A botepronto

Todo es, hoy por hoy, preliminar. Pero en Jalisco es un preliminar naranja: arrolladoramente naranja. La rebelión cívica nacional está empezando en Jalisco. También en otros focos nacionales y con otras características.

La política, o sea la civilidad, es esencialmente la capacidad de lograr acuerdos para la sana convivencia. La competitividad es un mal necesario en la democracia. Debidamente acotada, la competitividad cumple su papel. La ley le fija en nuestro país dos meses cada tres años: lo demás debe ser búsqueda de acuerdos.

En las democracias avanzadas, las que de verdad responden a los pueblos soberanos, la concertación y los consensos dejan atrás la competencia. Ha llegado, en el país y en Jalisco, la hora de la conciliación y de los acuerdos funcionales.

En el caso estatal, los nuevos gobiernos municipales deben obligadamente empezar de inmediato, al margen incluso de formalidades de tiempo, los acercamientos necesarios con el nivel estatal y el federal, o sea: con gobiernos de distinto signo partidario.

Máxime en un sistema fiscal perverso de carácter “federal”, donde el poder político teóricamente se constituye desde abajo, pero la realidad de las finanzas públicas se manipula desde arriba.

Ese acercamiento funcional a favor de los gobernados ha sido el éxito de la administración municipal de ese fenómeno demográfico llamado Tlajomulco. Relación funcional, de enorme talento político, que a la hora de la ríspida competitividad llena de animosidades, fue vista como contubernio.

Ha resultado ser un “contubernio” imprescindible para la articulación elemental de un nuevo conglomerado humano de más de medio millón de personas, que tiene que lograr las bases urbanas que otros conglomerados han asentado en otras latitudes durante más de quinientos años, como es el caso de las ciudades europeas.

Más todavía si tomamos en cuenta que varios de los elementos centrales de esa articulación urbana rebasan las atribuciones constitucionales del gobierno municipal, sean las establecidas en el artículo 115 de la Constitución, o sean las que en los hechos están respaldadas con los recursos financieros necesarios. Como es evidente en el caso de la vialidad, incluida la red (ideal) del tren metropolitano, la red del abasto y tratamiento de aguas o las instalaciones escolares y de salud.

Es evidente que, en el cumplimiento estricto de los derechos de los pobladores, cualquier gobierno municipal electo debe iniciar de inmediato los acercamientos con las autoridades constituidas del nivel estatal y federal para lograr esa relación funcional por el bien de todos. Absurdo será llamar contubernio a esa obligada relación.

Porque también (a la “visconversa”, dicen en el rancho) las autoridades constituidas de los niveles estatal y federal deberán estar prontas a esa relación funcional a favor del pueblo gobernado. Ahí es donde la dirigencia política nacional tendrá que tomar las medidas de raíz que garanticen la gobernabilidad de la Nación.

Más aun en la coyuntura de las fuertes turbulencias en otras entidades de la geografía social del país, como pueden ser Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Chiapas, Tamaulipas o Nuevo León, cada una con sus circunstancias propias.

También en la esfera legislativa llegan cambios de consideración. No podemos soslayar en ningún momento que en el ámbito legislativo opera el sistema binario: los dictámenes se votan en el pleno a favor o en contra.  Las abstenciones, en la práctica, siempre tienen resultados para uno de los dos lados.

Eso nos lleva a recordar que en el México de hoy no hay más que dos proyectos políticos nacionales: el inconcluso de la Revolución Mexicana (en algunos casos en reversa) y el enmarcado en el llamado Consenso de Washington, o sea: el neoliberal impuesto desde 1982.

En ese mundo dicotómico tendrán que operar los nuevos legisladores electos, tanto los que se desempeñen en el Congreso del Estado, como los que se integren a la nueva Legislatura de la Cámara de Diputados del Congreso Federal.

De ahí la urgencia y necesidad de que asuman con todo profesionalismo las tareas previas en las comisiones para la construcción de los consensos que se incorporen a cada dictamen que presentarán al pleno para su decisión binaria: a favor o en contra.

Con agudeza preguntan los reporteros si el nuevo grupo político no se corromperá en el poder como se corrompió el PAN. La respuesta puede estar en uno de los logros de Tlajomulco: la transparencia. Donde entra la luz, se van las ratas.

P.D. En Tlaquepaque mujeres al gobierno, al rescate de los hogares.  

 

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