Se muere el doble de niños en Tlaquepaque

No es fantasía, ni título de novela. Es dato duro: dato oficial, de la Secretaría de Salud Pública, con indicadores establecidos por la Organización Mundial de la Salud. En Guadalajara se mueren 6.97 por cada mil niños nacidos vivos. En el municipio de Tlaquepaque, en la misma metrópoli, raya imaginaria de por medio, no llegan al primer año de vida 12.79 por cada mil niños nacidos vivos.

En Zapopan la tasa es de 8.4 por mil. En la isla de Cuba 3.9. En los Estados Unidos de América es de 6.1 por cada mil. (Habría que preguntarse por qué en la mayor economía del mundo, la del dream, muere mayor proporción de niños nacidos que en una isla bloqueada por más de medio siglo. Pero esa es otra historia).

El índice de mortalidad infantil es una de las más claras referencias científicas de la calidad de vida de una comunidad humana. Así lo pondera la Organización de las Naciones Unidas. La diferencia social tiene consecuencias homicidas. Estamos hablando de vidas de seres humanos. No de baches ni de rutas de camiones.

En este caso, en Jalisco, tiene consecuencias genocidas. ¿Por qué los niños; nuestros niños, de la tierra del dominio corporativo de los Barba, tienen que morir en mayor proporción: el triple que en la isla de Cuba, o el doble que en la vecina (siamesa) municipalidad de Guadalajara? Eso incluidas tierras irredentas, como la colonia Lomas del Gallo, junto al arroyo de aguas negras de la ex-Presa de Osorio, o en Balcones de Oblatos, que también quedan comprendidas en las estadísticas del municipio de Guadalajara.

La pregunta, por supuesto, es extensiva a otras zonas marginadas, muchas, en la periferia (y en el mero centro, como La Perla) del Área Metropolitana de Guadalajara. También en muchas zonas rurales, indígenas y otras, del territorio estatal (con municipios jaliscienses que duplican, y más, la media nacional). También en la nación y en el planeta entero. Lo que no es aceptable que sirva para consuelo de tontos. Sino para reflexionar por qué ocurre tal crimen.

Democracia es el gobierno del pueblo y para el pueblo. En la Conurbación Metropolitana de Guadalajara hay más de un millón de seres humanos que viven en domicilios que continúan por decenios en asentamientos legalmente irregulares. Casi todos carecen de agua doméstica, drenaje, empedrado o pavimento, alumbrado público. También es muy deficiente para ellos la atención a la salud. No hay democracia. En consecuencia, tampoco cubren la contribución predial. Son marginados por decenios, por generaciones. Son parte de la mitad marginada de la Nación mexicana. Tampoco forman parte del mercado interno.

Mientras tanto, los gobiernos de los últimos 20 años (por lo menos), con alternancia partidaria pero sin democracia, igualmente han puesto su empeño enfermizo en las inversiones extranjeras y en la estúpida “competitividad”, queriendo convertir un instinto de machos en celo en una virtud social.

Están olvidando lo esencial del buen gobierno: el bienestar humano; o sea: en primer lugar la vida materno-infantil, la nutrición y la atención universal a la salud (no la farsa del seguro popular), la enseñanza escolarizada universal y cabalmente gratuita, las condiciones humanas del trabajo (fuente de toda la riqueza acumulada desde un principio por la Humanidad), y por supuesto, la vivienda y el hábitat amigable con espacios públicos.

En ese bienestar humano, que es la esencia del gobierno para el pueblo, o sea la real democracia, sin más adjetivos que el de ser auténtica, hay que incluir la masa salarial, o sea la parte de todo el producto nacional que se destina a la remuneración del esfuerzo humano del 99 por ciento (incluido el gerencial, como hace Hacienda para efectos fiscales).

El atroz encogimiento de esa masa salarial desde 1976 a la fecha tiene también efectos homicidas: “Esa economía mata” dice el Papa Francisco. Muchos, muchos niños que no debían haber muerto, que fallecieron por enfermedades perfectamente curables en los tiempos actuales según la ciencia médica de hoy, son pura y simplemente homicidios. Plenamente atribuibles a las acciones y omisiones de un poder público corrupto y cómplice de la rapacidad de muchas “empresas”.

Diría el profeta: “Que la sangre de esos niños y el dolor de sus madres caiga sobre ellos”.

La masa salarial en México, según cifras no muy actualizadas, ronda un absurdo 24 por ciento; y no llega a ser ni la mitad del porcentaje que retienen los trabajadores en Europa o América del Norte, Japón o Corea del Sur. Luego se lamentan dirigentes empresariales de que en México no hay mercado interno. No hay quien tenga para comprar. Ni para vivir.

P.D. Cifras oficiales SSJ: San Diego de Alejandría 63.44 por mil: San Gabriel: 62.18; Degollado 50.85; Cuautla 50 por cada mil; Totatiche 44.44. Verdaderamente horrible la mortalidad infantil en Jalisco, señores de Pro Vida.  

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