Haciendo a las ciudades resilientes

El pasado mes de marzo, Sendai (Japón) fue sede de la «Tercera conferencia mundial de las naciones unidas sobre reducción de desastres». El eslogan de la conferencia fue «Resilent people Resilient planet» (Gente resiliente – Planeta resiliente). El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, describió la conferencia como «el primer paso de nuestro viaje a un nuevo futuro». ¿Planeta resiliente? La Real Academia Española ha incorporado en la versión más reciente de su diccionario el término resiliencia como un «artículo nuevo», al que define como la «capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas». Entonces ¿qué significa que la ONU promueva acciones para que nuestro planeta sea resiliente? En el 2010, la ONU lanzó la campaña «Making Cities Resilient» (Haciendo a las ciudades resilientes), y hoy 2500 ciudades o áreas urbanas ya están participando.

En el sitio web: www.unisdr.org/campaign/resilientcities/cities, pueden ser encontradas las ciudades o áreas urbanas que participan en esta iniciativa de la ONU; de nuestro país están registradas: la Ciudad de México, el área urbana de Solidaridad y el municipio de Toluca de Lerdo.

Ante esta iniciativa, seguramente los gobiernos de muchas ciudades de nuestro país responderán que cuentan con programas de protección civil y que están listos para ser aplicados en caso de ser necesario. Si es así, ¿tendrán estos programas el propósito de hacer a las ciudades resilientes? En el marco de la conferencia ya mencionada, la oficina de la ONU para la «Reducción de riesgos por desastres», promovió la adopción de la norma ISO 37120 para «Ciudades resilientes y sostenibles»; 45 ciudades alrededor del mundo han adoptado e implementado esta norma. Sería conveniente que nuestros programas de protección civil fueran fortalecidos con la adopción de esta norma.

Es terrible tratar el tema de la resiliencia del planeta porque significa que estamos aceptando que será más frecuente que enfrentemos desastres naturales o que estos serán de mayor magnitud a los actuales. También significa que el daño que hemos provocado al medio ambiente es irreversible y que cualquier nuevo llamado a la sensatez para que nuestro comportamiento individual y colectivo sea socialmente responsable, es inútil ¿será cierto? Lo recomendable es que avancemos en dos sentidos: a) reconocer el impacto de nuestras acciones y decisiones diarias en el medio ambiente y modificarlas para reducir el daño al mismo; y b) conversar con una frecuencia razonable con nuestra familia, nuestros vecinos y nuestros amigos sobre las acciones a tomar en caso de que ocurra un desastre natural. Por supuesto que no es un tema de conversación agradable, sin embargo, estas sencillas acciones contribuirán a que nuestras comunidades sean resilientes, cuando las circunstancias lo requieran.

Juan  Rojas

juan.rojas@udlap.mx