El derrumbe del precio del crudo y el terror de Hacienda

Están muertos de miedo. Están en pánico. Desde 1976 hicieron a un lado el propósito central de la Expropiación Petrolera de 1938, cuando el entonces Presidente Lázaro Cárdenas, de cara a la Nación, por radio hizo saber a los mexicanos que tal trascendental y arriesgada decisión tenía un propósito central: que el patrimonio natural energético fuera, a partir de ese momento, la base y sustento del desarrollo industrial, económico y social de la convivencia mexicana.

Estos señores que están ahora al frente del gobierno han desvirtuado totalmente está orientación central de la vida de la República y han reducido el patrimonio energético a la categoría de complemento presupuestal.

Peor aún: A pesar de todos los indicios que hacían prever la baja coyuntural (en tanto la economía mundial no recupere su rumbo y su ritmo, lo cual puede representar varios años) en el precio internacional de los diferentes tipos de crudo disponibles en mercado global, ellos se empeñaron en que el inevitable agotamiento de nuestro patrimonio sirviera para compensar la notoria incompetencia para tener una recaudación que sea progresiva, redistributiva y eficaz, como marcan los criterios de aceptación universal.

Es mundialmente conocida la incompetencia fiscal mexicana. Una de las 15 economías de mayor tamaño del planeta no logra recaudar de sus actores en el mercado más del 11 por ciento, cuando más de cuarenta economías nacionales obtienen en promedio ingresos fiscales superiores a 38 por ciento de su producto nacional; y las 10 con mayor nivel de bienestar general recaudan cerca de la mitad del PIB.

Aquí los gobernantes mexicanos redondean sus ingresos fiscales acabándose el patrimonio heredado; y que no dejarán en herencia a la próxima generación. Se lo gastan. Ni siquiera tienen la voluntad política para garantizar la autonomía del combustible indispensable para la movilidad nacional.

Importamos ahora la mitad de la gasolina que usamos. Nos acaban de notificar (no por la televisión abierta) que la construcción de la refinería de Tula, Hidalgo, concertada en 2008, hace 6 años, ya no se llevará a cabo, “porque no es negocio”, y porque “no hay recursos”, cuando todo mundo sabe que del mismo cuero salen las correas.

Aquí los ricos ricos no pagan impuestos. Son los 42 grandes consorcios empresariales, sobre lo que año con año advierte la Auditoría Superior de la Federación, con los ya famosos “regímenes especiales de consolidación fiscal”: Cientos de miles de millones de pesos eludidos, o sea evadidos legalmente gracias a los recovecos legales cuidadosamente preparados para ello. Que Videgaray ha confesado no poder eliminar, ya se sabe por qué.

Ahora, hasta el imperturbable doctor Carstens, gobernador del Banco de México y ex secretario de Hacienda, deja entrever su nerviosismo y declara revolviendo la baja en el precio del crudo con los gasolinazos que nos vienen asestando y con la inocultable consecuencia en el índice de inflación (que es su tarea).

En este mismo espacio, en la columna del martes 5 de noviembre de 2013, decíamos: “Si en los próximos años habrá sobreabundancia de producción de crudo en el mundo, es razón de más para que México extraiga sólo lo que esté en capacidad (instalada) de procesar y refinar; y refine todo lo que extraiga de crudo”.

Ahora, después de tres años: 2011, 12 y 13, con la mezcla mexicana a un precio internacional ligeramente arriba de los 100 dólares por barril (con costo de producción bajo de 7 dólares por barril, y un precio promedio en lo que va del año (enero-septiembre) de 94 dólares, en estos días la cotización internacional se desplomó y el pánico cunde en los ámbitos de la madrasta Hacienda. Esta semana ha quedado por los 77 dólares.

Quedan ya lejanos los años de 1976-82 cuando el entonces presidente José López Portillo nos anunció que íbamos a tener que “administrar la abundancia”; y cuando Pemex y su director Jorge Díaz Serrano fueron acusados de “esquiroles” por los dirigentes de la OPEP por haber surtido las reservas de los Estados Unidos y haber así hundido el precio internacional del crudo.

Ahí comenzó a torcer el rumbo el proyecto nacional. Después de 40 años de desarrollo autónomo, con crecimiento anual promedio superior al 6 por ciento sin exportar petróleo en crudo; y sí exportar fertilizantes.

Dice Carstens: “Tenemos una larga historia en México de volatilidad en precios (del petróleo). Hay diferentes instrumentos que se han ido creando, como los fondos de estabilización y la posibilidad de coberturas” (contratadas como seguros comprados por la secretaría).

Para los doctores Carstens y Videgaray el petróleo se reduce a un asunto financiero. No de producción y desarrollo nacional.

 

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