Diez partidos y sólo dos opciones políticas

En los Congresos, federal y estatales, sólo hay dos opciones a la hora de votar: a favor o en contra. Las abstenciones tendrán consecuencias tácticas a favor o en contra según circunstancias.

Una abstención puede impedir completar la mayoría calificada de dos tercios: en ese caso actuará en contra; o puede simplemente consentir una mayoría sin comprometerse individualmente: actuará a favor en esa ocasión.

En México tenemos siete partidos con registro nacional hasta 2013 y otros tres partidos de reciente registro nacional, que deberán acudir solos a las elecciones de 2015 para confirmar su registro legal.

Cuando lleguen sus legisladores electos al Congreso votarán a favor o en contra: o confirmarán y ahondarán las decisiones que nos han hundido en este marasmo nacional con los votos concertados del PRI-PAN y demás desde 1989; o se expresarán en contra de ese proyecto “transformador” de Enrique Peña Nieto y estarán por el proyecto alternativo de nación, que en realidad no es más que la puesta al día del proyecto nacional revolucionario de 1917, hoy todavía inconcluso (con la mitad de los mexicanos excluidos).

Los ciudadanos debemos tomar con extrema cautela el llamado a no votar en las próximas elecciones. La propuesta se nos presenta como reacción a la rabia profunda que compartimos hoy la mayoría de los ciudadanos ante las consecuencias catastróficas a que nos han llevado como nación las políticas públicas de origen federal  que se vienen aplicando por más de tres decenios.

Pero es de trascendencia nacional que ponderemos con extrema atención las consecuencias tácticas que tendría el simple desahogo de nuestra rabia como ciudadanos, absteniéndonos de votar.

Puede sonar muy hermoso, hasta romántico, imaginar estilo Saramago una jornada electoral con casillas totalmente vacías, sin un solo elector que se arrime. Hermosísimo. El poder ciudadano gritando sin violencia, pacíficamente, sin ruido: “Que se vayan todos”.

Ese caso no ocurrirá. Somos un país plural; y así debemos respetarnos. Con un 5 por ciento que acudiera a votar, se daría respaldo legal a esa elección. El “Estado de derecho” se impondría, aun cuando la legitimidad se haya derrumbado.

Tenemos el caso de las pasadas elecciones en Estados Unidos de América. También tenemos numerosos ejemplos históricos en México. La abstención sólo favorece a los que legalmente detentan el poder. De hecho, la abstención es una autorización implícita para que sigan.

Por otro lado, ante el severo deterioro de los partidos con registro anterior (los que han compartido el poder, con pacto o sin él) los ciudadanos tienen legalmente tres nuevas opciones partidarias. Cada uno, delante de su conciencia, deberá medir qué oportunidad está dispuesto a ofrecer; o si decide por el repudio total.

El derrumbe de la legitimidad puede conducir a una crisis política de manifiesta ingobernabilidad, que a su vez conduzca a la regeneración de la vida nacional. Pero para lograr el derrumbe de la legalidad de manera pacífica, se requiere una  organización ciudadana total, dispuesta a paralizar la vida normal hasta lograr la caída de las podridas instituciones.

De los tres partidos que han obtenido registro reciente ante el INE, uno de ellos ha demostrado como movimiento un apoyo electoral, en dos ocasiones, cercano a la mayoría legal.

Como es sabido, también pesa sobre él una importante franja de rechazo ciudadano, a partir de la campaña ilegal (que quedó impune) promovida por líderes empresariales delincuentes como Barraza o Claudio X González, y orquestada por el extranjero (igualmente delincuente) Antonio Solá (que además recibió como castigo la nacionalidad mexicana de parte de Felipe Calderón al inicio de su funesto sexenio).

Lo importante a subrayar en este caso es que la alternancia partidaria no ha significado democracia para los mexicanos. Por lo contrario, con PRI-PAN-PRI llevamos ya más de 30 años en que se nos ha llenado el país de cientos de miles de armas de alto poder, hemos reunido decenas de miles de homicidios y de desapariciones sin aclarar y además impunes; la masa salarial se ha reducido a menos de la mitad y se nos ha hundido el mercado interno; irresponsablemente hemos desmantelado la seguridad alimentaria de la nación y la producción propia de fertilizantes; dependemos del exterior para el combustible del parque vehicular nacional; no abatimos la mortalidad infantil; el salario mínimo es el último del continente; se sigue restringiendo el acceso a la enseñanza pública gratuita; tenemos dos tercios de los mexicanos sin protección de la seguridad social.

Electores mexicanos: o se vota a favor, o se vota en contra. La ignorancia es parte fundamental de la opresión secular.

 

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