El pasivo laboral se lo robó Hacienda

El pasivo laboral de Pemex ya es deuda pública. Lo demás es engaño y prestidigitación. Según las normas “universalmente aceptadas” en la contabilidad de doble partida, a cada pasivo corresponde un activo: si alguien debe es que hay alguien acreedor, alguien al que se le debe pagar. Empresarialmente ese monto debe ser fondeado aparte.

El pasivo laboral de Pemex ya lo ganaron con su arduo trabajo los auténticos trabajadores de Pemex. Ya es suyo. Otra cosa muy distinta es que los cómplices (directivos, gobernantes, legisladores) quieran colar el cachirul de los fabulosos sueldos no contratados ni devengados de dirigentes designados por recomendación.

El fondeo de reservas para cubrir el pasivo laboral, o sea lo que ya ganaron los trabajadores con su trabajo realizado y para su bienestar futuro, no es propiedad de Pemex ni del Presupuesto Federal. Es de ellos, y a su tiempo deberán recibirlo según la ley y su contrato de trabajo. Hacienda se lo agandalló para otros usos fiscales.

Si una reforma le urgía a Pemex, es precisamente librarla de ese férreo control de su gerencia por parte de Hacienda y de esa perversa inmersión de sus finanzas en el Presupuesto Federal, por manejarla con criterios fiscales y no empresariales. Enmarcada en el propósito fijado en el proyecto nacional como base fundamental para el desarrollo de México. La degradaron a caja de compensación.

Si hoy existe un pasivo federal de Pemex sin el correspondiente fondeo, es sólo porque Hacienda se lo gastó. Hacienda sistemáticamente saquea las cuentas de Pemex. Ha sido una indecente administradora de Petróleos Mexicanos. Por eso no prospera a pesar de ser la empresa más rentable de México.

Por ejemplo, el más reciente: 2013. Durante este año pasado (y ya agotado Cantarell sobreexplotado por la codicia irresponsable de Vicente Fox) Pemex tuvo un rendimiento antes de impuestos y derechos por 695 mil millones de pesos. Debió pagar a Hacienda 865 mil millones de pesos. Otra vez contablemente la dejó con números rojos por 170 mil millones. Y la obligó a endeudarse para seguir trabajando, y para poder explorar y perforar para reponer sus reservas probadas (P1).

Por supuesto, la patrona, la madrastra de Pemex, no fondeó el pasivo laboral: se lo siguió arrebatando.

Lo mismo por 30 años. El año anterior 2012, Pemex obtuvo ganancias después de cubrir costos y antes de impuestos y derechos, por 1 millón de millones más 072 mil millones de pesos. Hacienda le cobró 1 billón (un millón de millones) más 106 mil millones de pesos; la dejó con números rojos por 34 mil millones de pesos en su contabilidad final. Tampoco fondeó las reservas para cubrir en su tiempo el pasivo laboral.

No es posible sensatamente, ni sano por ningún concepto, traer de manera sistemática en condición deficitaria a la empresa más rentable de México, propiedad de todos los mexicanos, que tiene un costo de extracción por barril de menos de 7 dólares, y lo ha vendido en el mercado internacional de oferta y demanda (mentira que monopolio) a un precio promedio superior a los 100 dólares por cada barril durante los últimos tres años 2011 – 2013.

En lo que va del año 2014 el precio en el mercado internacional de la mezcla mexicana de petróleo crudo, que compite globalmente en calidad y precio, promedia más de 95 dólares por barril extraído. Es una falacia malintencionada hablar de monopolio.

Como recurso acabable, no renovable, el petróleo seguirá subiendo de precio como tendencia general, por ser cada día más demandado y también más escaso. Además de que hoy es materia prima de innumerables productos de uso común, incluidos medicamentos.

Así que argumentar que es conveniente acelerar su extracción porque pronto caerá en desuso con la utilización, todavía rezagada, de energías limpias es absolutamente falaz y perverso. Porque nadie sensato creerá que el petróleo dejará de ser útil. Mientras haya.

En este marco de referencia, hablar de privilegio de los trabajadores petroleros es una insidia que provoca irritación. Si el régimen de pensiones de Pemex “es más generoso que el privado”, la falta, y grave, es del empresariado privado que explota a sus trabajadores. No de Pemex, cuyo régimen laboral debe ser ejemplo hacia trabajadores esforzados y de alto riesgo.

Si este “autofobaproa” pretende utilizarse para aplicar retroactivamente un cambio en el contrato colectivo de trabajo, será un atropello más a derechos humanos de trabajadores mexicanos. Dice el panista José González Morfín: “No hay alivio considerable porque tampoco hay despetrolización de las finanzas públicas. Hacienda sigue manteniendo el control de Pemex; se somete a Pemex a continuar cuadrando las cuentas nacionales”.

 

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