Vamos a ver

Por sus frutos los conoceréis”. El grupo Tlajomulco, jefaturado por Enrique Alfaro, que tan rotundo triunfo electoral obtuvo este pasado 7 de junio compitiendo al presentarse con el escudo del Partido Movimiento Ciudadano, ha asumido una importante responsabilidad ante la ciudadanía jalisciense.

Para su éxito ha contado con dos elementos claramente complementarios: el repudio y la esperanza. El repudio tanto a la pésima actuación del PAN desde 1995, que se corrompió, precipitadamente desde sus valores que tanto habían atraído a sectores importantes de la población; como en estos escasos tres años del PRI, que retornó con sus viejas mañas de control y opresión acrecentadas; y además la entreguista actuación del gobierno federal en materia laboral, energética y educativa, con apoyo legislativo de ambos PRI y PAN, más las pequeñas comparsas. También del Congreso de Jalisco.

La esperanza se ha sustentado en hechos: un modo de gobierno desde 2010 en Tlajomulco, territorio de avalancha demográfica que ha quintuplicado su población inmigrada en 15 años, a causa de programas federales irresponsables y voracidad constructora.

Hay un amplio consenso en el convencimiento de que MC Jalisco era y es la única fuerza política organizada capaz de sacar al PRI corrupto del gobierno. Se ha confirmado con creces. Pero luego llega el pero.

Hasta esta columna han llegado persistentes y diversas inquietudes de ciudadanos que afirman haber votado por MC y ahora se preguntan y nos preguntan ¿no será éste un nuevo gatopardismo que todo lo cambie para que todo quede igual? ¿No se corromperá MC como el régimen opresivo y dominador priista, que perdió hace tiempo su carácter revolucionario? ¿O como la rápida descomposición panista que traicionó todos sus principios doctrinarios de honestidad y decencia, aplicando las mismísimas políticas neoliberales de Salinas y compañía?

MC Jalisco cuenta con una vacuna esencial: la transparencia (casualmente en estos días varios portales electrónicos de municipios metropolitanos están “caídos”; y la espontánea interpretación de los consultantes es que “andan limpiando el cochinero”).

La transparencia en todas las acciones de gobierno, junto con la revocación de mandato (prevista desde 1814 en la Constitución de Apatzingán por el genio republicano de José María Morelos) son dos instrumentos de enorme eficacia (aunque la segunda no está todavía incorporada al cuerpo legal) para prevenir y combatir la descomposición política de quienes reciban el mandato de los ciudadanos y se mareen despegándose de sus mandantes. Por lo contrario, debe imperar la consigna proclamada en campaña: “si el pueblo pone, el pueblo quita”.

Una vez más: donde entra la luz, se van las ratas. Si Tlajomulco ha sido el municipio primero en transparencia en el país, desde el desastre encontrado en 2009, ahora será necesario multiplicar equipos técnicos de atención a las solicitudes ciudadanas de información en los nuevos ayuntamientos; y, por supuesto, refrendar y hacer eficaz la voluntad política de los nuevos dirigentes municipales para que toda acción de gobierno quede a la vista de los gobernados que les entregaron el mandato.

Será necesario incorporar a la administración pública de los nuevos ayuntamientos a nuevos cuadros profesionales con vocación de servicio público y eficacia probada, especialistas en programación a mediano plazo, urbanismo, presupuesto público, seguridad pública preventiva y de combate al crimen, empresas familiares, convivencia barrial, mejoramiento urbano, manejo de cuerpos colegiados, agua, movilidad.

Convocarlos directamente, sin formalidades institucionales que confunden la eficacia en el servicio público con la rentabilidad empresarial (caso frecuente en Jalisco). En el caso de mujeres romper el círculo vicioso de exigir trayectoria.

Desde la sociedad civil sin cargo público deberá fortalecerse y ahondarse la vigilancia, a través de instrumentos cívicos como CIMTRA, integrados por instancias de respeto.

Por lo que toca al Poder Legislativo, en el nivel federal como en el estatal, también vamos a ver: quién vota a favor y quién vota en contra.

Porque al entreguista titular del Poder Ejecutivo federal le faltan todavía cumplir en los años que le quedan dos importantes tareas de las dictadas por el Imperio: la privatización del agua y la del campo; y en ambos habrá fuerte resistencia de los “trasnochados” nacionalistas. A favor o en contra: vamos a ver quiénes, tanto en el Congreso de la Unión como en el del Estado. Ya lo vimos en la energética. También veremos de qué lado votan los independientes.

Porque entre las previsiones del poder oligárquico, siempre previsor, para el 2018, el Plan C es “la izquierda moderna”. Atentos.

 

www.estebangaraiz.org