El largo camino a la democracia

En octubre de 1979 se celebró en Madrid el Segundo Encuentro Hispanoamericano de Científicos Sociales. Era la primera ocasión en que don Jesús Reyes Heroles hablaba sobre la reforma política y la nueva ley electoral, la LOPPE, desde su salida de la Secretaría de Gobernación.

En el encuentro, magistralmente reseñado por Francisco José Paoli Bolio en la revista Proceso, (No. 153, 8 de octubre de 1979) don Jesús señaló que “para hacer política se necesitan cuadros y los partidos no los tienen”. La LOPPE representó un gran avance en la evolución política, en la pluralidad y, sobre todo, en la transparencia municipal, al haber establecido el régimen de cabildo pluripartidista por la vía de los regidores proporcionales.

Según el profesor Rafael Segovia de El Colegio de México, el éxito mayor de la reforma fue el registro y la actuación del Partido Comunista Mexicano, aunque aclaraba que “había sido una reforma pactada pero entre socios desiguales”.

“El Partido Comunista, que fue la revelación, se presentó con fuerza en la ciudad y en el estado de México, donde obtuvo el 62 por ciento de sus votos, pero se reveló muy débil en el interior de la República”.

Ahora, el Partido Acción Nacional, de acuerdo a su larga tradición, pretende una vez más construir el tercer piso de la democracia sin poner los cimientos. Creerán que vamos finalmente a arribar a la democracia por el mero hecho de transformar la institución electoral. Como si el cambio institucional fuera a resolver el problema esencial de la desorientación ciudadana, de la indecencia de las campañas y de la insultante compra del voto.

A la dirigencia panista le parece prioritario, y hasta indeclinable, el cambio institucional electoral por encima de una sana y progresiva fiscalidad o sobre la necesidad de preservar para la nación las actividades productivas estratégicas, incluido el patrimonio energético colectivo, como lo marcan los valores constitucionales.

Para decirlo escuetamente: la única reforma política eficaz es cuadruplicar el salario mínimo y construir escuelas públicas de la misma calidad para todos los niños del país. Así habrá república; no mercado de votos. Al paso que vamos, pronto tendremos padrón electoral con censo de propietarios. Como dicen los franceses, tendremos una elección censitaria.

En realidad es peor, porque los votos de los marginados desinformados se compran y después se cuentan a favor del comprador. Es un buen negocio comprar por 250 pesos acciones que en el mercado real valen más de un millón.

Y cuando las masas empobrecidas toman conciencia y manifiestan su inconformidad, como está ocurriendo por todos lados, los dueños del estado de derecho y de la majestad del orden legal no saben qué hacer, porque no saben escuchar a los soberanos y, por el otro lado, los ojos del mundo entero les cohíben de reprimir.

Hablando de elección censitaria, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas en 1948 (México entre sus primeros firmantes) dice en su artículo 6: “Todo ser humano tiene derecho, en todas partes al reconocimiento de su personalidad jurídica”.

Pues resulta que en México, según estimaciones de INEGI, existen unos 10 millones de seres humanos nacidos y establecidos en México, ma-yoritariamente mujeres mayores de edad, que no existen jurídicamente, porque nunca fueron inscritos en el Registro Civil y, por tanto, no cuentan con acta de nacimiento.

Hoy, prácticamente en todos los estados de la República, las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley y de respetar todos los derechos humanos, castigan en vez de proteger a las víctimas de esa injusticia de toda la vida; y les imponen multas impagables y trámites insalvables para obtener el registro extemporáneo de su marginada existencia.

En la euforia democrática de aquella llamarada de petate que fue la creación y conformación del IFE en 1990 – 91, el Registro Federal de Electores en su técnica censal total, se tropezó con estos seres humanos. Le sacó la vuelta al problema extendiéndoles la credencial para votar por el expedito mecanismo de los dos testigos.

Fue así el primer documento oficial de su vida: existencia jurídica y ciudadanía de un solo trazo para 6 millones de mexicanos y mexicanas.

Pero ahora la Comisión de Vigilancia del Padrón, único órgano del IFE en el que tienen voto los partidos políticos, da un paso atrás: ha decidido dar prioridad a la “pulcritud” electoral por sobre el respeto a la soberanía de todos los ciudadanos (incluidos esos marginados por la sociedad nacional y por la autoridad). Tendrán que presentar acta de nacimiento para obtener la nueva credencial.

Eso significa sumar a la margi-nación geográfica, histórica, escolar, económica y social, también la exclusión política. Urge democracia de base. No de altura.

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