Antonio Solá y la delincuencia electoral

No hay en todo el país (y este es un reto a nivel nacional) un solo actuario profesional que crea científicamente en la posibilidad real de los resultados electorales oficiales de 2006 y de 2012 para la Presidencia de la República, tal como fueron presentados por el IFE casilla por casilla.

No es lloriqueo pasado. Es pensar a futuro inmediato con las experiencias vividas. Es también simplemente tomar en cuenta que, a vistas del próximo año 2018, no hay precandidata o precandidato que no tenga un pasado público, que debe ser observado para aprender y decidir.

Porque el no tener pasado público sería también un dato a tomarse en cuenta: como es la carencia de probada garantía para gobernar.

Puede parecer también hasta romántico que, además de promover la alternancia como sinónimo de democracia (aunque la experiencia nos dice lo catastrófico que ha resultado en el México del siglo XXI) pensáramos también en la posibilidad de que una mujer gobernara la Republica.

Hay responsabilidades éticas y políticas que pesan sobre las personas. Pueden ser graves, y algunas lo son, por comisión o por omisión. Hay complicidades políticas muy graves por omisión directa.

Habrá abogados de mente decimonónica que replicarán que la responsabilidad penal se circunscribe a la persona. No se trata de eso. Aquí se trata de atributos probados para ocupar la tarea de gobierno (por mandato electoral) más alta del país.

Porque el Pacto Nacional es explícito: El Poder Ejecutivo Federal se deposita en un solo individuo, denominado Presidente de la República. Quien quiera que aspire a tan alta encomienda debe mostrar a los soberanos electores que ha probado su capacidad de buen gobierno, en los hechos, en favor de todos los ciudadanos y habitantes.

Si, por ejemplo, encuestas varias apuntan a una cierta preferencia de electores nacionales hacia quien ya gobernó el Distrito Federal durante 5 años: de 2000 a 2005, la sensatez indica que resultará útil para tomar nuestra próxima decisión individual en la soledad de la mampara electoral, el haberse informado de boca de quienes fueron gobernados en la capital de la República en ese entonces. Más allá de bicicletas caídas y muros derrumbados en la televisión sobre  el “peligro para México”.

Porque ya hizo de nuevo aparición en público un funesto personaje, catalán de origen, que obtuvo la nacionalidad mexicana, saltando todos los trámites establecidos, a los 5 días de iniciado el periodo presidencial de Felipe Calderón Hinojosa: el 05 de diciembre de 2006. Se llama Antonio Solá. La decisión política de conceder la nacionalidad sin haber reunido los requisitos sólo la pudo tomar el Titular del Poder Ejecutivo.

Antonio Solá se ha aparecido ahora, según las notas de prensa, con personajes de la política nacional a los que algunos medios de comunicación les han atribuido la búsqueda de una “tercera vía”.

No hay tercera vía para México. Sólo hay dos opciones reales. Lo demás será sólo ruido y pirotecnia: que todo cambie para que todo quede igual, gatopardismo puro.

La opción de más de lo mismo, o sea el continuismo PRI-AN, disfrazado de alternancia, ya descubrió hasta a los desinformados, su cara desastrosa con el gasolinazo, descaradamente atribuido a “factores externos”, pero que no es más que la última flor envenenada de 35 años de despojo del patrimonio energético nacional, que era de nuestros hijos y nietos

En cuanto a las dos figuras femeninas que aparecen como la opción fresca para la vida republicana, una de ellas se descartó sola al verse obligada a hacer públicas sus obscenos ingresos “profesionales”, evidentemente de origen público (o corrupto originalmente público) en repugnante contradicción de los principios republicanos de honrada medianía.

La segunda tiene además una carga responsable de complicidad y omisión complaciente con la decisión criminal, con dinámica de guerra civil, que ha originado más de 200 mil homicidios; cadáveres de mexicanos en fosas anónimas, inseguridad personal generalizada por toda la geografía nacional.

Todo esto anticipado de una manipulación del listado nominal de electores. No hay quien pueda creer que se trata de una opción fresca. Mucho menos que serán políticas públicas diferentes a las aplicadas en los 35 años desde 1982. Por muy femenina y con rebozo que se presente.

No se sorprendan los ciudadanos si entre las opciones gatopardistas que intente la oligarquía priánica aparece algún candidato “independiente”, ya que vieron desfondados sus dos escudos; o alguno presentado como “izquierda moderna moderada”. Nadie que provenga del Pacto por México, puede ser ahora una alternativa al derrumbe ocasionado con olor a gasolina.

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