Del PIB y la divulgación

Recientemente, he platicado con un ex alumno que hoy cursa sus estudios de maestría en un programa europeo de alto rendimiento. Recibí todas sus observaciones, siendo poco frecuente que un egresado retroalimente sobre lo «no tan bueno» de su formación universitaria. La charla derivó en la pregunta de siempre, « ¿qué harás cuando concluyas tu posgrado? No lo sé. Lo más probable es que continúe el doctorado y busque una plaza en algún centro de investigación europeo».

La realidad es que nuestro país no tiene las condiciones de recibir a todos los recursos humanos de alta calidad que se están formando en México o en el extranjero: las recientes políticas de administración de recursos en ciencia y tecnología son insuficientes. Países como Austria, Dinamarca, Estados Unidos, Israel, entre otros, destinan más del 2.5% del PIB en investigación y desarrollo, mientras que México no alcanza el 0.5%, a pesar de las promesas y compromisos políticos de alcanzar el 1%. Un espejo en donde deberíamos reflejarnos es la República de Corea, país que ha sufrido ocupaciones y guerras (1910-1945, 1951-1953) y que actualmente es una potencia: su secreto, destinar más del 4% del PIB en I+D y hasta un 7% en educación. Además, ha endurecido las sanciones ante fenómenos de corrupción, siendo que dobla a nuestro país en su calificación de buena percepción frente a este mal y, aunque las comparaciones son odiosas, en algún lado debemos buscar modelos para alcanzar el tan anhelado «bienestar».

La responsabilidad, sin embargo, no sólo es de nuestras autoridades, muchas veces los científicos somos poco comunicativos de nuestro trabajo, o logros, para con la sociedad en general. No en vano la percepción de la sociedad es que «tenemos poder que nos hace peligrosos». Aunque, lo cierto es que no sabemos cómo llegarle al ciudadano común, porque no hemos sido instruidos en ello. En la medida en la que seamos capaces de compartir a la sociedad, y a nuestras autoridades, los avances de nuestro trabajo a través de un lenguaje cercano, éstos serán parte de su vida cotidiana, tal y como hoy los son las telenovelas o los programas con gente peleándose. Si hacemos evidente que la ciencia es parte de sus vidas y los enteramos de la importancia que esto tiene, por ejemplo, la investigación de las enzimas para mejorar la calidad del detergente, hacer más barata la síntesis de sus medicamentos, el combate de enfermedades emergentes, hacer más eficientes los procesos de producción de alimentos y bebidas, entre muchos otros, la gente verá que la ciencia es un aliado, los gobernantes y empresarios una alternativa de desarrollo social y una forma de hacer negocio, y los científicos seremos más útiles para la sociedad.

Daniel Lozada Ramírez

jose.lozada@udlap.mx