La falacia de los números rojos de Pemex

Recientemente, en un reconocido programa de radio sobre la actualidad política de México llamó a cabina una de los radioescuchas para afirmar lisa y llanamente que Pemex operaba siempre con números rojos.

Quizá por lo avanzado del programa, el comentario de la oyente no mereció ninguna reacción ni siquiera de los conductores del programa.

Como el que calla, otorga, quedó como generalmente aceptada entre el público oyente como una realidad, la idea de que Petróleos Mexicanos es un fracaso de la administración pública; y por tanto, resultaba necesario proceder como se ha hecho en el Congreso Federal a privatizar toda, o casi, la operación del hidrocarburo nacional para mayor eficacia en beneficio de los mexicanos.

Mayor eficacia debe ser entendida, según la iniciativa presidencial y las reformas constitucionales y legales ya consumadas, como acelerar la extracción de crudo “que ha venido declinando en los últimos 5 años”, abatiendo rápidamente las reservas no renovables y explotando en crudo para obtener mayores ingresos fiscales. Sin pensar en la necesaria construcción de las 5 refinerías que el país necesita para producir la gasolina y petrolíferos que la movilidad nacional requiere. Así entienden la eficacia: extraer más, gastar más.

Incluso, en esa misma línea oficial del engaño inducido, han aparecido de manera notoriamente orquestada una serie de artículos que en los títulos anuncian una y otra vez las “pérdidas” de Pemex en los trimestres recientes, aunque después en el texto, entre líneas tengan necesidad de aclarar que se refieren a los estados contables “después de la carga fiscal”.

En efecto durante los decenios del neoliberalismo en el poder real y en el político (al margen de alternancias partidarias con la misma línea de acción) el modo de operación respecto de Pemex ha sido: a) abandonar el criterio rector de que la actividad petrolera sea la base estructural del desarrollo nacional sustentable y equitativo; b) manejar la empresa nacional sólo con propósitos fiscales para que aporte al Presupuesto federal hasta casi la mitad de los ingresos del gobierno; y c) someterla, para ello, a la férrea administración de la Secretaría de Hacienda abandonando así la rectoría productiva de la Secretaría de Energía y la propia industrialización autónoma con bases propias.

Este viraje ha significado, a su vez, dos cambios fundamentales en la marcha de Pemex: el financiero y el operativo industrial.

En el ámbito financiero: para la empresa más rentable del país y de las petroleras más rentables del mundo, un costo de extracción de menos de 7 dólares por barril y precios en la competencia internacional abierta que en los tres últimos años 2011-2013 han rebasado los 100 dólares por cada barril, la aberrante administración de Hacienda ha significado un sangrado fiscal superior a sus fabulosos ingresos brutos. Sólo en los dos últimos años obtuvo resultados favorables conjuntos por 1 millón de millones más 767 mil millones de pesos; y Hacienda le arrebató 1 millón de millones más 971 mil millones de pesos.

Por supuesto, entonces, en ambos casos Pemex quedó humillado contablemente con números rojos en el bienio por 204 mil millones de pesos. Que además dejarán a la ahora “empresa productiva” (como si no fuera) sin los recursos para seguir operando y obligándola a endeudarse.

Parte integrante del despojo hacendario de la empresa nacional es haberse llevado incluso el fondeo, o sea las reservas contables del dinero aportado por los trabajadores para su retiro: el ya famoso pasivo laboral; que pertenece a ellos, que ya se lo ganaron con su trabajo y pago descontado.

Activos son los bienes que uno tiene. Pasivos son los que tiene que pagar. Los activos menos los pasivos son el verdadero patrimonio de una persona, familia, empresa o institución. El pasivo laboral corresponde a lo que una empresa deberá pagar a sus trabajadores jubilados, para lo cual les descontó de su salario durante toda su vida laboral. Pemex como cualquier empresa, debió crear el fondo de reserva con esos descuentos.

El problema de Pemex es que Hacienda le quita todo y más: la han venido obligando a endeudarse con “pidiregas” (o sea proyectos de inversión diferidos en el registro del gasto), pero no quiere que aparezca como deuda pública.

Hacienda ha saqueado a Pemex durante 30 años y se ha llevado todo, hasta el fondo de reservas descontadas a los trabajadores y que deben ser para cubrir el pasivo laboral.

Así que no es que la Secretaría de Hacienda asuma el pasivo. Tiene que devolverlo. Es otra falacia más para dar la imagen pública de que una empresa pública es ineficiente y hay que privatizarla; de que es un monopolio, como si no compitiera y vendiera en el mercado internacional abierto.

 

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