El retorno de los pueblos del mundo

Feliz coincidencia la de la celebración de la Cumbre Extraordinaria de un remozado, casi revivido Grupo de los 77, o sea de los países en desarrollo, en Santa Cruz de Bolivia, con la reelección de Juan Manuel Santos en Colombia el pasado domingo 15 de junio.

Todos los países de Iberoamérica, incluido el futbolero Brasil, así como muchos otros del llamado Tercer Mundo, arrastramos todavía terribles malformaciones como consecuencias de los regímenes coloniales, tanto de España y Portugal en América, como de Francia y Gran Bretaña (y aun Italia) en Asia y África. Pero además seguimos sufriendo el acoso y los zarpazos de hecho sobre los recursos naturales de nuestros territorios.

Eso ha incluido, y de algún modo sigue incluyendo a China, a pesar de que en fecha próxima esté a punto de pasar a ser la primera economía mundial por el tamaño de su producto nacional; y aunque también esté ahora recabando recursos naturales de otras latitudes, si bien de manera concertada.

Esperanzadores y promisorios ambos acontecimientos específicamente en América, como pasos sólidos hacia la descolonización y la verdadera cooperación internacional para el desarrollo entre pueblos: posición radicalmente encontrada frente a la globalidad sometedora y rapaz.

Quizá no sea prematuro e ingenuo prever una nueva oleada internacional a favor de los pueblos liberándose de las potencias, y recuperando el impulso tercermundista de la época de 1970, que fue poco después arrasado por la oleada neoliberal impuesta desde el foco británico de Margaret Thatcher y el norteamericano de Ronald Reagan: oleada que todavía predomina en el planeta; y en América va perdiendo terreno. Aunque no en México (justo vamos a malbaratar el petróleo cuando se va a disparar el precio internacional. Qué casualidad).

Renace, pues, el Grupo de los 77, fundado en 1964 en Ginebra en el seno de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo; y que hoy cuenta con 133 miembros. Con la participación activa de China, que también forma parte de las 5 grandes  potencias que, con su derecho a veto, controlan el oligárquico Consejo de Seguridad de la ONU.

Renacen los pueblos de América, sede de la Cumbre y se fortalece la Asamblea General de las Naciones Unidas frente al Consejo de Seguridad. Casi un vuelco internacional en la visión global del desarrollo de todos los humanos.

Hay signos importantes de este renacer político de los pueblos del mundo frente a las grandes potencias. El primero es que la Cumbre se haya realizado en Santa Cruz de la Sierra, en el centro geográfico de América del Sur, en las llanuras orientales de Bolivia en el parteaguas de las dos grandes cuencas suramericanas: del Amazonas y del Río de la Plata.

Otro signo de importancia, y no sólo símbolo, es la presencia notoria y comprometida de Ban Ki-Moon, Secretario General de la ONU; y que el documento final de la Cumbre haya sido redactado precisamente en la oficina local de la ONU.

Un tercer signo importante es la activa participación de los gobiernos de Suramérica claramente resistentes al imperialismo de las potencias depredadoras de sus recursos: Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela, que construyen UNASUR.

Por supuesto, también la exigencia de que cese el espionaje y la intercepción de las comunicaciones, el respaldo al gobierno electo de Venezuela y el rechazo al bloqueo económico de medio siglo que sufre Cuba; más el rechazo al cobro de los “bonos buitres”, es decir bonos de deuda de alta denominación comprados como chatarra por especuladores y que ahora quieren cobrarlos a su valor nominal, con sentencia de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos.

Pero la parte central es la renovación y actualización de los Objetivos del Desarrollo del Milenio 2000-2015, sobre nutrición, salud, mortalidad infantil, escolaridad de los pueblos del mundo. Quedan metas por cubrir.

En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos logró la reelección en una no muy holgada votación y con alto abstencionismo. Su derrota hubiera significado la cancelación de las conversaciones de paz con las FARC y la continuación de la represión bélica que ya dura más de 60 años, desde que en el país se instaló la violencia a raíz del asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán en 1948, días antes de que con toda certeza ganaría la elección con la bandera de la reforma agraria.

En el fondo es el latifundismo colonial sin resolver el problema central en Colombia. La paz sólo tiene ese obstáculo real. Problema central, por cierto, en todas las excolonias, o sea todos los países del Tercer Mundo.

 

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