El salario es la hemoglobina

La economía mexicana está anémica. Tanto estudiar doctorados en Chicago y Massachusetts, han perdido el sentido común. La masa salarial se ha reducido alarmantemente en los últimos 35 años. Todos los datos les dicen que están equivocados de raíz. Además acusan a quienes les advierten, de que tienen “ataduras ideológicas”.

Basta ver los datos reales. La economía mexicana está atascada: lo ve un ciego con gafas negras en una noche tenebrosa. Urge reinyectarle sangre al enfermo. Es claro que las grandes inversiones externas en actividades extractivas del patrimonio natural del país no han resuelto más que mínimamente el problema, ni del empleo raquítico, ni de la productividad, ni del bienestar, que es el fin último de la economía.

Esa es la brújula  que han perdido. Repiten como pericos la palabra “competitividad”, donde no hay ninguna necesidad de competir. El fin último de la economía – hay que decirlo una vez más – es el bienestar humano.

Nadie invierte donde no hay demanda; y no habrá demanda ni mercado interno donde no haya ingreso familiar generalizado. Para decirlo claro: donde el 99 por ciento que vive de su trabajo no tiene ingresos para comprar lo que se produce por el binomio empresa–trabajo.

En la empresa privada, grande, mediana, o chica, el primer paso previo a la inversión es el estudio de mercado. Si no hay demanda, real o posible, nadie invierte a lo tonto. Desde el taquero hasta Slim, ¿con qué compra el 99 por ciento?

Dicen ellos que la inversión es el motor de la economía. Los verdaderos productores saben que sin demanda no hay inversión. El motor del motor: esa fue la gran lección de la pujante economía norteamericana. Hasta 1980.

Los datos les dicen los miles de millones de capital generado en México que se han fugado de México. No es sólo fuga por inseguridad y otros motivos. El dinero se va a invertir a donde sí hay demanda.

La inversión que sí viene es la puesta al saqueo de los recursos naturales del país: esos son los que hablan muy bonito de las favorables condiciones de México, los que vienen a extraer, no a producir. O vienen a comprar empresas establecidas.

Lo dice claramente la CEPAL: la inversión extranjera directa que ha llegado al país, ha sido para comprar unidades ya establecidas y produciendo en México, como la cervecera.

No hay generación de nueva actividad productiva. De manera claridosa lo dijo la CEPAL: “Hay extranjerización” de la industria mexicana ya instalada. No hay generación productiva.

A la economía mexicana le falta sangre. Está anémica. Urge cuadruplicar el salario mínimo en un lapso no mayor de 5 años. Dejar al Banco de México que establezca la gradualidad para que no se les descompensen las dinámicas. Pero el enfermo tiene que recuperar hemoglobina. Falso que la mejora salarial genera inflación: están llenos de almacenamientos que no pueden vender.

Todo lo demás sí son ataduras ideológicas.

Evidentemente, para que no se le desequilibre el vehículo, el Banco de México tendrá que eliminar factores adicionales de descontrol: como los gasolinazos. Ya saben, aunque no lo quieran reconocer, que los aumentos sistemáticos a los combustibles han sido en estos meses el factor más serio de inflación.  Además siguen herméticos, sin aclarar por qué y cómo están subsidiando los combustibles: si es a los que producen nuestras 6 refinerías, o los que tienen que importar por imprevisores, o por corruptos; o por confundir las razones de la economía nacional con la lógica de la empresa privada.

Después de que se promulgan muchas leyes de transparencia, quienes van a las gasolineras a cargar, no saben por qué siguen los gasolinazos ni hasta cuándo. A pesar de la costosa propaganda del gobierno para justificar sus desmanes. Algo podría aclarar Claudio X.

Es muy curioso observar en estas tierras que la gente más trabajadora siente cierto pudor, como desdoro, a ser considerada parte de la clase trabajadora, del 99 por ciento que nos ganamos la vida con el fruto de nuestro trabajo.

Un destacado economista de la Universidad de Deusto en Bilbao, que fue rector del ITESO: Javier Scheifler Amézaga, dejó escrito en su Historia del Pensamiento Económico: “El conocimiento de las leyes económicas debe llevar al hombre a buscar los medios para influir en la economía, en lugar de obligarle a someterse pasivamente a ellas. El liberalismo económico logra poner de manifiesto que toda política económica que no suponga un conocimiento profundo de las leyes económicas está condenada al fracaso, a pesar de toda la buena voluntad que puedan tener los que la dictan. Pero la economía debe de estar al servicio del hombre y no a la inversa”.

 

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