Los países de América

Este primer domingo de marzo, dos acontecimientos políticos de importancia: el relevo del Poder Ejecutivo en Uruguay y el último informe de gobierno de la presidenta de la República Argentina, han inducido a que por diversos medios se haga una reflexión conjunta sobre la situación actual y perspectivas de los diversos países de este continente al que le dieron nombre los mapas de Américo Vespucci, que él tituló Novus Mundus después de acompañar en sus navegaciones a españoles y portugueses.

Las naciones de América tienen básicamente dos conformaciones paralelas a partir del siglo XVI cuando el “encuentro de dos mundos” (que algunos han preferido llamar encontronazo) significó la llegada masiva de pobladores y estructuras sociales y políticas de Europa; e incluso el arribo forzado de contingentes de esclavos arrebatados de sus comunidades africanas.

En el Norte la presencia de dos potencias europeas: Francia e Inglaterra marcarán la formación de Canadá y de los Estados Unidos (que se apropian hasta del nombre continental) con gran agravio de las poblaciones originarias. La defensa de su territorio por parte de los apaches se vuelve el “ataque de los indios salvajes a los pacíficos colonos” de una tierra que nadie les escrituró ni estaba vacía.

Del Río Bravo hacia el sur las dos potencias peninsulares ibéricas tendrán un proceso colonial que llevará a la formación de 20 naciones de población mestiza, con castas que todavía hoy perduran, en mayor o menor grado, en la situación socioeconómica y sobre todo en el subconsciente colectivo.

Podríamos empezar de norte a sur haciendo notar que gracias a la aplicación real de valores democráticos, Canadá es hoy una comunidad política binacional de hecho, con una provincia soberana: Quebec, con instituciones y lengua francesas como parte integrante de su federación; y que además ha reparado parcialmente el agravio histórico infringido a las naciones originarias, que hoy tienen reconocimiento constitucional; y muy efectivo.

O podemos, como en los viejos mapas, empezar de sur a norte, de acuerdo con la coyuntura de este domingo. En Uruguay el presidente “más pobre del mundo”, José Mujica ha demostrado que para tener un gobierno eficaz a favor de las grandes mayorías y en avance de la igualdad de oportunidades, no se requiere ni corbata (prenda absolutamente inútil) ni grandes sueldos, ni montón de guaruras y parafernalia “republicana”. Mujica ha revivido el ejemplo histórico de Cincinato, que cuando los romanos lo fueron a buscar para que fuera su cónsul, estaba en la parcela arando con su yunta de bueyes.

Su sencillez, auténticamente republicana, le permitió a don Pepe, después de pasarle la banda presidencial a Tabaré Vázquez su sucesor, retirarse a su chacra, o sea su casita de rancho, en su ya famoso y cotizado vochito, después de haber logrado para su país un crecimiento sostenido, una reducción casi plena de la pobreza y una mejora notoria del salario; además de haber despenalizado la mariguana, cuya prohibición sigue causando desastres en otras latitudes.

En el país vecino, Argentina, la presidenta Cristina Fernández en el último informe a la nación de su mandato hizo saber a los argentinos que su país es el único del mundo que ha reducido su deuda pública, después de que lograron doblegar a los “fondos buitres”; y remarcó: “no dejo un país cómodo para los dirigentes, dejo un país cómodo para la gente”.

Será incómodo según dijo, si quieren privatizar Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), o dar baja a los aumentos salariales o a las 48 leyes laborales. A propósito del desaseo provocado por el Poder Judicial heredado de la dictadura, que “actúa como un partido político”, reclamó: “no nos trasladen conflictos internacionales”. Cristina “desendeudó definitivamente a la República Argentina. Si nos endeudamos, que sea para obras de infraestructura, no para ganancias del sector financiero internacional”.

A la situación en Venezuela se podría aplicar el dicho de Cristina: “no nos trasladen conflictos internacionales”. La poderosa burguesía fabricando mártires y aprovechando la falta de habilidad política de Maduro, no tiene interés de recurrir al mecanismo constitucional (que Venezuela sí tiene) de revocación de mandato. Una vez con Chávez les salió el tiro por la culata. Les urge una Conasupo.

 A veces oímos en México, sobre todo en temporadas electorales, a espíritus timoratos que manifiestan su preocupación de que no vayamos a volvernos un país como Cuba. Desde luego que no nos agradaría sufrir un embargo económico de medio siglo por parte de la gran potencia que se ha auto-encargado del bienestar mundial y que sanciona incluso más allá de sus fronteras, atropellando soberanías nacionales, a empresas de otros países que se atrevan a hacer negocios con Cuba.

Tampoco nos parecería bien que una bahía de nuestro territorio nacional estuviera ocupada por otra nación desde 1898, como la bahía de Guantánamo donde el gobierno norteamericano mantiene sin juicio a más de 100 presos “presuntos terroristas”, porque sabe que no puede ofrecer un debido proceso judicial en su territorio nacional.

Pero sí nos parecería bien tener en México un índice de mortalidad infantil como el de Cuba: con un 3.9 por cada mil niños nacidos, y no el vergonzoso y criminal 12.8 por cada mil niños nacidos vivos que tenemos en México (con municipios en Jalisco mucho más graves mientras derrochamos el dinero que todos aportamos en Villas Panamericanas; y encima andamos con hipocresías de Pro Vida).

 

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