La refinería Bicentenario y el imperialismo

Técnicamente se define como imperialismo. O sea: apropiación de recursos naturales ajenos. Nada que ver con ataduras ideológicas o trasnochadas animosidades.

El ingeniero Javier Jiménez Espriú es uno de los técnicos mexicanos que sin duda más conoce en detalle, y con información dura y científica, la actividad petrolera en México y en el mundo. Fue Subdirector Comercial de Pemex y es un reconocido universitario; sigue cuidadosamente al tanto de la evolución de la industria de los hidrocarburos en nuestro país. Es un mexicano patriota y comprometido.

El pasado mes de abril fue invitado a un Foro-Debate sobre la reforma energética por la Fundación Konrad Adenauer, cuyo lema es “economía de mercado con función social”. En el otro extremo de la mesa estaba el doctor Gabriel Quadri. El ingeniero Jiménez Espriú desmanteló, de modo comedido y con información de base, todos los despropósitos que como catecismo recitó el ex-candidato presidencial.

Recientemente en Hidalgo, el ingeniero Jiménez Espriú ha hecho importantes declaraciones acerca de uno de los grandes pendientes entre los seguidores de esta actividad en México: la fallida construcción de la refinería Bicentenario, acordada y programada formalmente en 2008, a raíz del intento calderonista de privatización de la producción petrolera mexicana, ahora consumado.

La verdadera razón por la cual no se ha construido la refinería que urgentemente necesitamos (junto con otras cuatro) nada tuvo que ver con las complicaciones legales inmobiliarias o reticencias ejidales, como nos quisieron hacer creer. Tampoco con la reconocida ineficacia política de los panistas, ahora rebasada por la aplanadora del PRI en el gobierno.

La verdadera razón se llama imperialismo. La menciona expresamente Jiménez Espriú: Estados Unidos presionó a México para que le siga surtiendo los 300 mil barriles diarios de petróleo en crudo, que se requieren para procesar en México en la proyectada refinería en Tula, Hidalgo.

Dice a la letra: “Estamos presionados por el consumo energético estadunidense y la necesidad de garantizar su seguridad a futuro; dicen que van a ser autosuficientes en energéticos, cosa que es una falacia, porque Estados Unidos consume 19 millones de barriles diarios y produce entre 10 y 11 millones, por lo que su autosuficiencia está muy lejos”.

En efecto, todo el mundo sabe en el ámbito del gobierno federal, en la bolsa de valores de Nueva York y en el de las empresas petroleras, que el ya famoso fracking está resultando ser una llamarada de petate.

Que, si bien pueden tener ciertos excedentes brevemente temporales de gas, por falta de estructura de ductos y almacenamiento, por lo que “generosamente” los exportan de manera totalmente coyuntural a nuestra frontera norte, eso no resuelve su permanente necesidad de combustible, ni su autosuficiencia.

Aclara el ingeniero: “pero aunque la tuviera, estratégicamente hablando no va a gastar sus reservas, va a comprar todo lo que pueda”.

Ese es el punto central. Ellos sí tienen claro que la petrolera es una actividad estratégica. Ellos sí tienen un proyecto energético a mediano y largo plazo. Ellos sí van a guardar al máximo sus propias reservas naturales; y conseguirán todo lo posible de otras latitudes: como dice el lema nacional chileno, “por la razón o por la fuerza”.

Dice Jiménez Espriú: “Por eso los estadunidenses están preocupados y presionando a México, porque a la hora de que inicia la declinación de nuestra producción nosotros utilizamos un millón y medio de barriles en las refinerías nacionales y ahora sólo estamos vendiéndoles 800 mil, en lugar de millón y medio que les mandábamos antes. Y si además los amenazamos con hacer una refinería de 300 mil barriles más, pues les vamos a vender aun menos”.

Fuera de lugar quedan las declaraciones recientes de Gustavo Hernández, director general de Pemex Exploración y Producción, de que Estados Unidos no dejará de comprar crudo a México porque las refinerías de la costa del Golfo se adaptaron para usar el crudo maya. Por supuesto.

Podrán observar los lectores el “patriótico” sentido profundo de la reciente reforma petrolera: la seguridad energética de América del Norte. Reforma lograda con mayorías parlamentarias al estilo priista, contra la voluntad de las mayorías ciudadanas, que ellos se resistirán a consultar de manera fehaciente.

P.D. A la memoria de mi padre en su centenario.