El que tiene más saliva traga más pinole

Mucho se ha dicho ya sobre el tema: la política es el arte de lo posible; en una democracia real, la pluralidad inevitable de opiniones, creencias, intereses grupales y valores sociales lleva obligadamente a la negociación dialogada y pacífica. Hasta lograr acuerdos. Para eso sirve formalmente la representación nacional en los cuerpos colegiados.

Todo esto a propósito del acontecimiento de mayor trascendencia de la semana; de lo que más va a afectar la vida de las grandes mayorías familiares mexicanas. Se enteren o no. El PRI en el Senado pretende “flexibilizar” la estructura fiscal (más) para facilitar a los empresarios en el país la deducción en el pago de impuestos.

O sea la elusión fiscal. Dicho de otro modo: la evasión legal de los impuestos, que en un sistema impositivo sano y racional, como lo marca el criterio internacional aceptado universalmente, debe ser progresivo, o sea: cobrando más y en mayor proporción a los que más acumulan con el trabajo de todos. Como lo hacen Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Francia, Alemania.

Hoy la economía mundial, y en ella la mexicana, tiene un severo problema de estancamiento, derivado de la excesiva acumulación de capital en muy pocas manos, y del estrangulamiento de la masa salarial, y por tanto de la demanda. (Lo saben en Davos; y también lo saben los chinos, que son los que más saben de economía en el mundo).

Con ello se está desmantelando el mercado de todos con la obsesión de todos los gobiernos por exportar, sin atender el mercado propio. En el caso patético de México, tenemos desperdiciada la mitad de nuestro potencial mercado nacional, por la miope voracidad, buscando por fuera, y al mismo tiempo marginando a más de 60 millones de compatriotas. No hay quien compre.

Hace años, decenios, que la Auditoría Superior de la Federación hace públicos los cientos de miles de millones de pesos que están eludiendo las 42 grandes, grandes corporaciones. Voz que clama en el desierto. El secreto mejor guardado, proclamado a gritos, dolorosos gritos. No pasa por la tele. Nadie se entera. Casi.

Porque para tapar ese enorme boquete, el sagrado Poder Legislativo a instancias del Ejecutivo, viene recurriendo a gastarse lo que dejó ahorrado la abuela en el arcón. Un presupuesto federal estúpido gastándose el patrimonio de nuestros hijos y nietos; o sea el petróleo de las entrañas de nuestra tierra nacional, que se acaba y no se repone.

Porque incluso a los precios internacionales derrumbados de este año, (lo que queda de) Pemex vende en el mercado exterior cada barril a un precio mayor del triple de su costo de producción (con todo y sindicato corrupto). Pero la empresa más rentable del país es saqueada sistemáticamente por el fisco federal, que la deja sin posibilidad de inversión; y encima contablemente endeudada. Para no cobrar a los ricos poderosos.

Nuestros nietos financiando, con lo que habría de ser suyo y para su formación y bienestar, a los 42 grandes acaparadores de capital acumulado y sustraído del país (repitiendo: con el trabajo de todos); en vez de que sea usado para generar empleo y producción con la mitad trabajadora que hoy permanece desperdiciada y  marginada, quizá recibiendo migajas de manos de doña Rosario.

Los conductores de la economía nacional ponen cara larga para hacernos saber ahora lo que ya se veía venir y que, sin ser profetas, veníamos anunciando: el raquítico 2.3 por ciento que nos contaron, después de anteriores rebajas, resulta que les quedó grande; y quizá no llegaremos ni al 2.1 por ciento de crecimiento económico que compense el poblacional; con lo que el crecimiento por persona sería nulo o retrógrado. Dice Pedro Aspe que vienen años difíciles por la caída de los precios del crudo por la “grave dependencia que tiene el gobierno” de ese patrimonio que se gasta. Él lo dice. Ahora. Quién la provocó.

El hombre visionario que llevó a la Nación entera al entusiasmo con la recuperación del petróleo de nuestra Madre Tierra, sabía, supo y proclamó que el energético debía ser para procesarlo aquí y transformarlo en pro del desarrollo nacional, en todos los sentidos. No para <<garantizar la seguridad energética de América del Norte>>, a  la que evidentemente no pertenecemos, como nos lo hacen saber con muros mortales. No para malbaratarlo con tal de no cobrar impuestos a quienes acaparan el fruto del trabajo de todos; y después se lo llevan al extranjero.

En el diálogo y la negociación política nacional hay puntos NO negociables: uno de ellos es el salario digno para todo trabajador, que además genere demanda y mercado. Otro, sin duda, es la escolaridad universal y cabalmente gratuita, sobre la base material.

¡Animo, pues señores senadores del PRI, debidamente secundados por el Verde, el PAN y ya veremos quién más! Sigan juntando mayorías parlamentarias con malas artes, de espaldas a la voluntad popular. Que la Nación se lo reconozca y, si no, se lo demande.

 

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