de los que aspiran a serlo, sobran por borbotones: "Mi querido amigo", "mi querida amiga", "Licenciado tanto gusto, señora ¿cómo le va?".

La reverencia de todos estos animales políticos, que tienen más colmillo que Diego el de "La era de hielo", es proporcional a la de los lambiscones que creen que por hacerle caravanas al posible candidato, les va a aparecer el predial en ceros o el control vehicular sin cobro. Tal para cual.

Pero lo que da más risa o pena ajena, es ver a aquél o a aquella que, sabiéndose eliminado de la contienda, no repara en voltear la cara para evadir al universitario, evitar un apretón de mano con algún ciudadano o dejar parado en un restaurante a alguien, que pudo ser su promotor de campaña económicamente hablando: "Como ya no juego, no me importa".

Esto le pasó a un buen amigo que, jugando también sus piezas de ajedrez, estuvo dispuesto a apoyar económicamente a Enrique Doger en su campaña para la minigubernatura pero, al saberse Doger fuera de la boleta electoral, después de la visita a Puebla de Manlio Fabio Beltrones, ya no le importó quedar bien con él o con cualquier otro: Y lo que significó para el aspirante recorrer el comedor de todo un restaurante con la idea de extender el institucional abrazo priísta, hoy lo resuelve con una manita de "hola" desde lo lejos. Por lo menos el chivo de Tehuacán no sufrió tal desaire.

Pero esto sucede con los que no quedan. Pero, ¿con los que sí? ¿Qué ocurre con aquellos que obtienen su Constancia de Mayoría? Pues algo parecido. Se olvidan del electorado y de quienes los apoyaron. Por lo menos conozco un caso así en Puebla: Cuando Blanca Alcalá ganó la alcaldía de la capital, no volvió a tomarle una sola llamada a la agencia de branding que la apoyó, tanto en la campaña política como en la interna, con cuya estrategia hicieron que ganara la candidatura del PRI.

Es el amor del político, falso. Es la amistad del político, sin memoria. Es el actuar de quienes carecen de un liderazgo nato y de una actitud de servicio.

Vienen tiempos de propaganda, de sonrisas falsas y de abrazos huecos. Y no importan las siglas casi todos se cortan con la misma tijera.

Twitter: @FApulido