¿Eres indígena o inmigrante?

Aquí estás, viviendo y conviviendo con muchos otros seres humanos, mujeres y hombres. ¿Eres indígena de estas tierras? ¿Desde cuándo? Hay dos sopas. Después vienen las combinaciones, y las multiplicaciones.

Porque 2 padres, por 2, por 2, por 2, ya dan 16 antepasados en 5 generaciones; y 16 por 16, por 16, por 16 y por 16 son ya un millón 48 mil 576 antecesores: de aquí, de allá, o de acullá.

Sí, queda claro: todos venimos de la misma Eva africana. Todos. De 1516 a 2016, por estas tierras, tenemos un millón de ancestros cada una o cada uno. Los que no bajaron por el Estrecho de Bering, bajaron del barco.

Los que bajaron del barco, unos por Veracruz y otros por San Blas en la Nueva Galicia; unos bajaron con armadura de hierro, con arcabuz, con la espada desenvainada, con caballos y perros bravos; otros y otras llegaron con las alpargatas rotas, algunas semillas de su tierra en el bulto, huyendo del hambre, del minifundio gallego o asturiano; o huyendo de la persecución política o religiosa.

Otros también, los que sobrevivieron a la travesía por mar, venían encadenados de manos y pies, arrancados brutalmente de sus aldeas africanas. Como dijo un distinguido y reconocido historiador jalisciense: “¿Y de dónde crees que vienen los bellos ojos tapatíos?”

El alcalde de Jalostotitlán Francisco Ángel y sus regidores en 1618, se quejaban amargamente ante la autoridad civil y religiosa de Guadalajara por el mal trato que recibían de su sacerdote Francisco Muñoz y de su amante española, en un escrito redactado en su lengua materna: el náhuatl occidental. “Ytechcopa timoteilhua yn tobicario”.

Algún alteño o alteña del Jalos de hoy deben tener al alcalde entre su millón de antepasados; o a alguno de sus regidores.

En estos días en la Ciudad de México se está exponiendo una hermosa colección de obras llegadas en la Nao de China, que en realidad partía del puerto de Manila en las Islas Filipinas (llamadas así por el rey Felipe) y llegada al puerto de San Blas; entre otros, un bellísimo mantón de Manila. Aunque la mayoría de los mexicanos de origen chino llegaron en realidad a nuestro territorio vía  California por el año 1900. También ellos habían llegado a Asía desde África hace 200 mil años.

Todos somos migrantes. Unos más migrantes que otros. Algunos presumimos de indígenas porque nuestros antepasados llegaron a la tierra de nuestro ombligo hace quizá 10 mil, o quizá 500 años. Pero hay muchos otros ombligos enterrados a lo largo de la travesía y del tiempo, de los siglos y de las tierras.

Si hay algo que queda claro es que los principios republicanos de la igualdad y de la fraternidad tienen una base científica indiscutible.

También la institución religiosa que durante todo el período de la dominación colonial, en los 300 años que duró la formación de nuestra Nación (proceso claramente inconcluso) formó parte integrante del gobierno virreinal, sostenía y sostiene la doctrina de la fraternidad y de la igualdad originaria de todos los hijos de Dios.

Aunque en los registros parroquiales estableciera de por vida la casta a la que pertenecía, desde su bautizo hasta su extrema unción, el nuevo bautizado o bautizada. Eso hasta que la República por 1859 estableció en una de las Leyes de Reforma el Registro Civil. Por cierto, que el primer nacimiento registrado civilmente fue el de una hija de Benito Juárez en Veracruz.

Las estadísticas de INEGI nos indican que un 55 por ciento de todos los indígenas censados en 2010 en el estado de Jalisco (o sea: los que se asumen y declaran indígenas y hablan alguna de las lenguas originarias del país) radican en los municipios del Área Metropolitana de Guadalajara. O sea que son más numerosos que los wirrárikas que viven en las comunidades apartadas de la Sierra Norte, y los nahuas de las montañas del Sur.

No se puede dejar de mencionar que asumirse como indígena es un derecho, considerando que la pérdida de la lengua originaria puede ser en algunos casos parte del despojo histórico. Como sabemos que es el caso de comunidades de origen nahua en el Sur del estado, que conservan su estructura, usos y costumbres, no así la lengua indígena.

Por lo que toca a los establecidos (algunos nacidos) en el AMG, la mayoría en las periferias, sean purépechas michoacanos, wirrárikas, mixtecos oaxaqueños, tzotziles o tzeltales chiapanecos, o de cualquier otro origen, es importante aclarar que tienen todo el derecho a integrarse. No la obligación de asimilarse. Como cualquier otro mexicano. O como cualquier ser humano. No son “de afuera”. Son de lo más adentro.

P.D. Logro agrario histórico el de la restitución de tierras a la comunidad  dueña originaria de Wuautta, o San Sebastián Teponahuaxtlán. Reconocimiento a la valentía y prudencia de Agustín del Castillo y otros reporteros. No hay despojo al que despojó.

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