No tienen vergüenza

El día 18 de marzo, en la Plaza 18 de Marzo de Guadalajara, por donde estuvo la penal, por las calles del oriente de la ciudad, aparecieron muy de mañana dos coronas misteriosas al pie de la estatua de bronce del Presidente Lázaro Cárdenas: una era del Congreso del Estado; la otra del Gobierno de Jalisco.

Coronas hipócritas, litúrgicas. Porque fue en ese mismo Congreso, en diciembre de 2013, donde se ratificó la “reforma estructural” que de hecho revertía la gesta heroica del 18 de marzo de 1938; y encima se acusó de vandalismo a los manifestantes pacíficos, por una protección de ventana arrancada (cuya autoría nunca ha sido aclarada legalmente). Cuando el verdadero vandalismo lo estaba cometiendo la mayoría legislativa PRI-PAN en el interior del recinto.

Pero eso no es más que un incidente. En este mismo 18 de marzo, Enrique Peña Nieto, al encabezar la conmemoración de aquella patriótica Expropiación Petrolera de 1938, ratificada por el pueblo-pueblo con sus más modestos y aun entrañables enseres, dijo sorprendentemente: “Muchos dudaban de que los mexicanos tuviéramos la capacidad, el conocimiento o la experiencia que demandaba la actividad petrolera. Sin embargo, en menos de tres meses, Petróleos Mexicanos estaba operando, estaba de pie, y así se ha mantenido desde entonces”.

No lo dijo Enrique Peña Nieto, ni jamás desde entonces lo ha hecho público Televisa, que desde 1982 hasta 2014, Petróleos Mexicanos ha contribuido, solita, con el 40 por ciento, o sea: casi la mitad de todo el Presupuesto Federal, extrayendo de manera no recuperable de nuestro subsuelo nacional y exportando más de un millón de barriles diarios, para garantizar la seguridad energética de ajenos descuidando la propia; y además para no cobrar impuestos a los grandes-grandes consorcios privados que acumulan descomunales ganancias.

No dijo que la Secretaría de Hacienda de México, que tiene esclavizada y desangrada a Pemex, recauda de la economía del mercado nacional la mísera proporción de12 por ciento sobre producto nacional, cuando las 20 economías más importantes del mundo (México en el lugar 14) recaudan en promedio 39 por ciento de su economía privada.

Tampoco dijo Peña en esta 78 conmemoración (porque no había nada que celebrar) que este año concluido 2015 Pemex bajó su aportación al Presupuesto Federal, debido al derrumbe del precio internacional del crudo, del 40 al 19 por ciento; por andar apostando a la globalidad que no dominan.

Lloriqueando Videgaray y Carstens publican que su descalabro fiscal se debe “a factores externos”, cuando ha sido el mismo grupo de poder neoliberal al que pertenecen el que tomó la aventurada decisión de exportar crudo no recuperable al azaroso y volátil mercado internacional.

Contradiciendo el patriótico designio de Lázaro Cárdenas y de su pueblo, de que el petróleo patrimonio de los mexicanos fuera la base de la industrialización nacional, a través de las refinerías, de la petroquímica básica, e incluso de la producción propia de los fertilizantes para garantizar la seguridad alimentaria del pueblo mexicano.

Durante 40 años: de 1942 a 1982, sin exportar crudo siguiendo ese lineamiento original del petróleo como base del desarrollo nacional, la economía mexicana creció en promedio 6 por ciento anual. Desarrollo nacional de verdad.

Nada dicen, porque no tienen nada que decir, ni Peña ni Videgaray ni Carstens, que desde 1979 no se ha vuelto a construir ni una refinería más de las 6 que había y que entonces eran suficientes para abastecer la movilidad nacional. Que se hicieron remolones con la acordada en 2008. Que nos faltan otras 5 por construir.

Nada dicen que hoy importamos la mitad de la que consumimos. Que algún despistado anda contento ahora porque va a utilizar gasolina gringa, cuando la mitad de la que hoy carga ya la importa Pemex; y ahora la van a importar marcas internacionales.

Ahora Videgaray va a la “recuperación financiera” de Pemex. Se necesita cara dura cuando al cierre del 2015, le arrancó a la empresa nacional mucho más de sus jugosas ganancias  de resultados antes de impuestos; y encima la humilló dejándola contablemente con números rojos, como lo han venido haciendo por tres decenios.

Naturalmente, ahora Pemex, una vez más, se endeudará, como la ha obligado Hacienda por más de 30 años, porque obtuvo una línea de crédito hace unas semanas por 15 mil millones de pesos de la banca de desarrollo, “para pagar a proveedores”. Que quede claro.

Peña y Videgaray y el flamante director José Antonio González Anaya andan muy orgullosos por el rescate. Lo dicho. No tienen vergüenza.

 

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