Mucho de políticos, poco de políticas

¡Qué vergüenza da! Un absoluto desprecio por los ciudadanos soberanos: los que no se dedican al ejercicio profesional de la política. Los que tienen que decidir en 4 minutos cuál es su voluntad para que la colectividad tenga una buena conducción los próximos 3 o 6 años.

Queda mes y medio, y muy poco se oye de lo que se propone a los ciudadanos para conducir los destinos del municipio, de las leyes para el Estado o las que rijan en la vida nacional. De las políticas públicas.

Una tremenda confusión de los candidatos hacia los electores de lo que son las atribuciones municipales (y lo que no les compete) en materia de salud, educación, movilidad y transporte público, generación de empleo y apropiada remuneración del trabajo. Confusión que uno no sabe si es pura proyección de la confusión mental que traen los candidatos en sus ambiciosas cabezas; o simplemente quieren recabar el apoyo ciudadano con engaños y enredos.

Deben ser terriblemente pobres sus propuestas, o no creíbles, cuando las campañas se reducen a bañar de lodo a los adversarios contrincantes. Como si descalificar a los demás aspirantes nos hiciera a nosotros mejorar nuestras capacidades, y voluntad de buen gobierno. “El ojo por ojo nos acabará dejando a todos ciegos”.

A falta de mejores elementos de juicio y decisión, los ciudadanos que no han llegado a la comodina, perezosa conclusión de que “todos son iguales”, tienen que recurrir a los hechos: “obras son amores, y no buenas razones”.

Muy importante para los electores a la hora de decidir, delante de su conciencia soberana, será tomar en cuenta los antecedentes. Todo político profesional tiene una trayectoria previa: personal y del grupo que postula con un programa concreto. Cómo han gobernado.

Todo el mundo conoce la actuación pública de los dos partidos (y menudencias mercenarias) en los últimos 20 años en el Estado de Jalisco y en sus municipios. Todo el mundo sabe que los habitantes  de la metrópoli tapatía viven en la conurbación que menos y peor transporte público (y más ruidoso) tiene entre todas las urbes de la región iberoamericana y del mundo entero. En cambio, congestionada como pocas de autos particulares.

Ni una nueva estación del tren metropolitano en decenios. A nadie se le ocurrió, por ejemplo, una sola estación al sur, por debajo del Periférico, con un gran estacionamiento público gratuito, no negocio, que permitiera al casi millón de habitantes de la avalancha  sur llegar de manera articulada al centro de la capital. La línea en construcción sigue sin tomarlos en cuenta. Ahora, candidatos de esos partidos reniegan de la pésima movilidad y se la quieren colgar a las administraciones municipales.

La pésima desconcentración urbana de Zedillo-Fox, o sea PRI-PAN, de viviendas minúsculas, sin posibilidad de crecimiento, con privilegiado financiamiento a los voraces constructores privados, sin programar previsoramente los servicios urbanos accesorios y necesarios para las familias: agua  y su tratamiento, vialidades y transporte público digno, escuelas y centros de salud, acceso al trabajo, o espacios públicos de recreación.

Remediar tales desaguisados ha requerido en los últimos 5 años, y sigue requiriendo, un esfuerzo titánico en un territorio disperso, que significa dar alcance a urbes con 500 años de aportación pública. Que la gente ya reconoce al grupo gobernante que lo emprendió; y tomará en cuenta a la hora de emitir su voluntad cívica. Tres mil niñas del sur de la metrópoli aspiran a ingresar en la escuela municipal de ballet. Los contribuyentes prediales votan por las obras de su interés en sus entornos.

Más de un millón de personas viven por decenios en el cinturón de asentamientos barriales irregulares. Por decenios también las autoridades han sido incapaces y omisas en resolver. Sigue por decenios la carencia de servicios edilicios elementales, sin control público, sin aportación predial. Esos hechos, y no promesas vanas, guiarán el crayón sobre las boletas electorales. 

En el centro popular de la capital, con las cicatrices sin cerrar por decenios, los barrios se han vaciado de familias, la cohesión barrial se erosionó; y el hueco (como siempre) se fue llenando de inconvenientes ante la indiferencia incompetente de las sucesivas autoridades.

Ahí la labor es al revés de la zona sur. No bastará con “redensificar” con edificios el centro. Es necesario regenerar el tejido social. Urgen espacios públicos gratuitos. Urge una tarea pormenorizada de auspiciar los pequeños negocios y servicios de barrio, de cercanías.

No se hizo. Hay que hacerlo. Los de a pie ya saben quién puede hacerlo. 

 

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