Si de veras quiere propuestas, ciudadano Peña

 

Nuevamente un abrazo fraterno a Alejandro Encinas

 

El ciudadano Enrique Peña Nieto, titular del Poder Ejecutivo federal, reclama “una actitud positiva, constructiva y de propuesta” de los ciudadanos de a pie, soberanos electores ahora protestantes por la desastrosa conducción de la República (desde hace más de 30 años).

Tendremos que empezar de nuevo. Porque casi todas ellas están escritas en un libro publicado en 1917. Todavía es un libro de no muy difícil lectura. A pesar de todo.

En aquel entonces el 90 por ciento de los 15 millones de mexicanos eran analfabetos. Por eso el artículo tercero decidió la enseñanza universal, gratuita y laica, como gran mecanismo de inclusión social de todos.

A mediados del siglo XX, para facilitar la lectura a los niños de lento aprendizaje, se añadió que el criterio educativo “será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Ese constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo está gravemente estancado y hasta revertido en estos últimos 30 años.

Ahí está, pues, claramente la primera propuesta: recuperar la enseñanza pública gratuita, recuperar la matrícula universitaria, recuperar la construcción de las escuelas de la misma calidad para todos los niños mexicanos, regenerar integralmente las normales rurales en orden a cuidar de los niños en desventaja. Clausurar el 27 batallón de Iguala; no la normal rural de Ayotzinapa.

Los poderosos nos han venido recordando en estos tres últimos años que vivimos en América del Norte. Tanto así que nos han forzado a que cambiemos el Texto Rector de la Nación para “garantizar la seguridad energética de América del Norte”.

Pues bien, esa maldición geográfica nos pone en la tesitura de tener que atender una creciente adicción norteamericana a las drogas, sobre la cual no tenemos ningún control. Su prohibición hipócrita nos ha inundado de armas de alto poder, cuya introducción ilegal no ha podido impedir la institución encargada de cuidar nuestras fronteras.

Esas armas hacen más daño a la salud que las drogas, el tabaco y el alcohol juntos: el país entero lleno de fosas anónimas de homicidios impunes. Mucho más allá de un municipio o de una escuela normal.

Ahí va, pues, la segunda propuesta: hay que acabar con esas armas. Cómo se le pone el cascabel al gato es responsabilidad del Poder Ejecutivo. Pero es claro que no tendrá solución aumentando los efectivos militares o policías con más armas.

A esta ignorante columna (al igual que a muchos expertos con sentido ético y responsabilidad social que lo han pensado mucho) sólo le viene a la mente que suprimir la Prohibición quizá no reducirá por sí misma las adicciones; pero contribuirá a acabar con las fosas repletas de cadáveres anónimos y de crímenes impunes (ni siquiera registrados).

La referencia histórica de la Prohibición del alcohol en Estados Unidos en 1920-30 es bastante ilustrativa: al eliminarse no se acabaron los borrachos, pero sí las ráfagas en Chicago. Al Capone acabó en la cárcel: por no pagar impuestos.

La tercera propuesta está también en el libro de 1917: remuneración adecuada al esfuerzo humano, al factor trabajo. Es protesta y es propuesta.

Es protesta porque desde 1976 ha venido cayendo vergonzosamente, ilegalmente, irracionalmente, absurdamente el salario mínimo y el poder adquisitivo de las familias trabajadoras. Las cifras son contundentes; al igual que las reclamaciones y advertencias de organismos internacionales como la OIT o la CEPAL,  y hasta la misma OCDE.

Es no sólo una terrible injusticia contra el 99 por ciento. Es una estupidez, una miopía económica: han estrangulado el mercado interno. Se van al extranjero cientos de miles de millones acumulados en México con la organización y el sudor de los mexicanos: 62 mil 500 millones de dólares en esta administración (el 82 por ciento de la deuda neta del gobierno) y 300 mil millones desde el año 2000 (una cuarta parte del producto nacional)

Esta fuga de capitales no se da por miedo de los inversionistas. Se van por falta de mercado interno: no es redituable porque no hay demanda, porque no hay ingreso familiar, porque no hay salario. Por eso no invierten aquí.

La propuesta de nosotros los protestantes: “los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural”. Así habrá mercado.

Ciudadano Peña: volvamos a 1976 cuando crecía la economía. Hay otras propuestas que no caben en esta nota. Pero un texto de hace 2000 años dice: “el que pueda leer, que lea”.

P.D. O el Ejecutivo ha perdido control sobre las fuerzas armadas; o él ordena las violaciones. En cualquier caso: golpe de Estado virtual.

 

www.estebangaraiz.org