Prevención de la violencia obstétrica

Parte II de II

¿Dónde está la falla? Será el pensamiento burocrático del servidor público unido a la desidia y, en ciertos casos, negligencia o bien la falta de interés de las autoridades administrativas, las cuales teniendo unidades hospitalarias no procuran que cuenten con los instrumentos ni el material adecuado para la correcta labor del médico, ni tampoco contratan personal sanitario en número suficiente para cubrir las necesidades de salud de la población, recurriendo a citas prolongadas, y así por factores del azar se resuelva el problema; será la falta de una correcta relación médico-paciente, con defectos tanto de uno como de otro lado del binomio, al verse el médico en numerosas ocasiones abrumado por la cantidad de trabajo que se le asigna, siendo humanamente imposible atender al paciente con el cuidado y dedicación que se merece y éste a su vez tampoco coopera con el médico al no asistir a sus citas, ni seguirla terapia designada, existiendo además una falta de confianza por la pobre o nula comunicación que hay entre los dos, debido a que no siempre es el mismo médico, dificultades para acceder a la consulta (colas interminables desde tempranas horas de la mañana, lejanía de los centros médicos, desabasto de medicamentos), prefiriendo consultar al farmacéutico o, peor aún, al amigo.

Si se habla de prevenir la “violencia obstétrica”, para ello se tendrá que trabajar tanto con los médicos como con los pacientes, promoviendo, en primera instancia, establecer la confianza y comunicación que debe de existir entre ambos, naciendo ésta del trato y del interés que pongan en su relación: el médico escuchando y el paciente siguiendo el tratamiento establecido. En el caso de la mujer embarazada cumpliendo con sus citas, atendiendo a las indicaciones y teniendo en mente la fecha de su parto para así tomar las previsiones necesarias, logrando de esta manera que su atención sea la correcta y con las condiciones óptimas: una clínica con las condiciones higiénicas y de accesibilidad adecuadas, el instrumental necesario y el equipo médico completo, anestesiólogo, enfermera, el obstetra, o en su defecto, el médico general o el pasante entrenados para atender el parto y de ser necesario saber cuándo enviar a la paciente a otro nivel de atención, muy especialmente tratándose de los pasantes en servicio social, quienes aún se encuentran en periodo de formación.

La “violencia” en la relación médico-paciente, se eliminará fácilmente en una sola frase: humanizando la medicina, no sólo de palabra.

Marco Antonio Manuel Casas y Arellano

marco.casas@udlap.mx