"Gasolinazo" IV

Adiós a un mexicano patriota:

don Salvador Caro Curiel


“Esto no se acaba hasta que se acaba” solía repetir un reconocido comentarista deportivo del siglo pasado. Parece que viene a cuento porque el profundo y extendido malestar ciudadano por el gasolinazo no sólo no se amaina, sino que por lo contrario crece y se ahonda a medida que los núcleos urbanos de clase media van enterándose de las causas y raíces de la catastrófica situación que viven la economía nacional y las finanzas federales petrolizadas.

Eso, a pesar de las fútiles ocurrencias de dirigentes políticos aquí que pretenden desviar el grave tema nacional a hojarascas comarcales, que muy poco tienen que ver con el derrumbe nacional en el que estamos hundidos.

Como ocurrió este domingo en Jalisco, cuando supuestos dirigentes parapartidarios pretendieron desviar la ira popular por el agravio federal hacia instancias municipales como si fueran el origen de su repudio. El clamor de la masa popular lo impidió. La gente coreó: ¡Federal!, ¡Federal! y nuevamente el estribillo reiterado: ¡Fuera Peña!

Resulta contra toda lógica que frente a la rabia por la torpeza fiscal de la Federación, se pretenda torcer el reclamo ciudadano hacia el impuesto predial, que es notoriamente progresivo y casi único para los municipios.

Lo que va quedando cada vez más claro es la inevitable necesidad de retomar o de emprender un nuevo modo de inserción digna de México en la economía global, ante las nuevas circunstancias de México en América del Norte.

“La rabia cederá. Quedará más limpia” dijo Mario Benedetti.

Los pueblos se levantan contra los atropellos del poder público. En los Estados Unidos 2 millones de personas en 60 ciudades marcharon contra los peligrosos desvaríos de Donald Trump. Aquí en México la ira ciudadana no cede, haciendo uso de la calle como el último recurso de la democracia: la gente lo sabe.

Van apareciendo ahora testimonios y remembranzas de técnicos mexicanos altamente calificados, y patriotas a carta cabal, cuya autorización para citar sus nombres no ha sido solicitada. Pero que hablan con pleno conocimiento de lo que atestiguan “porque estuvieron ahí”; y sintieron en carne propia el arranque de la gran traición.

Dice el testimonio cómo se torció el rumbo del proyecto de desarrollo nacional en 1982 por “sinrazones políticas”: “al inicio del gobierno de Miguel de la Madrid y continuando con el proyecto de Puertos Industriales de la administración de José López Portillo a cargo de FONDEPORT, dependencia de la SCT, entre los que se encontraban los puertos de altura del lado del Golfo de México: Altamira, Tamaulipas y Coatzacoalcos, Veracruz; y del Pacífico: Salina Cruz, Oax. y Lázaro Cárdenas, Mich. Fue este último sitio donde después del estudio de opciones entre Petacalco, Gro. y Lázaro Cárdenas, Mich. se decidió políticamente por esta última ubicación en el brazo derecho de la desembocadura del Río Balsas”.

Continúa el reporte: “Justo para esa ubicación se desarrolló la ingeniería de proyecto NO sólo de la Refinería del Pacífico con capacidad para procesar 330 mil barriles por día, con dos trenes de 165 mil BPD más sus plantas de tratamiento”.

Explica el detallado informe: “La ingeniería del Proyecto de la Refinería del Pacífico alcanzó el siguiente progreso: para las plantas por el Instituto Mexicano del Petróleo, IMP, quedó prácticamente terminada; el proyecto de integración quedó al 90 por ciento, llegando en ambos casos hasta la edición mecanográfica de las requisiciones y listas de material”.

Importante resulta aclarar en esta columna la enorme importancia que el Instituto Mexicano del Petróleo, fundado por don Jesús Reyes Heroles, llegó a tener en el desarrollo científico y técnico de México; y que también fue después desmantelado por decisión criminal del Gobierno Federal.

La conclusión del informe resulta escalofriante; “Se tenían dos proyectos de plantas de amoníaco de 1,500 TPD (toneladas por día): una ubicada en Lázaro Cárdenas, Michoacán, y la otra en Cd. Camargo, Chih., aunque al final se desistió, por las sinrazones políticas, de los proyectos; y sí, se malbarataron muchas de sus partes y equipos a río revuelto”.

Esta historia continuará, La ira popular también.

Una penúltima consideración: cuando en el seno de las Naciones Unidas se promovió la anulación de la pena de muerte en todos los países, la diplomacia mexicana se vio en la obligación de establecer una salvedad constitucional: la exclusiva de pena de muerte a los traidores a la patria.

P.D. El punto 16 de la Declaración de Principios de la agrupación política estatal, Alianza Ciudadana, registrada en 2011, decía textualmente: “Pemex debe pagar impuestos y derechos como cualquier petrolera del mundo, no ser desangrada para seguir exonerando fiscalmente a los grandes intereses oligárquicos”. Ahora ya nos dijo Peña cómo está la gallina.

www.estebangaraiz.org