Articulista invitada

Multiculturalidad, clave del respeto a derechos humanos

Uno de los grandes retos de México en el siglo XXI es generar una nueva conciencia de respeto e inclusión de la multiculturalidad y, con ello, de reconocimiento a la diversidad como parte del patrimonio de nuestra cultura nacional. Somos más de 15 millones de hablantes de lenguas locales maternas y 62 pueblos distribuidos en los cuatro puntos cardinales del territorio nacional. En casos como el de Oaxaca, la población que se autoafirma como indígena o afrodescendiente supera la mitad de los casi 4 millones de habitantes que somos. De ahí la importancia de ir construyendo relaciones interculturales entre los pueblos que habitamos el mismo territorio.

México es muchas culturas, realidades, lenguas y formas de pensamiento. Los indígenas hemos logrado preservar y enriquecer la realidad social, política y económica del país a partir de nuestra incorporación al México contemporáneo a través de un largo proceso histórico, a veces complejo, muchas veces doloroso, pero siempre retador y lleno de esperanzas.

No importa la forma en la cual nombremos a la madre tierra o de cuantas maneras distintas pronunciemos los elementos del universo o incluso si nuestra cosmogonía nos enseña que el mito de la creación es una mezcla de barro con el aliento divino de la montaña y no emerge de una costilla humana, dicho esto con todo el respeto. Las mexicanas y los mexicanos que hablamos una lengua materna indígena queremos ser parte de una nueva realidad, donde reine la equidad, el respeto, la justicia y la libertad.

En esencia, los derechos humanos son todavía una asignatura pendiente en el propio microcosmos de nuestros pueblos y comunidades indígenas. Persisten aún, detrás de las paredes de cristal de los Usos y Costumbres, una serie de violaciones a la dignidad, a la integridad, a la salud, al patrimonio, a la educación y a la vida de mujeres, ancianos y menores de edad, principalmente. Ello hace mucho más complicada la construcción de una nueva cultura de respeto y de inclusión de la multiculturalidad en la interacción de los indígenas con el resto de la sociedad. No hacen falta muchas evidencias para comprobarlo, basta darnos cuenta en nuestro propio lenguaje cotidiano, en donde a lo indígena se le llama despectivamente "indio" y a nuestra cultura se le califica de "folclórica".

En general, la sociedad contemporánea observa con curiosidad la vida de nuestras comunidades y nos califica de grupos vulnerables, como si esa fuera una condición de minusvalía. Entonces, luchar contra los paradigmas culturales es una tarea todavía titánica, sobre todo si se piensa que lo indígena es una materia de museo y está grabada en las piedras de los sitios arqueológicos. Los indígenas no somos un pasado que murió ni se detuvo en el tiempo, somos parte de la sociedad actual y formamos una cultura viva y en constante evolución.

En ese proceso de transformación, la evolución de nuestro marco legal ha protegido muchos avances, como el derecho al voto activo y pasivo de las mujeres, las regidurías de derechos humanos en municipios indígenas, la educación básica bilingüe para preservar la diversidad lingüistica y el derecho a la consulta previa, libre e informada sobre proyectos públicos y privados en los territorios de nuestros pueblos originarios.

Es tiempo de romper las paredes de cristal del mundo indígena y hacer visible la realidad de los Usos y Costumbres para integrarnos como parte de una sociedad mexicana multicultural. Los derechos humanos son para todos: los indígenas, las mujeres, las comunidades urbano-marginales y todos aquellos que son sujetos de discriminación por el color de su piel, lengua, credo, raza, estatus social o preferencia sexual, ideológica o política. Sin discriminación. Sin violaciones. Sin excepciones.