El segmento inmobiliario

Poco después de que los autoservicios comenzaran a operar en México (podríamos pensar que fue en 1958, con la apertura del Aurrera de la calle Lucas Alamán, en la capital), descubrieron que aumentarían su clientela si se ubicaban en medio de un grupo de tiendas que impulsaran la afluencia de compradores y los pequeños negocios se percataron de que estar al lado de un autoservicio les daba mayores posibilidades de venta.

La evolución del concepto fue muy dispar, en algunos casos se disminuyeron o casi desaparecieron los locales adicionales, en otros crecieron hasta incluir pista de patinaje como en La Noria y abarcar las dos aceras de una avenida.

Posteriormente, las tiendas departamentales decidieron hacer lo mismo y se convirtieron en dueños o codueños de plazas comerciales, así surgieron plazas como Angelópolis. Se creó el concepto de tienda ancla y todos observaron como las pequeñas plazas comerciales, sin una gran empresa que sirviera como imán, no lograban trascender como Plaza América, mientras las otras prosperaban al lado de grandes almacenes, como Plaza Cristal con Fábricas de Francia y Chedraui.

Pero el concepto siguió evolucionando y algunas empresas lo entendieron en su oportunidad y, de estar aislados, decidieron interconectar una plaza y crear su propio centro comercial. Es justo hacer notar la importancia que en este desarrollo tuvieron las cadenas de cines como Cinépolis o Cinemex.

Pero el segmento inmobiliario sigue siendo diverso en estas organizaciones que no parecen decididas a dar el gran paso adelante, tal como el futuro comercial se los demanda. Algunas incluso mencionan que los ingresos de su segmento inmobiliario son poco importantes. Tal vez, la aparición de los Fideicomisos de Inversión en Bienes Raíces (FIBRAS) haya llamado suficientemente la atención a través de la emisión de los Certificados Bursátiles Fiduciarios Inmobiliarios (CBFI). Estos fideicomisos están invertidos en su mayor parte en bienes inmobiliarios arrendados y se han puesto de moda en los últimos años.

Pero la solución parece diferente. Cuando se ven modelos nuevos, como el edificio Samara, Reforma 222 o la plaza Patio Universidad, en la capital; Plaza Américas, en el Puerto de Veracruz, o Plaza Triángulo, en Puebla, puede atisbarse ese futuro, que ya funciona en otros países. Una plaza comercial que tiene sobre sí uno o varios edificios de oficinas y/o departamentos o un hotel, con varios pisos destinados a locales comerciales, con diversidad de giros, aunque uno de los mejor representados es el de alimentos y bebidas. No es tan difícil convertir las antiguas plazas comerciales en estos nuevos modelos, con las debidas alianzas estratégicas y diversificando el riesgo.

Francisco Calleja

francisco.calleja@udlap.mx