No es lo mismo bacín que jarro

Con perdón de los llamados anulistas, aliados automáticos (quizá bien intencionados) del Poder Constituido, o sea del PRI-PAN con el Verde y el Turquesa (y el poder, económico para el que trabajan), que juntos destrozaron desde 1989 a la fecha los grandes valores nacionales, pues no: NO somos iguales. “Todos somos del mismo barro, pero no es lo mismo bacín que jarro”.

Aunque tapicen las paredes con carteles diciendo que todos son iguales de corruptos y, por tanto, es mejor no votar o anular el voto, para “que se vayan todos”. No todos somos iguales. No es lo mismo buscar el poder y el dinero mal habidos, que tener vocación de servicio público.

Para empezar, hay tres nuevos partidos con registro reciente, sobre los que no resulta científico prejuzgar, o sea juzgar antes de ver. Si se nos argumenta que uno de los tres, o su líder, ya gobernaron la Ciudad de México, entonces lo sensato es preguntar a los capitalinos qué piensan de cómo fue aquel gobierno; y la respuesta puede ser muy reveladora.

En el caso de Jalisco es también relativamente sencillo observar e informarse cómo han gobernado, o están gobernando, los candidatos y grupos que están en campaña solicitando el voto soberano de los ciudadanos y ciudadanas (las que representan el 53 por ciento de la lista nominal y, por tanto, solitas podrían imponer una clara mayoría democrática).

Ahora: resulta ilustrativo examinar qué resultados tendría, o puede tener, el voto nulo, o anulado. Es soñador imaginar en las actuales circunstancias políticas del país, a pesar del generalizado enojo y hartazgo, que con el voto nulo derrumbaremos pacíficamente el sistema electoral y obligaremos a quienes retienen hoy el poder político, a que empiecen de cero el pacto nacional de convivencia. Muy bonito, pero peligrosamente ingenuo. No es por ahí. El resultado sería de raíz el opuesto. Por eso perversamente lo están promoviendo desde arriba.

Pongamos un ejemplo sencillo: tenemos un listado nominal de 10 electores. Ya sabemos que el Gran Poder Constituido controla, por diversos medios, un respaldo corporativo de, digamos, 4 votos. Si el rechazo ciudadano se concreta unido y compacto, los otros 6 votos supondrán una automática mayoría sobre los 4 votos duros que detenta el Poder; y, según el ideal democrático, los habremos echado del gobierno.

Pero, si hay tres ingenuos que creen que anulando su voto van a derrumbar al pernicioso Poder Constituido, y deciden no votar o anular su boleta, entonces tendremos que el resultado final en la casilla será que hubo sólo 7 votos válidos, es decir 10 menos 3. En consecuencia habrá 4 votos por la continuidad del gobierno y sólo tres en contra. Cuatro séptimos representan mayoría; de hecho, algo más que 57 por ciento. O sea: ganó el viejo Poder.

Cuatro décimos es una minoría: el 40 por ciento; y, por tanto, ganará la oposición a favor del cambio con una mayoría absoluta del 60 por ciento. Los tres votos nulos decidieron la derrota o el triunfo. Las abstenciones siempre tienen consecuencias a favor o en contra.

Pero promover el voto nulo no es la única táctica perversa del Poder Constituido. Tiene otros mecanismos igualmente disfrazados de democráticos. Con todos ellos juntos, pretende seguir al frente del gobierno.

Nada nuevo bajo el sol. Ya aquel poderoso Imperio Romano dejó establecido: “divide y vencerás”. Se trata de auspiciar desde Gobernación partidos menores, con programas sectoriales reducidos, que en la práctica mermen la oposición real.

Un ejemplo reciente es Encuentro Social, cuyas proclamas expresas en los debates de campaña abanderan causas que contradicen abiertamente los grandes principios rectores constitucionales, que debió suscribir como compromiso previo para obtener el registro legal ante el INE.

Esos compromisos previos son: actuar en el marco constitucional y legal, renunciar a la violencia y actuar por la vía pacífica y dentro del marco electoral, no someterse a dictados políticos extranjeros y no recurrir a referencias religiosas.

Al margen de la muy baja probabilidad que tiene ese partido de obtener en esta próxima elección el 3 por ciento necesario para ratificar su registro electoral, ya desde ahora son votos que resultarán inútiles y en la práctica restados a la real oposición que podría lograr el cambio por la vía pacífica democrática.

En resumen: el voto nulo o anulado refuerza el voto controlado por el Poder.

Hay ideales con realismo de que se puedan lograr; y hay ideales ingenuos que sólo favorecen al Gran Poder; y hay perversiones del Gran Poder para atrapar ingenuos.

Hoy por hoy, la única posibilidad de cambio y renovación por la vía pacífica es la vía electoral, con todas las trabas que el Gran Poder sigue poniendo.

 

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